Te quiero en un punto del presente en el que ya no me asusta mi manera de querer(te), en un punto del pasado en el que no necesito justificar mi amor por tí y en un punto del futuro en el que ya no me avergüenza decirte que "el resto de mi vida, si tú quieres.".
Te espero el día que sea, a la hora que sea, con razón o sin ella, con los ojos llenos de esa ilusión que solo tu nombre podría provocarme. Con esa única frase que demuestra lo poco que me importa esperarte el resto de mis días, si al final tú vienes y llenas de mar todos mis rincones.
Te deseo como quién ha aprendido que follar sin amor es tan complicado como hacerlo con demasiado amor, pero mucho más insustancial. Entero y en trozos, en cualquier momento y sin previo aviso. Busco tu olor en todas las personas que duermen a mi lado pero jamás he logrado encontrar nada que se asemeje al aroma de tu cuello por las mañanas, a la vida en tu barriga por las noches, a la comodidad de tu pecho, al aletear de tus pestañas y las muecas de tu boca por las tardes.
Te extraño como solo se extraña todo aquello que sabes que nunca conseguirás alcanzar pero aún así no puedes dejar de anhelar, como los amantes cuando se despiden en el aeropuerto, como las familias en la habitación de un hospital, como todo aquello que tuve la suerte de conocer y jamás podré volver a vivir, como quién mira una foto y no es capaz de reconocerse en ella, pero ve la felicidad en sus ojos.
Te cuido todos los días de mi vida y ya no exigo nada a cambio. La suerte de mi amor es sentirlo. La suerte de mi vida es haberte conocido. Te cuido como cuidas a tu madre, a tus hijos, a esa guitarra que lleva años cogiendo polvo en tu habitación, a tu libro favorito y a todos esos sueños que llevas tatuados en la piel; con distancia pero sin olvidar nunca que ese es tu camino y que por muchos otros caminos que aparezcan, ese siempre será el tuyo.
Te quiero, te espero, te deseo, te cuido, aunque te dé igual, aunque no vuelvas a verme.
Y mientras tanto, te escucho y todo nuestro mundo se llena de una ternura tan abrumadora, que ya no necesito que me toques para sentir todos tus dedos recorriendo mi piel.
Quizás sólo tu voz al otro lado es capaz de calmar todo este miedo que viaja conmigo.
Quizás vuelva... cuando vuelvas tú también.
"No me dio la gana de cerrar la herida y la esperé."