Cuando el punto final llegó yo aún no estaba preparada para ello. Es por eso que cuando todo se oscureció de pronto, yo solo pude quedarme quieta, agarrar mi corazón para evitar que se saliese del pecho y negar con la cabeza. Negar que tú eras lo mejor que me había pasado. Negar que tus ojos me habían salvado de una muerte en vida. Negar que tu cama era mi lugar favorito del mundo. Negarte y negarme, a la vez.
Fue otra trampa al corazón. Una de tantas otras, pero en aquel momento no era posible la existencia de otra tan corrosiva. En este momento tampoco. Aún no sé si te quiero por todo lo que eres o por todo lo que sé que llegarás a ser. No sé nada de la vida y aún así me atrevo a amarte por encima de toda la humanidad, desafiando al tiempo y a la distancia, a la lógica y a la dignidad. Y dime tú que no. Anda, dime que no. Convenceme de que no puedo. Engañame y dime que esto no es real y que nada nos une, salvo mis ganas. Dime que todo ha sido cosa mía, que yo te he creado y te he repudiado, mientras tú solo pasabas de puntillas por mi vida.
Pero yo te quiero, y a veces, esa es la única explicación válida que puedo darle a este sinfín de desaciertos y agonías en las que he convertido nuestro pequeño infinito. Un infinito que nos atrapa y consume, que hace que tantos planes y esperanzas acaben en una cadena perpetua de silencios y dolor.
Yo aún no estaba preparada para desintegrarme contigo y quise aferrarme con fuerza a tu pecho, tal vez, diciéndote entre suplicas que por favor tú no. Ne me quitte pas. Tú no. Por favor. Pero creo que tú te marchaste. O quizás fui yo. Quizás me fui yo, cansada de tanta despedida, de tanta puñalada accidental por la espalda, de causalidades y casualidades, de llevarme todo a lo personal, de tácticas y juegos, de temblar de miedo esperando un final que nunca llega, de vivir en la decadencia, de no saber nada de principios, de apuñalar casi sin querer, de no conocerte, de estar siempre a punto caer.
No, no lo estaba y quizás debiste haber mirado mis ojos, antes de regalarme otro final enquistado o simplemente quererme porque sí, y no sólo por culpabilidad. Sé como son las cosas cuando todo cae, pero hubiera dado mi vida por poder confiar en tí, una vez más, tan sólo una vez más. No sé, a veces escribo, pierdo el contacto con el exterior y sólo estoy yo. Y entonces es cuando más te quiero, y ya no me importa que manos tocan tu piel esta noche ni de quién es la primera cara que ves por las mañanas, y solo recuerdo que, quizás, perdamos mucho los dos si dejamos de mirarnos a los ojos y arroparnos con tanta ternura que el mundo no puede más que contarnos las pestañas. Yo no soy capaz de concebir un futuro sin tí y eso es todo lo que tengo que darte, que es todo y a la vez no es nada, en comparación con todo lo que tú y tus ojos de mar, podríais llegar a alcanzar con solo parpadear. Así que tú solo, déjate llevar, olvida este adiós que tenemos pisándonos los talones, olvida mi falta de respuestas, olvida que quizás yo no soy ella, mis torpezas, mi facilidad para ignorar que hay personas que no tienen corazón. Olvídalo todo y vén, házme tuya con tus dedos y muestrame como sería el mundo si yo fuera ella. Quítame la ropa y las penas y dame aliento con tu boca. Déjame tus alas. Nunca me falles. Yo te quiero también cuando tú no me ves y eso amor mío, eso solo puede llevarme a la felicidad más absoluta o al dolor más desgarrador. Pero tú, por favor, no vuelvas a hacerlo.
Ne me quitte pas. Ne me quitte pas.
viernes, 30 de octubre de 2015
lunes, 26 de octubre de 2015
Contigo solo puedo perder
Al final lo hicimos todo mal. Y al final, el final es lo que importa. Tampoco vamos a poder olvidar todas las vueltas que hemos dado para llegar hasta aquí. Aquí, a este pseudofinal pseudocordial y frío como el hielo, que me hace no querer hablar de nuestra pseudohistoria de pseudoamor jamás. A este lugar en el que los abrazos que me das, no son para mí, solo son para tí y yo me muero de ganas de decirte que. Pero no lo haré. No, esta vez no lo haré.
