viernes, 20 de junio de 2014

En cueros

Probablemente era tarde para todo. Su destino estaba roto, pero ella jamás dejó de luchar. Quizás no tenía más remedio. Quizás sí. Sea como fuere, lo cierto es que una vez más estaba en pié y preparada para romper(se). Pero esta vez, el corazón no la acompañaba. Había decidido aprender a vivir lejos de sus indómitos latidos, su inestable vaivén, su indomable necesidad . Su corazón, mitad desencuentro, mitad rabia, estaba demasiado lejos de todo.

Salió de casa con paso firme y airado, dejando atrás un sinfín de noches sin dormir y días sin motivo ni razón. Sólo quería volver a sentirse viva. Quitarse las telarañas. Sonreír porque sí. Ponerse a prueba.

Qué bien le sentaba la tarde. Su belleza era una mezcla de pausado dolor, templanza e infinitas ganas de vivir. Era bella como la poesía. Triste, arriesgada, misteriosa y pasional. Te miraba como miran aquellos que ya no temen nada. Tenía las cosas claras y llevaba a cuestas esa maravillosa sensación de libertad. El miedo y las dudas habían huído. Ya no se escuchaba ningún ruído.

Cada beso era nada. Cada luna era nada. Cada polvo era nada. Cada caricia era nada. Se había olvidado de que venía a verte. Solo quería escucharte hablar de amor. Quería escuchar una de esas estúpidas historias de amor inquebrantable. Necesitaba creer que existen los finales felices aunque ella estuviera a años luz de ellos. Quería tener algo por lo que luchar. Besar el aire y la acera y a ti. Lo quería todo.

Él la invitó a soñar. La amó en reiteradas ocasiones sin llegar a amarla jamás. La quiso durante dos horas sin condiciones ni porqués, sin promesas ni mentiras. Fue solo un momento pero podía durar eternamente. Su carmín resbalaba como la sangre. Buscó su jaula y le devolvió la vida en un simple abrir y cerrar de piernas. La besó en todas sus cicatrices sin ni siquiera saberlo. Jamás le puso un cascabel. No quería querer. No podía creer. Estaba a salvo. Su cama no tenía sueño ni dueño. Suspiró de alivio cuando llegó la "petite mort" y con ella dejó ir a todos sus fantasmas. Pudo volver a sentir a todo el universo y todo el universo volvió a sentirla a ella, sintió la humanidad de después de la muerte. La inmortalidad del placer. La paz de no tener nada que esconder. La paz de no tener nada que perder.

Puede que siga sintiéndose sola, cuando llegue a casa, sean las diez y nadie se siente a su lado en el sofá. Puede que siga sin encontrar su lugar en el mundo, trastabillando de un sitio a otro, de una piel a otra, sin acabar de encontrarse jamás. Quizás siga lamiendo cada noche las hojas de su cuaderno preguntándose porqué jamás ha podido encontrar lo que siempre ha estado buscando. Puede que ya no vuelva a ser puta y bendita, musa y virgen,  pero ahora vive al día, dejando señales, sin miedos ni anhelos,fuera del redil, dentro de ella.




"Te pido que no vengas que no quiero nada más que lamerme los huesos.
Vete a olisquearle el ojete a otro perro que te haga más caso que yo estoy aleteando de nuevo."


lunes, 16 de junio de 2014

...que esta noche es la más fría y no consigo dormir...

Perdón por no saber discernir donde acaba el amor y empieza el terror. Por no saber escuchar el dolor que guardaban tus silencios. La incapacidad que invadía tu ser.

Perdón por no saber querer a medias. Por quererlo todo. Todo y siempre.

Perdón por ser tan simple, tan compleja, tan evidente... Por llorar sólo cuando las lágrimas ya no tienen valor ni sentido. Cuando nada vale nada.

Perdón por irme lejos sin moverme de tu lado. Por quedarme a tu lado sin poder asumir que estás lejos.

Perdón por mi soledad, tan llena de nostalgias, de miedo, de sueños rotos, de desesperanza. Tan llena de ti. Tan llena de nada.

