El día en que me diste a elegir entre tú y mi soledad yo ya estaba muerta. Quizás por eso me resultó tan fácil escoger. Elegí a mi soledad porque siempre he sabido que si te escogía a tí, tu soledad sería aún más difícil de complacer que la mía. Todo ha sido siempre cuestión de soledades. Tú lo sabes ¿verdad?. Puede que me haya equivocado al renunciar a todo lo que podría haber sido sólo por un poquito de paz. Pero, ¿quién quiere amor cuando tiene prozac?, ¿quién necesita compartir soledad cuando la suya propia es tan grande y hermosa?. Yo no y sé que tú tampoco. Sólo me has querido cuando no me podías alcanzar, cuando yo no era humana ni real. Sólo me has rozado. Siempre ha habido mil quilómetros de hielo entre nosotros, pero a veces, la luz. Esa luz... Era tan grande... Nos ha confundido muchas veces. Pero, por favor, no la apagues aún.
Me ha dolido más de lo que me gusta reconocer haberte encontrado, haberte reconocido y haberte perdido tan pronto. Pero, ya no siento nada. ¿Y qué si eres tú lo que siempre había querido?. Quizás el único amor que puede considerarse realmente real y válido es ese que deja al otro crecer y siempre está ahí sin pedir nada a cambio. Quizás.
Pero, no corras tanto que tengo miedo. No estoy preparada para dejar ir a todas las esperanzas que tenía en nosotros. No corras. Dame tiempo. Déjame quererte de otra forma. No dejes que se apague la luz tan pronto. No dejes que todo mi amor acabe en la fosa común donde están todos nuestros sueños. Quédate un ratito a mi lado y déjame mirarte. Ya sabes que sólo necesito eso. Siempre me han gustado las pequeñas cosas del día a día. Ver como el amor crece. Ver como tú creces por encima de poetas que no valen nada a tu lado. Ver como es tan fácil a veces convertirse en humano, ver a las palabras salir corriendo y sin miedo de mis dedos...
Me he ido mil veces sin acabar de irme jamás, pero tú nunca me dés por perdida, por vencida. Es muy difícil sentir como siento. Siento no poder regalarte todos mis días. Siento tener todo lo que buscas y no poder dártelo. Yo no lo quiero. Es todo tuyo. Lo siento. No acierto.
Te quiero y tengo miedo, porque cuando no me puedes ver, yo pienso en tí también.
Siempre pienso en tí.
Pero nada de esto importa ya porque todo es simplemente cuestión de soledades.
lunes, 27 de octubre de 2014
miércoles, 22 de octubre de 2014
Dime que es mentira todo
"Algún día todo este dolor te será útil" leí hace no mucho tiempo en uno de mis libros de cabecera. Tú aún no existías, pero yo ya te pensaba. No tenías rostro aún, pero el corazón era el tuyo. Lo sé. Lo sé porque cuando por fin apareciste supe que yo ya te había amado antes. A veces, la vida premia mi larga espera con delirios de claridad inmensa e intensa en los que corazón y cabeza se unen en un "Sí. Aquí está. Por fin ha llegado.".
El miedo quiso que lo boicoteara todo. Y eso hice durante mucho tiempo. Tirarte piedras, ponerte a prueba, jugar con fuego y contigo, irritarte, desesperarte... Perderte. A fin de cuentas, sabía que te irías. Ese es otro de los delirios de claridad que me acompañan siempre: "People always leave.".
Han pasado un millón de semanas y unos cuantos domingos desde ese primer momento, y aún sigues aquí. A veces, incluso dudo de que te vayas a ir. Quizás eres la horma que le faltaba a mi zapato. Quizás sí, aunque tú no lo sepas. Quizás sí, aunque yo no pueda parar de pensar en despedidas.