Yo siempre te he querido. He querido todo eso que representabas para mí y la enorme ilusión de haber encontrado al fin a alguien con el que preguntarme porqué, para qué, a santo de qué. Todas las preguntas sin respuesta que nos hacíamos juntos, arreglando el mundo, y buscando alternativas, se han convertido en un enorme interrogante para mi corazón, y ahora querría regresar a mi planeta. Y me encantaría que tú te vinieses conmigo, pero supongo que tú no quieres venir. Supongo que tú nunca has querido venir.
No puedo dormir ni alcanzo a entender como es que al final lo hemos hecho todo tan mal. Yo creía en tí, en tu amor y en cruzar puentes con solo mirarlos. Habría creído en las segundas oportunidades y en el infinito si tú me hubieses dado la mano, aunque solo fuese un rato. Pero tú no. Y aún no comprendo como has dejado que me olvide del olor de tu piel. No me salen las cuentas de la vida, desde que tu bondad te ha permitido dejar mi corazón hecho añicos. Eres un ángel maldito.
Era invierno y yo debería haberte dejado, irme lejos y no volver. Pero no pude. Todas las palabras que nunca me dijiste y todo el falso calor de tus abrazos me atraparon. Nunca pude decir que no. Ahora vuelve a ser invierno y yo solo me arrepiento de no haber sido lo bastante combustible, como Julio. Sólo de eso. Ahora yo vuelvo a ser invierno y tú ya has perdido la cuenta de todas las veces que has pasado de puntillas por un corazón.
Sí, contigo solo puedo perder.
Sí, conmigo solo puedes perder.
Yo siempre te he querido. He querido todo eso que representabas para mí y la enorme ilusión de haber encontrado al fin a alguien con el que preguntarme porqué, para qué, a santo de qué. Todas las preguntas sin respuesta que nos hacíamos juntos, arreglando el mundo, y buscando alternativas, se han convertido en un enorme interrogante para mi corazón, y ahora querría regresar a mi planeta. Y me encantaría que tú te vinieses conmigo, pero supongo que tú no quieres venir. Supongo que tú nunca has querido venir.
No puedo dormir ni alcanzo a entender como es que al final lo hemos hecho todo tan mal. Yo creía en tí, en tu amor y en cruzar puentes con solo mirarlos. Habría creído en las segundas oportunidades y en el infinito si tú me hubieses dado la mano, aunque solo fuese un rato. Pero tú no. Y aún no comprendo como has dejado que me olvide del olor de tu piel. No me salen las cuentas de la vida, desde que tu bondad te ha permitido dejar mi corazón hecho añicos. Eres un ángel maldito.
Era invierno y yo debería haberte dejado, irme lejos y no volver. Pero no pude. Todas las palabras que nunca me dijiste y todo el falso calor de tus abrazos me atraparon. Nunca pude decir que no. Ahora vuelve a ser invierno y yo solo me arrepiento de no haber sido lo bastante combustible, como Julio. Sólo de eso. Ahora yo vuelvo a ser invierno y tú ya has perdido la cuenta de todas las veces que has pasado de puntillas por un corazón.
Sí, contigo solo puedo perder.
Sí, conmigo solo puedes perder.
martes, 13 de octubre de 2015
Extraterrestre.
Siempre hemos estado demasiado cerca para poder hablar de amistad y extremadamente lejos del amor. Quizás, por eso, he odiado y he amado las etiquetas. Y jamás he sabido estar a su altura. Puede que por eso, huya de ellas como de la peste, esperando, sin éxito, que su ausencia me devuelva la estabilidad que tu jamás has podido darme.
No alcanzo a recordar en que momento lo fácil se ha vuelto tan difícil de manejar, ni puedo comprender el porqué de tantas negativas, cambios de sentido y lagrimas. Puede que tú jamás hayas conocido al amor, pero yo he llorado más de mil noches por sus cadenas y su forma tan inteligente de dejarme sin nada de un plumazo. He sufrido su vacío, su incoherencia, su posesión, su ridiculez y la locura transitoria que lo invade todo. Como Sartre creo que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita energía, generosidad, ceguera...y si uno reflexiona jamás lo hace. Yo tampoco saltaré nunca más de ese precipicio.
