3285 días después del año de la esperanza, la vida sigue, pero ya sin esperanza . Pensabas que no podrías pasar de ese año, pero aquí sigues. Sé que algún día, el 29 de agosto será un día más para tí, pero ¿es eso lo que quieres? ¿olvidar el momento más mágico de toda tu vida?, ¿olvidar toda la belleza que había en tu corazón? ¿olvidar la inocencia, las ganas, la ausencia de miedo, la libertad de ser tú? ¿olvidar el amor?
Ojalá pudiera hacerte ver que la vida está llena de momentos de esos, de mucha más magia y de muchísima más ilusión, pero sé que nada de lo que te diga puede hacer que este 29 te duela menos. Es un 29 más, pero esta vez sabes que seguramente será el último. Siempre te han dolido demasiado las despedidas. Vives despidiéndote y nadie lo hace tan bien como tú. Sé que desearías que estuviera ahí contigo, ahora que dan las ocho y ya no hay marcha atrás. Un año más ha pasado y yo ya no puedo cuidarte más. Ni siquiera sabes si yo estaré aquí, lejos de tí, recordando todos y cada uno de los detalles de aquel 29 de agosto. Nunca te lo he dicho pero para mí también fue la primera vez. La primera vez que creí ser inmortal. Y eso te lo debo a tí. Sólo tú sabías hacerme inmortal. Sé que nunca moriré para tí. Sé que serías incapaz de matarme. Siempre me has querido mucho más de lo humanamente posible. Tu amor era demasiado grande para tu corazón y por eso siempre te quejabas de que te dolía. Necesitabas otro corazón para albergar toda esa pasión y esas ganas, y supongo que ese ha sido el problema. Yo nunca pude estar a tu altura. Siempre dos metros por debajo, siempre esforzándome, siempre claudicando. Tú lo sabías bien. No hay nadie tan fuerte como tú. Y te reías, mientras me mirabas, con esa carita de pena tuya, y yo sabía que nunca podría olvidar tu mirada pero aún así me fui. Me fui porque mi incapacidad para hacerte feliz me hacía sentirme muy infeliz. Ni siquiera fui capaz de pedirte perdón y eso es lo que más me duele. Sé que ya es tarde para disculpas. Tú sólo mereces que te deje volar. Siempre has querido volar, princesa, pero yo nunca fui capaz de mirar al cielo. No podía dejar que te quedaras en el suelo conmigo. La vida pasa y tú, pequeña gaviota, tenías que volar. Tenías que hacerlo por tí. Sólo importas tú. Bastante egoísta he sido contigo. Te he quitado tanto para nada. Yo no me he llevado nada. Pero te dejé sin nada a tí. Y aún así, tú seguías, buscándome siempre. En todas las caras, en todas las bocas, en todos los brazos, sin acabar de encontrarme jamás. Yo nunca estaba. Nunca supe estar a tu altura.
Sécate las lágrimas que esto ya no tiene solución y el final era de esperar. Por fin se acabó nuestra condena. Ahora puedes escribir tu propia historia sin finales, como siempre has querido. A veces, la gente se queda, princesa. Ojalá no te acostumbres a las despedidas. Ojalá yo pueda verte volar. Ojalá algún día encuentres a alguien que sepa volar contigo. Pero, recuerda, si no es así, no pasa nada. Tú no necesitas a nadie. Eres la persona más especial y más fuerte del mundo. Gracias por enseñarme tanto. Gracias por mirarme. Gracias por mantenerme vivo con tus historias. Jamás volveré a pedirte que respires por mí. Tú también eres lo que más he querido en la vida. Lo que más. A tu lado todos los días eran 29 de agosto. Vete y déjame atado. Coseré en silencio los hachazos que te fui dando. Me fumaré tus besos. Vomitaré tus nostalgias. No hay rencor. Sólo estás tú, princesa. Tú y tu vuelo, al fin.
*Yo seguiré mirando al cielo. Tú nunca quisiste volar.*
viernes, 29 de agosto de 2014
sábado, 9 de agosto de 2014
La crueldad de las palabras que no se dicen
Me digo que las palabras son siempre mentira pero lo cierto es que a veces parecen ser tan necesarias como el respirar. Un día te despiertas y apenas puedes hablar, pues las benditas palabras que nunca has podido decir te ahogan. Resistes. No hay otra cosa que puedas hacer. Confías en que el tiempo haga su trabajo, aún a sabiendas de que el maldito tiempo nunca se pone en tu lugar. Pero tienes fe. Es imposible sobrevivir sin fe. Buscas alternativas a esas palabras. Rezas porque algún día dejen de ahogarte y por fin puedan pasar a formar parte de la memoria, del pasado. Las escribes. Las quemas. Vuelves a escribirlas. Esta vez las guardas. Las lees y las relees. Las quemas. Las tiras. Las escupes. Cambian de destinatario, de tono, de forma, de vida. Pero, aún así, no parecen querer irse sin cumplir su cometido. Llegar a su destinatario. Morir en tus labios. Nunca sabrás como me siento. Mis palabras valen más que tú. Tú lo sabes. Yo lo sé. Batallas eternas contra uno mismo. La guerra ha acabado, pero las armas siguen cargadas. Me olvido de todo aquello que no puedo cambiar. Me refugio en otras palabras, en otros brazos, en otras vidas. No quiero hablar de mí. No quiero hablar de tí. Háblame tú de ti. Cuéntame. Dime porqué has decidido dejar de creer. Dime en que larga noche de invierno conseguiste librarte de todas las cicatrices que la mala vida te ha dejado. Enséñame a olvidar como olvidas tú. Enséñame a creer en las segundas oportunidades.