Aunque tú aún no lo sepas, hace tiempo que he abierto mis ventanas para ventilar mis rincones y que tú encuentres todo limpio y ordenado cuando por fin vengas. Aunque tú no lo sepas, me he acostado a tu espalda y al llegar la mañana me he perdido en tus sueños. Aunque tú aún no lo sepas, nadie me ha amado jamás como tú me has amado, aunque sea un rato, aunque fuese un rato. Aunque tú no lo sepas, te he buscado por mil bares sin acabar de entender porque no podía dejar de buscarte. Aunque tú aún no lo sepas, eres el único que me ha tocado el alma mucho antes de tocarme la piel. Yo ya había hecho el amor contigo mucho tiempo antes de tocarte.
Pero puede que sí, que tú ya lo sepas. Porque tú eres yo. Y nadie me conoce como tú, sin apenas conocerme. Nadie me toca como tú, sin apenas tocarme. Nadie me habla como tú, sin apenas hablarme. Nadie me besa como tú, sin apenas besarme. Nadie me apoya como tú, sin apenas apoyarme. Nadie como tú, porque tu infierno es mi infierno. Tu luz es mi luz.
Pero ahora dime que es mentira todo. Que tú también lo sientes. Que tú tampoco has sentido jamás esta conexión con nadie. Dime que es mentira todo. Que sólo te vas porque tienes miedo, pero que volverás pronto. Dime que te da vértigo quererme porque llevas media vida buscándome y ya habías perdido la fe. Dime que un día entrarás en esta casa, sin pedir permiso, y me dirás. "Perdona que llegue tan tarde. Prometo intentar compensarte. Vén. Acércate a mí. Deja que te vea.".
"Dime que es mentira todo. Un sueño tonto y no más. Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz."
El miedo quiso que lo boicoteara todo. Y eso hice durante mucho tiempo. Tirarte piedras, ponerte a prueba, jugar con fuego y contigo, irritarte, desesperarte... Perderte. A fin de cuentas, sabía que te irías. Ese es otro de los delirios de claridad que me acompañan siempre: "People always leave.".
Han pasado un millón de semanas y unos cuantos domingos desde ese primer momento, y aún sigues aquí. A veces, incluso dudo de que te vayas a ir. Quizás eres la horma que le faltaba a mi zapato. Quizás sí, aunque tú no lo sepas. Quizás sí, aunque yo no pueda parar de pensar en despedidas.
Aunque tú aún no lo sepas, hace tiempo que he abierto mis ventanas para ventilar mis rincones y que tú encuentres todo limpio y ordenado cuando por fin vengas. Aunque tú no lo sepas, me he acostado a tu espalda y al llegar la mañana me he perdido en tus sueños. Aunque tú aún no lo sepas, nadie me ha amado jamás como tú me has amado, aunque sea un rato, aunque fuese un rato. Aunque tú no lo sepas, te he buscado por mil bares sin acabar de entender porque no podía dejar de buscarte. Aunque tú aún no lo sepas, eres el único que me ha tocado el alma mucho antes de tocarme la piel. Yo ya había hecho el amor contigo mucho tiempo antes de tocarte.
Pero puede que sí, que tú ya lo sepas. Porque tú eres yo. Y nadie me conoce como tú, sin apenas conocerme. Nadie me toca como tú, sin apenas tocarme. Nadie me habla como tú, sin apenas hablarme. Nadie me besa como tú, sin apenas besarme. Nadie me apoya como tú, sin apenas apoyarme. Nadie como tú, porque tu infierno es mi infierno. Tu luz es mi luz.
Pero ahora dime que es mentira todo. Que tú también lo sientes. Que tú tampoco has sentido jamás esta conexión con nadie. Dime que es mentira todo. Que sólo te vas porque tienes miedo, pero que volverás pronto. Dime que te da vértigo quererme porque llevas media vida buscándome y ya habías perdido la fe. Dime que un día entrarás en esta casa, sin pedir permiso, y me dirás. "Perdona que llegue tan tarde. Prometo intentar compensarte. Vén. Acércate a mí. Deja que te vea.".
"Dime que es mentira todo. Un sueño tonto y no más. Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz."
jueves, 16 de octubre de 2014
Ya no.
