sábado, 26 de julio de 2014

Acostumbrarse a la oscuridad

Es en esos momentos en los que soy consciente de que todas las personas que me rodean son basura inmunda, cuando te recuerdo, y te echo de menos. Te echo de menos con todo mi corazón. Aquí, en mi casa, no hay nadie desde que tú no estás, porque mi casa estaba donde estabas tú y aún no he encontrado mi lugar.

Pero no te engañes, tú también eres basura. Tú tampoco vales tanta pena. Sólo es que en tus brazos, un día, hace muchos años, encontré un poco de soporte, un poco de luz, un poco de paz. Y ahora no hay nada. No he vuelto a estar en paz. No he vuelto a confiar en nadie. Si el mundo me falla me quedo sola, sola de verdad. No hay nadie a quién enviar un mensaje, nadie a quien llamar, nadie por las calles, nadie que me mire a los ojos y me diga "todo va a salir bien". Aunque sea mentira. Aunque todo sea inútil. Aunque ya no me crea nada de nadie. Nostalgia, quizás. Miedo, seguramente. Siempre dejo que el miedo decida por mí.

Puede que sea la persona más cobarde sobre la faz de la tierra. Puede que mi victimismo se apodere de mi y no me deje ver más allá de él. Puede... Puede que sólo sea una mujer que necesita a alguien que la abrace, alguien en quien creer, alguien en quien poder confiar, alguien que me entienda. Tengo miedo de no poder acostumbrarme nunca a la oscuridad. También temo acostumbrarme a ella, sumergirme en ella y no ser capaz de salir jamás.

 ¿Y si esto es todo lo que voy a conocer jamás? ¿Y si realmente no hay nada más? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que mis heridas empiecen a cicatrizar? ¿En que frío lugar se han quedado mis sueños? ¿Qué más puedo hacer para cambiar todo esto? Por favor, no cerréis la puerta. No dejéis de hablarme. Por favor, mentidme, engañadme, jugad conmigo. No tengáis piedad. Por favor, ayudadme a acostumbrarme a la oscuridad.

Me he prometido no escribir siempre tan triste, pero siempre lo ensucio todo. Nunca aprendo nada. Por favor, no dejéis que aprenda nunca nada. Cuando uno empieza a aprender, empieza a morir. No quiero ver normalidad en toda esta basura. No quiero acostumbrarme a la oscuridad. ¿Qué es lo que quiero?

Desde que tú me malquerías nadie ha vuelto a malquererme. Nadie ha vuelto a quererme. Y nada odio más que este echarte de menos cuando todo va mal, cuando dan las diez, es sábado y todo se derrumba a mi alrededor. Menos tú. Tú nunca te derrumbas. Tú nunca morirás. Estás en todo. Tú eres todo. Me voy porque te quiero. Joder, te quiero. Aún. Aunque la gente no entienda nunca nada. Ni tú. Ni yo. Nadie. Sólo mi corazón sabe lo que nos ha costado convertirte en nostalgia, en recuerdo. Y tú, sigues matándome con tu silencio de gritos. Nunca te vas. Nunca me abandonas. Eres la herida que nunca se cura.

Escribir para salir con vida. Caras grises. Gente de mierda. Mierda de gente. Nadie va a cambiar. Volverse loco es fácil. Iros todos a tomar por culo.


¿Donde estarás? ¿Dónde te has quedado?




"No tienes ni idea de lo que ha sido para mí recoger todos los pedazos de mis sueños rotos."


"Préstame tú, tu claridad, antes de que llegue la oscuridad."













jueves, 24 de julio de 2014

La escoria de la tierra

"Somos lo más bajo de entre lo más bajo, la escoria de la puta tierra, la basura más servil, miserable y más patética jamás salida del culo de la civilización."
Trainspotting.


Después de mucho buscar una definición adecuada de la raza humana, recordé la película Trainspotting y ya no tuve que buscar más. Somos escoria. Mentimos continuamente, somos egoístas y crueles. Sólo pensamos en nosotros mismos. El beneficio propio siempre está por encima del ajeno. No servimos para convivir en sociedad. La solidaridad es un cuento chino. Todo lo que un humano hace por los demás es para sentirse bien consigo mismo. Buscamos víctima para repetir asesinato. No nos importan los sentimientos ajenos y mucho menos si esos sentimientos nos hacen sentirnos culpables. No soportamos la culpabilidad. Es más fácil mirar para otro lado, esconderse en litros de alcohol y drogas varias que asumir que la has jodido, que ya no tiene solución, y que no queda otra que arrepentirse, disculparse y seguir. Las disculpas nunca son verdad. Normalmente sirven para quedar bien, para simular ser algo que no somos, y jamás seremos, para poder dormir tranquilos por las noches.   