Perdón por el desconsuelo que me oprime el pecho cuando miro tu lado de la cama y sólo encuentro pedacitos de mi corazón. Cuando estoy rodeada de gente y a la vez tan vacía, tan fuera de todo.

Perdón por quererte igual que antes, por ver tu cara en todas las caras, por buscar tus besos en todos los labios. Por mendigar amor, por buscar incesantemente otra velocidad.

Perdón por mis mil contradicciones, por las puertas que crucé, por no poder callarme, por no tener ya nada que decir(te).

Perdón por no saber rendirme, por arriesgar mi vida en cada intento, por no encontrar consuelo. Por no soportar la frialdad de este momento.

Perdón por resucitarte y matarte cada día de mi vida. Por vivir en el pasado. Por ser incapaz de encontrar la melodía.

Perdón por todas mis promesas rotas, por dejarte solo contra el mundo. Por no saber cuidarte. Por no dejar que me cuides.

Perdóname tú.
Yo no puedo.
Perdóname.
Libérame de ti.


Ojalá estuvieras aquí conmigo, cuando no soy capaz de soportar la angustiosa calma de tu partida.
Ojalá te quedases conmigo hasta que mi corazón fuese capaz de encontrar otra velocidad.
Ojalá esta madrugada que parece nunca acabar pudiera encontrarte lejos de mis sueños.





"Agárrate fuerte a mí... que esta noche es la más fría y no consigo dormir."






lunes, 9 de junio de 2014

Ella

Era un día como otro cualquiera para todos, excepto para ella. Se despertó con la certeza de que había comenzado el final y que nada se podía hacer para evitarlo. Se sintió liberada. Por fin podía dejar la batalla sin sentirse una fracasada. Por fin podía sentarse a llorar todas esas lágrimas de resignación que vivían dentro de ella desde hacía ya demasiados años. 

Había imaginado muchas veces como se sentiría cuando todo hiciese crac, pero jamás pensó que el alivio estaría entre sus sensaciones. Sin embargo, ahí estaba. Y lo ocupaba todo. Fue hermoso el funeral. Todo había cambiado. Ella ya no era ella. Pero sabía que de ahora en adelante sería mejor. Una versión completamente mejorada de si misma. El desamparo, la soledad, el miedo, la desesperanza, la frustración... todo se fue cuando llegó el final. Tan solo ella estaba ahí. Ella y su corazón. Triste, cansado, roto, pero vivo. Al fin vivo. 

Era el fin de la eternidad. El fin del único mundo que ella había conocido. Pero como todo buen final estaba lleno de oportunidades esperando a ser aprovechadas. Esperando a que estuviera lista para aprovecharlas. 

Se miró en el espejo por primera vez en tres meses y pensó que todo buen final necesita una buena despedida.

"Recuerda siempre que yo solo hacía letras para ti, dejándome la piel. Recuerda que he luchado a muerte con las sombras por ti. Pero ahora necesito luz. Necesito limpiarme. No quiero escuchar tus llantos. Tengo los ojos inundados de todo lo que he vivido estando a tu lado. Te perdono, aunque tú no lo hagas. Ya no miro atrás. La historia ya no es mía. Ahora solo quiero que te vayas. Gracias y adiós." 

Hoy es el primer día del resto de tu vida. Por favor, no vuelvas a olvidarte de ser feliz. Recuerda todo lo que has aprendido y vuela. Quiérete. Quiérete mucho más de lo que jamás nadie te podrá querer. Y no dejes que nadie vuelva a hacerte olvidar quién eres y todo lo que has logrado. 



"Hoy te vas a querer como nadie te ha sabido querer.
 Hoy vas a mirar para adelante que para atrás ya dolió bastante.
 Hoy sabes que tu vida nunca más será un fracaso.
 Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para tí, que nadie puede hacerte daño.
 Hoy vas a ser feliz aunque el invierno sea frío y sea largo.
 Hoy vas a conseguir reírte hasta de tí y ver que lo has logrado."