La vida me ha enseñado a cerrar puertas de un portazo y sin mirar atrás de la única forma en que la vida enseña cosas, con dolor, absurdidad y desesperación. Pero, he aprendido y ahora ya no hay perdón ni absolución para los cobardes.
He deseado tantas veces que me rescataras de mi infierno, que recién ahora me doy cuenta de que mi infierno hubiera quemado mucho menos si tú no hubieras echado tanta leña a mi fuego. He despintado pesadillas por tí, y he sido esa estrellita pequeñita pero firme que siempre te ha cuidado de lejos. Pero ya no. Lo hecho está hecho y todo cae, tarde o temprano. A pesar de que por un lapso de tiempo creamos en infinitos y perdurabilidades. Lo único que perdura es el cambio.
Y yo ya no estoy donde tú me estás buscando.
Yo, he volado por encima de poetas que valen mucho más que tus dedos. He buscado refugio en otros lares. He abrazado a personas cuya simple presencia me ha llenado el corazón de formas con las que tú ni siquiera podrías soñar. He querido. Me he querido. Me han querido. Me he sentido viva en otra piel, he besado otros labios y he mirado otros ojos como solo saben mirar los que aman siempre por encima de sus posibilidades, los que se dejan la vida en cada intento... Incluso he llegado a tocar con la punta de los dedos el amor.
Otra vez.
El amor nos destrozará.
Otra vez.
Pero no el tuyo.
Ya no.
Otra vez.
Ya no.
Te he olvidado, amor roto. Te olvidé como solo olvida quién ha amado mucho. Poniendo candados, guardando el corazón bajo llave, buscando alternativas, reinventando los días, anestesiando el dolor, destruyendo vidas, engañándome, engañando, cerrando puertas, resituándome, renaciendo, empezando de nuevo una y otra vez. Me he creado a mí misma como la persona que siempre he querido ser y que tú nunca me has dejado. Por miedo, vergüenza, egoísmo... Porque siempre has sabido que podía volar muy por encima de ti, que había más fuego en mi piel que en el mismísimo infierno, que los sueños eran más reales y válidos para mí que la propia vida...
Y ahora ya no necesito pedir perdón por ser yo. La autoculpabilidad pierde sentido cuando la conciencia está tan tranquila. Hay mucha magia en la aceptación absoluta y sin anestesia del propio yo. Quererse. Hacerse el amor. Dejar de declararse guerras. Abrazarse y mimarse, como jamás nadie lo hará.
Cuando tú me querías yo no podía quererme. Tu amor por mí era incompatible con mi amor propio. El vacío era inmenso. Sólo podía estar bien a tu lado. Jamás sola. Jamás lejos de ti. Yo era tuya. Pero tú jamás has sido mío. Y ahora es tarde. Ahora no soy de nadie. A veces mía. Nunca tuya. Jamás tuya. A veces del viento. A veces de una canción. A veces de las palabras. A veces del amor. A veces del miedo... pero nunca tuya.
Ya no.
Renunciar a nuestra pequeña eternidad ha sido lo más duro que he tenido que hacer en toda mi vida. Olvidar todo el futuro, los planes, los sueños... Perderme a mí misma en el proceso de perderte. Perder el norte y el sur, la luz y la oscuridad, la sonrisa y las ganas. He perdido mucho perdiéndote. Me he perdido.
Pero, al final, resulta que, perdiendo también se gana.
Yo ya no te quiero. Yo aún te quiero. Yo ya no te quiero. Yo aún te quiero.
Vete lejos y limítate a observar. La vida es tuya. El tiempo es tuyo. Corre. Corre, corazón. La sed ya no remite cuando estás. Lo siento pero tuve que correr, venían tus demonios hacia mí. No caben más pecados en mis manos. Ahora regreso más áspera y cansada a mi hogar. Pero sin tí. Ya sin tí. Ya no me enternece tu debilidad. Ya no deseo tus manos. Ya no sueño con tus ojos. Yo ya no.
Yo
ya
no.
Sí, todavía una canción de amor. Pero no contigo.
Ya no.
"No le tengo miedo al diablo.