Usamos a los demás para satisfacer nuestras necesidades vitales y momentáneas y cuando dejan de cumplir esa función nos deshacemos de ellos y buscamos nuevas víctimas. Hacemos daño. Nos hacen daño. Nos reímos del diferente y juzgamos a los demás sólo por lo que vemos. Jamás pensamos en lo que hay debajo de todo ese envoltorio. Ni lo pensamos, ni nos interesa. La gente vale lo que tiene. No vale lo que es. No importa quien seas ni lo que sueñes. Lo único que importa de tí es que sepas venderte, prostituirte como una vulgar ramera, que rías las gracias, que perdones rápido, que no te tomes nada demasiado en serio, que te hagas el tonto y que trates a los demás como la escoria que realmente son. 



Puede que asumir esta realidad sin anestesia implique morir un poco cada día, pero la verdad siempre nos hará fuertes y libres. Al fin y al cabo, la realidad siempre se impone y es decisión nuestra cerrar los ojos y creernos lo increíble o asumir que la mierda cuanto más la remueves más huele, que las palabras siempre son mentira, y que nadie merece que te creas una sola palabra de lo que te dice.







Pierdes la fe. Cualquier esperanza es vana y no sé que creer. Pero olvídame, QUE NADIE TE HA LLAMADO. Ya estás otra vez. Déjame, que yo no tengo la culpa de verte caer.





sábado, 19 de julio de 2014

Mi rincón favorito de Madrid

La vida siempre te alcanza. Da igual que trates de huir o de esconderte. Ella siempre irá un paso por delante y siempre te pillará desprevenido y con las manos en la masa. Temer es cobardía pero también es supervivencia. Mantenerse escéptico es un trabajo tan crucial como inútil.

Dejarse llevar suena demasiado bien. Perder el control. Inundarse el alma con el veneno de tus palabras. Anhelar el peso de tu cuerpo sobre mi cuerpo. Ilusionarse. Imaginar tu olor y el tacto de tu piel por las mañanas. Suspirar por algo que no es cierto. Desear que el amor nos haga.

Y luego, la nada. Sólo era un sueño. Quizás sólo existes en mi imaginación. Puede que yo te haya creado a mi imagen y semejanza. Extrañar a un extraño. ¿Y si el amor es simplemente eso?. Una ilusión. Un querer más y más. Un echar de menos siempre a alguien. Una lucha constante contra el tiempo y la distancia. Puede que ya me haya equivocado demasiadas veces de dirección y puede que hable el miedo por mí, cuando te digo que ya no puedo crecer más. Ni por ti, ni por nadie. Ni por mí...

Y sin embargo, aquí estoy, herida y rota, sintiendo como mi corazón me pide otra velocidad. Tratando de escaparme de lo que siempre he deseado. Buscando excusas y dejando señales para que nunca te olvides de mí. Para que no me olvides, cuando te vayas, porque sé que te irás. Y yo desearía que estuvieras ahora aquí y que nunca te fueras. Pero sé muy bien que tú te irás, y yo seguiré respirando. El mundo se hará más pequeño. No me querrás igual que ayer. Me quedará el silencio. Me alimentaré del rastro de tus huellas en mi cuerpo. Te buscaré en otros brazos. Y volveré a encontrarte. Quizás.

Me he cansado de no recordar lo que sueño. Me he cansado de vivir en los finales, de perderme la vida por miedo al futuro. De lamentarme y seguir detrás. Quiero arriesgarme. El equilibrio es imposible. Vén, dame un pedazo. Cúrame el invierno.


Eres mi rincón favorito de Madrid.




Aún quiero saber que es lo que me das, que me han vuelto las ganas de comerme el mundo.

lunes, 14 de julio de 2014

Las palabras siempre son mentira

Las palabras, a veces, se quedan pequeñas. Las palabras siempre son mentira. Las palabras no significan nunca nada. Aún así, a veces, sólo a veces, sería tan maravilloso poder hacer uso de ellas... Vomitarlas. Echarlas fuera. Dejar que corran. Librarse de ellas. Poder expresarse libremente.
¿Cómo cerrar etapas si no tienes la oportunidad de desahogarte? ¿Cómo empezar de nuevo si nunca has podido terminar? ¿Cómo hablar cuando todas tus palabras están enquistadas en la garganta?