Ahora yo me marcho de este lugar que jamás ha sido mío, escapando una vez más de mi corazón, de tus ojos llorosos y de la mentira de los míos. De tu mentira y del dolor de llegar siempre a deshora a todas partes. Preferiría no tener que contarte todas las cosas que he tenido que ver, ni todas las veces que he pensado que la humanidad es una especie condenada a la absoluta destrucción propia y ajena. Me gustaría no ser yo, para poder estar a tu lado. Sonreír de veras cuando me acuerdo de tu voz y permanecer. Permanecer, por fin, a pesar de las palabras que nunca me dijiste o gracias a ellas o sin desearlas tanto como deseo la paz. Sea como fuere, me gustaría ser cualquier cosa que me acercase a tu corazón y me alejase de la inestabilidad que me provocan mis pies. He llegado a destiempo a tu vida y eso es algo que no podré perdonarme jamás.
No hay barcos imposibles de hundir, ni palabras mágicas ni siquiera motivos o razones para quedarse en este planeta, perdida como un extraterrestre fuera de su hábitat, como una carta sin remitente, como las botellas que se estrellan contra el suelo, cuando nada vale nada. Pero puede que. Quizás si. Igual si en algún lugar de ti existe el deseo de que permanezca, quizás sí, quizás no necesite nada más que tus ojos diciendo "sí". Puede que haya cubierto el cupo de noes y no encuentre más solución que huir, volar lejos y empezar de cero. No necesito más valentía que la que me da esta vida vacía de tu amor y vacía de sentido. No necesito nada más que cuatro libros y mis manos para ovillarme cuando todo se vuelva gris. Siempre ha sido así.
Me iré, incluso a sabiendas, de que todos los lugares del mundo me llevarán irremediablemente de vuelta a ti. Aunque tú no lo sepas. Aunque ya nada importe.
"Me gustaría regresar a mi planeta. Lo he visto todo aquí. Ayúdame a llenar esta maleta, ya que no quieres venir..."
No alcanzo a recordar en que momento lo fácil se ha vuelto tan difícil de manejar, ni puedo comprender el porqué de tantas negativas, cambios de sentido y lagrimas. Puede que tú jamás hayas conocido al amor, pero yo he llorado más de mil noches por sus cadenas y su forma tan inteligente de dejarme sin nada de un plumazo. He sufrido su vacío, su incoherencia, su posesión, su ridiculez y la locura transitoria que lo invade todo. Como Sartre creo que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita energía, generosidad, ceguera...y si uno reflexiona jamás lo hace. Yo tampoco saltaré nunca más de ese precipicio.
Ahora yo me marcho de este lugar que jamás ha sido mío, escapando una vez más de mi corazón, de tus ojos llorosos y de la mentira de los míos. De tu mentira y del dolor de llegar siempre a deshora a todas partes. Preferiría no tener que contarte todas las cosas que he tenido que ver, ni todas las veces que he pensado que la humanidad es una especie condenada a la absoluta destrucción propia y ajena. Me gustaría no ser yo, para poder estar a tu lado. Sonreír de veras cuando me acuerdo de tu voz y permanecer. Permanecer, por fin, a pesar de las palabras que nunca me dijiste o gracias a ellas o sin desearlas tanto como deseo la paz. Sea como fuere, me gustaría ser cualquier cosa que me acercase a tu corazón y me alejase de la inestabilidad que me provocan mis pies. He llegado a destiempo a tu vida y eso es algo que no podré perdonarme jamás.
No hay barcos imposibles de hundir, ni palabras mágicas ni siquiera motivos o razones para quedarse en este planeta, perdida como un extraterrestre fuera de su hábitat, como una carta sin remitente, como las botellas que se estrellan contra el suelo, cuando nada vale nada. Pero puede que. Quizás si. Igual si en algún lugar de ti existe el deseo de que permanezca, quizás sí, quizás no necesite nada más que tus ojos diciendo "sí". Puede que haya cubierto el cupo de noes y no encuentre más solución que huir, volar lejos y empezar de cero. No necesito más valentía que la que me da esta vida vacía de tu amor y vacía de sentido. No necesito nada más que cuatro libros y mis manos para ovillarme cuando todo se vuelva gris. Siempre ha sido así.
Me iré, incluso a sabiendas, de que todos los lugares del mundo me llevarán irremediablemente de vuelta a ti. Aunque tú no lo sepas. Aunque ya nada importe.
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