¿No ves que no puedo arder?.
No hay más fuego en el infierno del que hay dentro de mi piel."
He deseado tantas veces que me rescataras de mi infierno, que recién ahora me doy cuenta de que mi infierno hubiera quemado mucho menos si tú no hubieras echado tanta leña a mi fuego. He despintado pesadillas por tí, y he sido esa estrellita pequeñita pero firme que siempre te ha cuidado de lejos. Pero ya no. Lo hecho está hecho y todo cae, tarde o temprano. A pesar de que por un lapso de tiempo creamos en infinitos y perdurabilidades. Lo único que perdura es el cambio.
Y yo ya no estoy donde tú me estás buscando.
Yo, he volado por encima de poetas que valen mucho más que tus dedos. He buscado refugio en otros lares. He abrazado a personas cuya simple presencia me ha llenado el corazón de formas con las que tú ni siquiera podrías soñar. He querido. Me he querido. Me han querido. Me he sentido viva en otra piel, he besado otros labios y he mirado otros ojos como solo saben mirar los que aman siempre por encima de sus posibilidades, los que se dejan la vida en cada intento... Incluso he llegado a tocar con la punta de los dedos el amor.
Otra vez.
El amor nos destrozará.
Otra vez.
Pero no el tuyo.
Ya no.
Otra vez.
Ya no.
Te he olvidado, amor roto. Te olvidé como solo olvida quién ha amado mucho. Poniendo candados, guardando el corazón bajo llave, buscando alternativas, reinventando los días, anestesiando el dolor, destruyendo vidas, engañándome, engañando, cerrando puertas, resituándome, renaciendo, empezando de nuevo una y otra vez. Me he creado a mí misma como la persona que siempre he querido ser y que tú nunca me has dejado. Por miedo, vergüenza, egoísmo... Porque siempre has sabido que podía volar muy por encima de ti, que había más fuego en mi piel que en el mismísimo infierno, que los sueños eran más reales y válidos para mí que la propia vida...
Y ahora ya no necesito pedir perdón por ser yo. La autoculpabilidad pierde sentido cuando la conciencia está tan tranquila. Hay mucha magia en la aceptación absoluta y sin anestesia del propio yo. Quererse. Hacerse el amor. Dejar de declararse guerras. Abrazarse y mimarse, como jamás nadie lo hará.
Cuando tú me querías yo no podía quererme. Tu amor por mí era incompatible con mi amor propio. El vacío era inmenso. Sólo podía estar bien a tu lado. Jamás sola. Jamás lejos de ti. Yo era tuya. Pero tú jamás has sido mío. Y ahora es tarde. Ahora no soy de nadie. A veces mía. Nunca tuya. Jamás tuya. A veces del viento. A veces de una canción. A veces de las palabras. A veces del amor. A veces del miedo... pero nunca tuya.
Ya no.
Renunciar a nuestra pequeña eternidad ha sido lo más duro que he tenido que hacer en toda mi vida. Olvidar todo el futuro, los planes, los sueños... Perderme a mí misma en el proceso de perderte. Perder el norte y el sur, la luz y la oscuridad, la sonrisa y las ganas. He perdido mucho perdiéndote. Me he perdido.
Pero, al final, resulta que, perdiendo también se gana.
Yo ya no te quiero. Yo aún te quiero. Yo ya no te quiero. Yo aún te quiero.
Vete lejos y limítate a observar. La vida es tuya. El tiempo es tuyo. Corre. Corre, corazón. La sed ya no remite cuando estás. Lo siento pero tuve que correr, venían tus demonios hacia mí. No caben más pecados en mis manos. Ahora regreso más áspera y cansada a mi hogar. Pero sin tí. Ya sin tí. Ya no me enternece tu debilidad. Ya no deseo tus manos. Ya no sueño con tus ojos. Yo ya no.
Yo
ya
no.
Sí, todavía una canción de amor. Pero no contigo.
Ya no.
"No le tengo miedo al diablo.
¿No ves que no puedo arder?.