Hay tantas cosas que quisiera decir, tantas noches sin consuelo en las que sólo podía escuchar mi voz, tantos días preguntándome, analizando, esperando un milagro...Tantas tardes de fragilidad y mentiras. Tantas mañanas de resaca y miedo... ¿Sabes? Cuando la otra persona no está tienes que inventarte su parte de la conversación, y eso no es justo para ninguno de los dos.

Me gustaría decirte que he inventado un millón de noches en las que tú volvías a mirarme como si mis ojos fuesen magia. He sufrido en mi balcón tratando de convencerme de que nada de esto era real. He acariciado todas tus fotos antes de quemarlas en la hoguera de mis sentimientos. He renunciado a mi felicidad sólo por verte sonreír una vez más, aunque no sea conmigo, aunque no sea por mí. He tratado de parar el tiempo y arreglar todas mis taras con la esperanza de que algún día, en cualquier lugar, me miraras desde el otro lado de la barra y buscases otra vez el amanecer en mi mirada. He deambulado sola y perdida, por las calles, tratando de sentir una punzada, evitando tus lugares, corriendo el riesgo de encontrarte. Te he visto y he llorado al percatarme de que el cielo ya no estaba ni estaría jamás en tu mirada. Te he echado de menos todos los días de mi vida. He guardado todos tus besos en un lugar de mi corazón que siempre será tuyo, aunque no lo quieras, aunque no lo merezcas, aunque no lo quiera, aunque no lo merezca. Te he llamado sólo para escuchar tu voz y saber que seguías respirando. He dormido todas las noches contigo sin estar a tu lado. Te he soñado y en mis sueños yo lloraba y bebía, como Chavela, y tú tratabas de abrazarme pero eras incapaz de alcanzarme. Me mirabas y sonreías. Tú estabas cerca y lejos y yo lloraba. Sí, te he llorado. Mucho más de lo que jamás podría admitirte. Mucho más de lo socialmente aceptable. Mucho más de lo que mi corazón ha podido soportar. Y te sigo llorando, amor. Te sigo llorando, pero ahora estoy vacía. Me he vaciado de tí, de mí, del mundo tal y como lo concebía. He comenzado de cero y sin equipaje a cuestas. No he vuelto a ser feliz desde que te marchaste. Tampoco lo he intentado. He caminado sola cuando he tenido que hacerlo y me he agarrado a otras manos cuando no he podido más. He buscado calor y me he arriesgado. He cambiado mi forma de ver el mundo y he descubierto que siempre habrá sexo y drogas, pero que quizás jamás sea capaz de volver a hablarle a nadie de amor.  He engañado y he tropezado. He luchado con las sombras por ti. Te he visto crecer por encima de todos aquellos que decían que ya no podías crecer más y me he sentido orgullosa de tí. Me he llenado los ojos de cosas que he vivido sin estar tú a mi lado. Me he quedado ciega de no verte, sorda de no oírte. Te he querido. Te querré todos los días de mi vida. A ratos, a pedazos, rota, sola, rodeada de gente, con miedo y valentía. Siempre. Nunca más. Sólo quien ha amado de verdad sabe lo que es el dolor. Sólo quien ha amado de verdad sabe que las amarguras son terriblemente amargas aunque las cante Chavela Vargas y las escriba José Alfredo.

Por favor, si nunca te vuelvo a ver, olvida que te hice sufrir. No vuelvas a mi lado. Vete lejos. Sigue luchando. Ama. Sueña. Vive. Olvida y sigue. Sé feliz. Sé feliz, aunque no sea conmigo. Escribe, mientras yo duermo. Duerme, mientras yo escribo.

Espero que nunca tengas que escucharme, pero si algún día lo haces, recuerda que, las palabras siempre son mentira y la vida, a veces, también.

viernes, 4 de julio de 2014

Nacho Vegas, la pena y la nada.

Podría escribirte mil páginas usando únicamente frases de canciones. Así de tópicos han sido todos estos años caminando de tu mano.

Ya sabes, yo también hablo sola, bebo té y tomo notas para hacer de mi vida sin tí algo habitable. Para mí, quererte ha sido como intentar atrapar con las manos el aire, como obrar un milagro. Era un juego y ahora es real. 

