No quiero quedarme a ver como te vas, como destruyes en un pestañeo toda la magia que tus ojos han creado en estas cuatro paredes que laten cuando escuchan tu voz.
Al final, son tantos los finales, que ya no recuerdo como olían los principios. Al final no he dejado que nadie entrara en mi pequeño y tranquilo rinconcito de soledad. Sé que es el miedo a volver a los infiernos, el que nunca me dejará tener nada, pero ya no hay vuelta atrás.
Todo el mundo necesita una rutina para mantener su estabilidad y yo me he acostumbrado a la invisibilidad, a irme antes de que la vida me obligue a hacerlo, a mirar más al suelo que al cielo y a entender que nunca seré capaz de amar sino soy capaz de confiar.
No me interesa tu amor, pero me dan miedo las despedidas, el tiempo perdido y el arrepentimiento.
He cambiado tantas veces de dirección sin que a nadie le haya importado lo más mínimo, que ahora que llegas tú llenando con tu luz todos mis cuartos sin ventanas, temo no saber como comportarme para no ensuciarte con toda esta oscuridad.
Yo, callando siempre a gritos. Contaminándolo todo con esta mierda que solo podía ser humana.
Te ahorro la réplica que veo venir y me voy porque te quiero.
(" Y resulta que te quiero. Total. Parcial. Te quiero. Total. General. Te amo.")
Sé que quedarse es ir demasiado lejos pero como dice Diego: "Me he ido ya de tantos sitios, corazón, que a veces preferiría estar muerto y alquilarme un piso sin ventanas en los dos interrogantes de tus ojos."