No hay más fuego en el infierno del que hay dentro de mi piel."
martes, 14 de octubre de 2014
Ya hay paz
Después de la magia viene el dolor. Después del amor viene la soledad. Después del final no hay nada. Caída. Vacío. Sólo recuerdos. Más recuerdos. Toda mi vida son recuerdos de momentos que jamás volveré a vivir.
Tú bailabas y sonreías y yo te miraba. Te miraba tratando de grabar en mi alma todos y cada uno de tus movimientos.Tus taras, tus deudas, tus miedos, tu fragilidad, el brillo en tus ojos, tu inmortalidad. Sabía que eso era lo más profundo que te iba a conocer jamás. Nunca te habría escrito tantas letras si creyera que ibas a quedarte. Nadie se queda. Y yo solo escribo a los finales, a las despedidas, al desamor, al dolor de los ojos cuando ya no pueden ver, al pinchazo en el costado cuando el invierno es tan largo y va por dentro, a lo efímero del sentir de toda esa gente incapaz de amar, a la necesidad imperiosa de que todo acabe aquí... Sólo se puede escribir a través de la nada más absoluta.
Te cogía de la mano tratando de encontrar en tus brazos todo ese soporte que tanto he anhelado. Hacía el amor contigo sólo por mi necesidad de sentirme humana y real. Sólo por mi búsqueda incansable de la eternidad. Solo por pagar mis deudas contigo. Solo por olvidarme de mí. No quiero hablar de tí. No quiero hablar de mí. Mi corazón está parado en mitad de la autopista y yo sigo agonizando dentro. El invierno que me has dejado es mucho mayor que el que venía conmigo. No hay nadie. Yo que nunca quise estar sola, sólo encuentro soledad. Yo que siempre he creído en el amor, sólo encuentro desencuentros. Yo, mitad dolor, mitad placer. Mitad magia. Mitad despedidas. Yo no soy de nadie. Ni siquiera de mí. Me has dejado con las ganas. Y te has quedado conmigo. Con los pedazos que quedaban de mi corazón después de este año sin luz que se alarga continuamente sin acabar de acabarse jamás. Golpeas bien. Lo haces bien. Fui solo una más de cientos. No sé como no pude darme cuenta. Hemos jugado a ser humanos tantas veces que a veces se nos olvida que no somos más que títeres vacíos, superficiales y fácilmente manejables en busca de una perfección totalmente idealizada e inexistente que jamás encontraremos. Se me hunde tu cuchillo en el costado cada vez que intento respirar. Tengo sed. Una sed mortal. Pienso en la absurdidad de una vida entera pidiendo perdón por ser yo. No se puede luchar. Te he buscado en el infierno, pero has sido tú quien me ha encontrado. Me has hundido en tu fuego. Sabías que te buscaría allí porque eres igual que yo. Has visto mi máscara, me la has arrancado y luego has jugado con ella como si realmente supieras que hay debajo de todo este cúmulo de carne y huesos. Sabía que no te gustaría lo que ibas a encontrar, pero aún así dejé que me la quitaras. A veces, las máscaras sobran, aunque debajo no haya nada ya. Me habías avisado. Tú siempre acabas matando. Siento no haberte creído. Veía tanta magia en tus ojos y tanta belleza en tu corazón que no podía imaginar que detrás de todo eso hubiese una persona que mata por el simple placer de ver morir. Me has matado pero tú no tienes la culpa de ser como tú. Sólo querías jugar. Yo solo quería calor. Solo quería tu calor. Protegerte de ti, espantar a tus fantasmas, hacerte creer, ilusionarte, matar tus monstruos. Esta vez no quería matar. Pero sé que en cosas del corazón uno siempre es el asesino y el otro el que va a morir. He muerto, amor. He muerto tantas veces que cada vez me cuesta más encontrar el camino de vuelta. No hay dignidad en tu forma de tocarme. No hay amor en tu manera de hacerme el amor. No hay verdad en tus palabras. Sé que pedirás perdón. Te perdonaré. Te perdonaré sólo porque el dolor del rencor es mucho mayor de lo que puedo soportar. Te perdonaré por mí. Porque mi corazón siempre se deshiela, porque estoy cansada de ser víctima, porque estoy cansada de la guerra y solo quiero irme a casa.