Recuerdo cuando me dijiste con voz grave y resignada: "Y si no encuentras fuerzas para salir de aquí yo las sacaré de donde sea y seguiré sin tí".Yo me grabé tus palabras y me vestí lista para comenzar. El tiempo pasa doloroso y lento. No me hago entender. No preguntes ni porqué ni porqué no. Sólo yo sé el motivo y no es bonito. Me mudaré de esta ciudad, pero ahora es de mí misma de quien quiero escapar. Siento pensar. Morir de sed. He vuelto a fracasar. Si te miento no será por mezquindad. Estas penas siempre llegan por torpeza. ¿Qué puedo hacer? Sólo esperar verlo acabar. Qué es jodido ya lo sé. Pero no es dramático. 

Recuerdo que Te sentaste justo al borde del sofá y dijiste "Hay cosas que tenemos que aprender. Yo a mentir y tú a decirme la verdad. Yo a ser fuerte y tú a mostrar debilidad. Tú a morir y yo a matar.". Después se hizo el silencio. Y el silencio fue a parar a una especie de pesada y repartida soledad. Así era nuestro amor. Comenzaba en el silencio, continuaba en el terror. Trato de adivinar que fue eso que hicimos tan mal. Vete lejos y limítate a observar esta escena tan vulgar. Encendiendo un cigarrillo me comienzo a torturar. La culpa solo en parte es mía y en parte lo es de los demás. Uno es el asesino y el otro es el que va a morir. Antes de que tú me mates prefiero matarme yo. Y emprendiste así tu huida. Por favor, entiende que algo no funciona en mí muy bien. Déjame de una vez. Te observaré durmiendo y me pondré a susurrar "Nuestras almas no conocen el reposo, vida mía, pero si hay algo que es cierto es que te quiero un mundo entero, con su belleza y su fealdad." 
Me olvidé primero de tí, y después me olvidé de los dos. Me sabe mal que te desangres pero limpiálo todo antes de salir. Nada tiene porque ensuciarse. Tu basura te pertenece solo a ti. Tú eres el único culpable. Vén, mi amor, vén, acompáñame al desastre. Este es el premio que ganaste. Mañana jamás se parece a ese mañana de ayer. ¿Qué voy a hacer contigo?, ¿Qué voy a hacer sin tí?. No hay peor castigo que ese sin el que no sé vivir. Puedes ver que a duras penas logro mantenerme entera. Puedes ver que lo que hice ya no puedo deshacerlo. Yo creía que nuestro amor era infinito como la arena. Ahora sé que lo único inagotable es esta insoportable pena. Quisiera que me quisieras y yo no quisiera quererte. Tú te fuiste detestándome y yo hoy te quiero más que nunca. 
Es la semana grande de la crueldad y en nuestro honor celebran una fiesta. Yo me limitaba a contemplar la misma grieta de la pared. Alguien dijo "habrá que demoler". No sé como no lo vi llegar. Puede que el tiempo te dé la razón, pero no queda tiempo. Hoy es el día. Ahora me empiezo a preguntar cual de estos chistes es el mejor. El del día que te hablé de amor sabiendo que daban temporal o el del día de la gran broma final. Lo que no se puede desunir es lo que nos habrá de separar. Cuando no es posible ser feliz y te asustas como un animal. Cuando te griten con rabia que tu amor entero fue una estafa y tú protestes y no quede un alma allí para escuchar. Cuando ya no queden ritos, suene un golpe seco y casi un grito. Y luego ya no te molestes. Ya no hay nada que arreglar. Ya nada será igual. 
Sé que tiempos más duros aún están por venir. La vida es en parte buscar placer y en parte hallar dolor. Te vi llorar. ¿Y que podía hacer sino huir y así poder ponerme yo a llorar también?. Entre el dolor y la nada, elegí el dolor. 

Y así comienzo a novelar la historia de lo que será cuando las cosas vayan a peor. Y yo me veo casi igual que ahora que no tengo nada, salvo la certeza del dolor. Y me sorprenderé gritando un día "Puedes seguir con tu vida, que yo con la mía, si me dejan, seguiré." 

Todo sucedió según lo planeado. Y aún persiste en mí el deseo insano. Nadie llega tan lejos si no es para seguir. Pero me sorprenderé gritando un día "Ya valió la tontería. Y con mi vida, si usted me deja, seguiré." 





Y ahora puedo marcharme. 
Al fin me puedo ir. 
Da igual que llegue tarde, 
porque nadie espera por mí.