sábado, 29 de agosto de 2015

Si me das a elegir

Nos impusieron marcharnos, pero nadie jamás trató de enseñarnos cual era el camino de vuelta a la ilusión. Ese que perdimos una de esas noches en las que cualquier cama es mejor que la nuestra y cualquier amor podría ser el verdadero. A fin de cuentas, si el amor hay que crearlo, a nosotros no nos han faltado las ganas ni los abrazos, pero sí los cojones, y desde luego, la paciencia. Quizás nos faltó la certeza de que estaba en nuestra mano construír bases sólidas a prueba de odios, rencores, terceras personas, noches de sábado, ganas, miedo y contradicciones. Construímos un amor basado en incomprensión y en un deseo absoluto de que todos los pasos de nuestra vida nos llevaran a acabar mirándonos a los ojos, uno de estos días, uno de tantos años. Un amor basado en "todo vale", en dame la mano y ayúdame a salir de esto, en "te quiero pero nadie puede obviar que el resto del planeta sigue sufriendo, y siendo así, mi amor no cumple ninguna función social". Fabricamos una relación lejos de la sabiduría popular y de los consejos de nuestra gente, un intento frustrado de convertir el amor en amistad y la amistad en amor, etiquetando todo, borrándole la esencia, eliminando los detalles, matándolo.

Yo te regalo todo lo que tengo, si tú me das lo que no soy capaz de conseguir. Yo volveré a por tí, si vuelves tú a por mí. Te querré si me quieres también. Te cuidaré si me cubres con tus brazos en estas frías noches de libros y tabaco. Te esperaré si me esperas tú también.

Amor, el miedo me ha hecho olvidar que el amor nada pide y nada espera. Amor, tu cariño me ha hecho detestar esta soledad que tanto amé, tan llena de tí, y vacía de mí. Amor, solo tus ojos pueden salvar el mundo.

Nos enseñaron a huir, pero nadie nos enseñó como quedarse, permanecer, existir. Sabemos mentir pero nunca hemos dicho una sola verdad. Llegamos a tiempo a todas partes, menos a nuestra vida. Nos queremos pero somos demasiado escépticos para creer que algo de esto es real.


Dame a elegir, que yo me quedo contigo.

Todos los días de mi vida.



domingo, 23 de agosto de 2015

No retorno.

Todos necesitamos llegar al punto de no retorno para poder abandonar la lucha; para quizás, olvidar de una vez por todas, el camino de vuelta; para ser capaces nuevamente de perdernos dentro de nosotros mismos, sin necesidad de que nadie trate de convencernos de que no estamos solos, en esos momento en los que solo sentimos vacío y desesperanza.

García Márquez dijo que no hay peor forma de extrañar a alguien que estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener. Era una niña cuando leí por vez primera esa frase, y recuerdo perfectamente haber sentido un escalofrío recorriendo mi espalda al pensar en lo horrible que tenía que ser la vida viendo como tu persona, crece a tu lado y tan lejos de tí; como te quiere y se va al mismo tiempo; como te detesta y se queda al mismo tiempo.

Por aquel entonces no imaginaba cuánto. No podía ser consciente del cúmulo de sensaciones que me invadirían cuándo hoy amanezco a tu lado y tus ojos me miran cobardes, astutos; escondiendo, quizás, verdades que mi pobre e insulso ser no logra descifrar, enseñándome un millón de maneras de desahuciar mi amor con amor... y yo que nunca he sabido a donde ir, ahora sé donde me quiero quedar.

Tampoco podía prever que el amor es real en el momento justo en el que quieres abandonar una guerra y no puedes. Estás atado. La vida te ata, tú te atas. Tú me atas. Yo te ato. Yo que nunca creí en las ataduras, vivo atada a la imposibilidad de tu fenómeno. ¿Quién iba a decirle a esa niña que el amor dura dos segundos y el olvido un millón de años?. ¿Quién puede comprender a esta niña que cada vez que te ve se despide de ti?.

Yo no. Ni a ti. Tú no. Ni a ti. Me lo has enseñado tú. Ahora maldigo a quién amo. Ahora vivo de las migajas de un amor que se destruye cada vez que trato de salvarlo del vacío absoluto e intento, intento, intento, encontrar un lugar donde parar a coger aire y descansar, para poder seguir sobreviviendo en  nuestra historia interminable de recuerdos, palabras, momentos, conversaciones, miradas, abrazos, besos paseos, amores... que no valen nada y de tus once minutos de placer chocando de frente contra mis ganas de toda una vida.


¿Como hacer comprender a alguien que quieres una vida entera y no cuatro domingos por la tarde?


Pero tú sigues sin imaginar que cada vez que te veo, me despido de ti ... para siempre.










miércoles, 19 de agosto de 2015

Cuando vuelvas tú también

Te quiero en un punto del presente en el que ya no me asusta mi manera de querer(te), en un punto del pasado en el que no necesito justificar mi amor por tí y en un punto del futuro en el que ya no me avergüenza decirte que "el resto de mi vida, si tú quieres.".

Te espero el día que sea, a la hora que sea, con razón o sin ella, con los ojos llenos de esa ilusión que solo tu nombre podría provocarme. Con esa única frase que demuestra lo poco que me importa esperarte el resto de mis días, si al final tú vienes y llenas de mar todos mis rincones.