"Tu belleza no me llena". Un ruído inmenso en mi cabeza. No puede haber belleza entre tanta oscuridad, cicatrices y suciedad. Lo entiendo, amor. Te entiendo. Me he arriesgado y he fracasado. Me sobra valor. Me sobra intensidad. Me faltas tú. Me he vuelto a jugar la vida en una causa perdida. Y ahora río y lloro, y noto como el amor me rompe los huesos y me deja a la altura del betún. Se ríe de mí. Me usa, me consume, bebe de mis entrañas y luego me vomita. Yo solo puedo pensar en el final. Tenías razón. La vida es muy larga. Se me ha hecho muy largo el camino. Pero ya está, amor.
Ya hay paz.
Ya hay paz.
"Sé que tu reinado es falso. Y ves que yo lo he señalado y ya soy tu gran incomodidad. Sé que si no hacemos algo, el hielo durará mil años, ¿crees que alguien nos encontrará?"
Tú bailabas y sonreías y yo te miraba. Te miraba tratando de grabar en mi alma todos y cada uno de tus movimientos.Tus taras, tus deudas, tus miedos, tu fragilidad, el brillo en tus ojos, tu inmortalidad. Sabía que eso era lo más profundo que te iba a conocer jamás. Nunca te habría escrito tantas letras si creyera que ibas a quedarte. Nadie se queda. Y yo solo escribo a los finales, a las despedidas, al desamor, al dolor de los ojos cuando ya no pueden ver, al pinchazo en el costado cuando el invierno es tan largo y va por dentro, a lo efímero del sentir de toda esa gente incapaz de amar, a la necesidad imperiosa de que todo acabe aquí... Sólo se puede escribir a través de la nada más absoluta.
Te cogía de la mano tratando de encontrar en tus brazos todo ese soporte que tanto he anhelado. Hacía el amor contigo sólo por mi necesidad de sentirme humana y real. Sólo por mi búsqueda incansable de la eternidad. Solo por pagar mis deudas contigo. Solo por olvidarme de mí. No quiero hablar de tí. No quiero hablar de mí. Mi corazón está parado en mitad de la autopista y yo sigo agonizando dentro. El invierno que me has dejado es mucho mayor que el que venía conmigo. No hay nadie. Yo que nunca quise estar sola, sólo encuentro soledad. Yo que siempre he creído en el amor, sólo encuentro desencuentros. Yo, mitad dolor, mitad placer. Mitad magia. Mitad despedidas. Yo no soy de nadie. Ni siquiera de mí. Me has dejado con las ganas. Y te has quedado conmigo. Con los pedazos que quedaban de mi corazón después de este año sin luz que se alarga continuamente sin acabar de acabarse jamás. Golpeas bien. Lo haces bien. Fui solo una más de cientos. No sé como no pude darme cuenta. Hemos jugado a ser humanos tantas veces que a veces se nos olvida que no somos más que títeres vacíos, superficiales y fácilmente manejables en busca de una perfección totalmente idealizada e inexistente que jamás encontraremos. Se me hunde tu cuchillo en el costado cada vez que intento respirar. Tengo sed. Una sed mortal. Pienso en la absurdidad de una vida entera pidiendo perdón por ser yo. No se puede luchar. Te he buscado en el infierno, pero has sido tú quien me ha encontrado. Me has hundido en tu fuego. Sabías que te buscaría allí porque eres igual que yo. Has visto mi máscara, me la has arrancado y luego has jugado con ella como si realmente supieras que hay debajo de todo este cúmulo de carne y huesos. Sabía que no te gustaría lo que ibas a encontrar, pero aún así dejé que me la quitaras. A veces, las máscaras sobran, aunque debajo no haya nada ya. Me habías avisado. Tú siempre acabas matando. Siento no haberte creído. Veía tanta magia en tus ojos y tanta belleza en tu corazón que no podía imaginar que detrás de todo eso hubiese una persona que mata por el simple placer de ver morir. Me has matado pero tú no tienes la culpa de ser como tú. Sólo querías jugar. Yo solo quería calor. Solo quería tu calor. Protegerte de ti, espantar a tus fantasmas, hacerte creer, ilusionarte, matar tus monstruos. Esta vez no quería matar. Pero sé que en cosas del corazón uno siempre es el asesino y el otro el que va a morir. He muerto, amor. He muerto tantas veces que cada vez me cuesta más encontrar el camino de vuelta. No hay dignidad en tu forma de tocarme. No hay amor en tu manera de hacerme el amor. No hay verdad en tus palabras. Sé que pedirás perdón. Te perdonaré. Te perdonaré sólo porque el dolor del rencor es mucho mayor de lo que puedo soportar. Te perdonaré por mí. Porque mi corazón siempre se deshiela, porque estoy cansada de ser víctima, porque estoy cansada de la guerra y solo quiero irme a casa.