Te deseo como quién ha aprendido que follar sin amor es tan complicado como hacerlo con demasiado amor, pero mucho más insustancial. Entero y en trozos, en cualquier momento y sin previo aviso. Busco tu olor en todas las personas que duermen a mi lado pero jamás he logrado encontrar nada que se asemeje al aroma de tu cuello por las mañanas, a la vida en tu barriga por las noches, a la comodidad de tu pecho, al aletear de tus pestañas y las muecas de tu boca por las tardes.

Te extraño como solo se extraña todo aquello que sabes que nunca conseguirás alcanzar pero aún así no puedes dejar de anhelar, como los amantes cuando se despiden en el aeropuerto, como las familias en la habitación de un hospital, como todo aquello que tuve la suerte de conocer y jamás podré volver a vivir, como quién mira una foto y no es capaz de reconocerse en ella, pero ve la felicidad en sus ojos.

Te cuido todos los días de mi vida y ya no exigo nada a cambio. La suerte de mi amor es sentirlo. La suerte de mi vida es haberte conocido. Te cuido como cuidas a tu madre, a tus hijos, a esa guitarra que lleva años cogiendo polvo en tu habitación, a tu libro favorito y a todos esos sueños que llevas tatuados en la piel; con distancia pero sin olvidar nunca que ese es tu camino y que por muchos otros caminos que aparezcan, ese siempre será el tuyo.

Te quiero, te espero, te deseo, te cuido, aunque te dé igual, aunque no vuelvas a verme.

Y mientras tanto, te escucho y todo nuestro mundo se llena de una ternura tan abrumadora, que ya no necesito que me toques para sentir todos tus dedos recorriendo mi piel.


Quizás sólo tu voz al otro lado es capaz de calmar todo este miedo que viaja conmigo.

Quizás vuelva... cuando vuelvas tú también.





"No me dio la gana de cerrar la herida y la esperé."









sábado, 8 de agosto de 2015

¿Cuántos abrazos te di?

¿Cuántos abrazos te di? ¿Cuántas veces me dormí muerta de puro cansancio entre tus brazos largos y huesudos? ¿Quién decide cuándo una historia debe terminar? ¿Cuáles son esos criterios que justifican que dos almas que se dan tanto calor tengan que separarse? ¿Cuándo fue la última vez que tocaste el corazón de alguien sin tocarle el cuerpo? ¿Cuántas noches has cenado solo mirando sin pestañear mi lugar en la mesa? ¿Cuántas personas han matado al amor durmiendo en mi lado de tu cama? ¿Cuándo fue la última vez que te hiciste un ovillo herido en los brazos de alguien? ¿ Quién es ahora? ¿Quién eres ahora? ¿Quién soy?

Lo pienso y no me salen las cuentas. Me faltan abrazos. Me sobran días. Cuento y recuento todas las veces que la vida me ha devuelto lo que yo le di y no me salen las cuentas. La vida tiene más deudas conmigo que yo con tu espalda. Tú tienes más deudas conmigo que yo con el amor. Venga, llama a mi puerta de una vez y devuélveme el calor. Me estoy quedando helada. Helada y sola. Hoy es sábado. No deberíamos estar hablando de esto. Las penas son para los domingos por la mañana. Pero desde que me debes tantas cosas, no hay un sólo día que no sienta mis piernas flojear del miedo de que ya nunca más. Nunca nada más. Tu cara linda ya nunca más. Elegir un camino ya nunca más. Acabaremos atropellándonos a nosotros mismos por no saber que dirección tomar. Ya no quiero más baldosas amarillas, mi amor. Te quiero a tí, cerca de mí, protegiéndome del frío verano cuando fuera no hay nada que te cure de ti mismo, cuando evadirse en otro cuerpo es la única forma de seguir vivo, cuando el sexo es pobreza porque está tan lejos de unos ojos que te miran como si fueses magia. Cúrame el frío de este verano y olvida todo lo que te han enseñado. Quiéreme como si jamás fuésemos a volver a vernos, porque probablemente jamás volvamos a vernos. Quítame la ropa y muérdeme los labios con el dolor de quién lleva toda su vida deseando escapar de sí mismo. Házme sangre. Házme polvo. Házme el único daño que un humano debería hacerle a otro, el de la piel contra la piel.
Deja de terminar todo. Déjame terminar todo. Mis días son tan largos y absurdos como tus noches. Mis certezas desenvocan en dudas, como las tuyas. Mis ojos son tan tristes como los tuyos. Por eso te quiero, amor roto. Arráncame el alma y luego tírala al suelo sin tanto pudor. Te quiero libre. Te quiero salvaje. Te quiero eterno. Sé tú en mí. Al menos, sé tú en mí. Conmigo.

Por lo menos, devuélveme lo que yo te he dado. Vamos despacio, lento y construyamos algo que deje de romperse en mil pedazos cada vez que lo tocamos. Avancemos lejos de esta zona de pseudo-confort tan cómoda como aburrida y rompámonos el corazón hasta que lo único que nos quede por decirnos sea "Gracias. Me equivocaría otra vez.".


Házme polvo con tus manos y guarda tus palabras para quién confíe en ellas, para quién crea en la pobreza de las cosas que nunca te dije, para quién nunca haya conseguido hacer del mundo un lugar más amable y menos raro, solo con cogerte de la mano y perderse en tus ojos, como quién se sumerge en el mar y todo pasa... y todo vuelve.

Y yo aún no sé cuántos abrazos te dí. Pero he conseguido llevar las cuentas de todos los que me debes.



eres
eso.