"Tu belleza no me llena". Un ruído inmenso en mi cabeza. No puede haber belleza entre tanta oscuridad, cicatrices y suciedad. Lo entiendo, amor. Te entiendo. Me he arriesgado y he fracasado. Me sobra valor. Me sobra intensidad. Me faltas tú. Me he vuelto a jugar la vida en una causa perdida. Y ahora río y lloro, y noto como el amor me rompe los huesos y me deja a la altura del betún. Se ríe de mí. Me usa, me consume, bebe de mis entrañas y luego me vomita. Yo solo puedo pensar en el final. Tenías razón. La vida es muy larga. Se me ha hecho muy largo el camino. Pero ya está, amor.
Ya hay paz.
Ya hay paz.
"Sé que tu reinado es falso. Y ves que yo lo he señalado y ya soy tu gran incomodidad. Sé que si no hacemos algo, el hielo durará mil años, ¿crees que alguien nos encontrará?"
domingo, 5 de octubre de 2014
Cama en llamas
"Te quiero. Nada más. Aunque el amor jamás nos haya servido para nada. Aunque estés lejos. Aunque tus taras y tus miedos me impidan tenerte. Eres mi "wish you were here" eterno. Te quiero. Te quiero a ratos. Te quiero entero. Te quiero frágil. Te quiero"
Hubo un tiempo en el que yo lo habría dejado todo por amor. Habría dejado que tu dolor se me clavara en el costado. Habría matado monstruos por tí. Te habría cuidado durante mil noches sin descanso ni quietud.
Y al final, te habría matado.
Te habría matado por amor.
Pero ya no.
Ahora ya no soy ni joven ni guapa ni feliz. Ahora te quiero sin culparte, sin temerte, sin tí. Te quiero libre y feliz. Te quiero por las mañanas y por las tardes. En mis momentos de sosiego y en mis mentiras. En mis ratos libres y en mis noches de tortura. Quédate. Afloja correa. Sigo aquí. Me levantaré cuerda y maldita por tí. Deja que los miedos huyan y arriésgate. El que no arriesga jamás gana nada. Tú ya has perdido demasiado. Búscame, sin miedo. Úsame, sin miedo. Hazme creer.
Quédate. Enloqueceme. Compartamos cama en llamas. Hazme tuya, antes de que en descuido me vuelva de otro. Sigues siendo un niño. Mi niño. Me enternece tu fragilidad. Ceniceros llenos. Botellas vacías. Vidas enteras destinadas a buscar la melodía.
Bien, quizás esta sea la ansiada melodía. ¿Seremos capaces de mantenerla viva?.
Jamás habrá sedales.
Jamás habrá verdades universales.
Ojalá me quieras libre.
Ojalá me quieras.
"Yo te querré deshecha.
Te querré en la roca viva.
Te querré en todos los versos que no quieran tus pupilas.
Yo te querré en la acequia.
Te querré en la cumbre fría.
Te querré cuando el fantasma de tu voz venga a por mí."
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