Ahogarse con las palabras que nunca has podido decir. Inventarte las palabras que siempre has querido oír. Soñar con ellas. Escucharlas en otras voces, sentirlas en otras pieles, verlas en otros ojos. Envidiar la retórica vulgar de la gente vulgar. Lo siento. Solo lo siento. Dos palabras. Ya no valen nada. No cambiarán nada. Pero moriría por poder escucharlas de tu boca. Te has equivocado. Lo sabes bien. No se puede vivir con tanto veneno. Dímelo. Escúpeme todo esa culpabilidad que llevas dentro antes de que acabe contigo. No dejes que te destroce. Solo son palabras. Sí, recuerdo muy bien que decías que si las palabras no son más bonitas que el silencio es mejor no decir nada. Pero quizás eso ya no funcione jamás. Quizás sea tarde para creer en algo así. Mírame a los ojos. Estos ojos que siempre han sido tuyos. Estos ojos en los que tanto te gustaba mirarte y dímelo. Dispara, yo ya estoy muerta. No dejes que nos maten a los dos. Sálvate. Sálvame. El tiempo pasa raudo y veloz y tus silencios cada vez valen menos. Mis maniobras de escapismo cada vez pesan más. Siempre sé lo que va a pasar. Lo sabes bien. Creo que todas las palabras que no hemos dicho nos van a destrozar. Sí, aún más. Siempre me ha dolido el silencio. Mis huecos solo pueden ser llenados con letras. Eres lo que más he querido en la vida. Sabes que no me cuesta decirlo. Mis ganas de buscarte siempre nos han salvado. Tus deudas. Tus taras. Tu capacidad de huida. Ese continuo querer y no poder, poder y no saber. Todo eso siempre formará parte de nosotros. Las palabras seguirán ahí aunque no las pronuncies. El miedo seguirá decidiendo por nosotros. He pecado por hablar demasiado. Tú por callar demasiado. Sé todo el amor que nos teníamos. Pero el amor nunca nos ha servido para nada. El amor no es nada sin nosotros. Nosotros nunca seremos nada sin palabras.
Se me ha agotado la esperanza. No sé cual es el camino a seguir ahora. No sé que hacer con todas estas madrugadas llenas de todo menos de verdad. No sé cómo hablar. Mis palabras ya no encuentran la manera de salir. Sólo hay silencio en esta cárcel de deshechos. Me están quitando la vida. Quiero, pero ni puedo ni sé. No me entiendo cuando me escucho ni me escucho cuando me oigo. No sé hacerlo peor. Pero espero. Siempre estoy esperando.
"He amado y he odiado a las palabras y espero haber estado a su altura. "
Ahogarse con las palabras que nunca has podido decir. Inventarte las palabras que siempre has querido oír. Soñar con ellas. Escucharlas en otras voces, sentirlas en otras pieles, verlas en otros ojos. Envidiar la retórica vulgar de la gente vulgar. Lo siento. Solo lo siento. Dos palabras. Ya no valen nada. No cambiarán nada. Pero moriría por poder escucharlas de tu boca. Te has equivocado. Lo sabes bien. No se puede vivir con tanto veneno. Dímelo. Escúpeme todo esa culpabilidad que llevas dentro antes de que acabe contigo. No dejes que te destroce. Solo son palabras. Sí, recuerdo muy bien que decías que si las palabras no son más bonitas que el silencio es mejor no decir nada. Pero quizás eso ya no funcione jamás. Quizás sea tarde para creer en algo así. Mírame a los ojos. Estos ojos que siempre han sido tuyos. Estos ojos en los que tanto te gustaba mirarte y dímelo. Dispara, yo ya estoy muerta. No dejes que nos maten a los dos. Sálvate. Sálvame. El tiempo pasa raudo y veloz y tus silencios cada vez valen menos. Mis maniobras de escapismo cada vez pesan más. Siempre sé lo que va a pasar. Lo sabes bien. Creo que todas las palabras que no hemos dicho nos van a destrozar. Sí, aún más. Siempre me ha dolido el silencio. Mis huecos solo pueden ser llenados con letras. Eres lo que más he querido en la vida. Sabes que no me cuesta decirlo. Mis ganas de buscarte siempre nos han salvado. Tus deudas. Tus taras. Tu capacidad de huida. Ese continuo querer y no poder, poder y no saber. Todo eso siempre formará parte de nosotros. Las palabras seguirán ahí aunque no las pronuncies. El miedo seguirá decidiendo por nosotros. He pecado por hablar demasiado. Tú por callar demasiado. Sé todo el amor que nos teníamos. Pero el amor nunca nos ha servido para nada. El amor no es nada sin nosotros. Nosotros nunca seremos nada sin palabras.
Se me ha agotado la esperanza. No sé cual es el camino a seguir ahora. No sé que hacer con todas estas madrugadas llenas de todo menos de verdad. No sé cómo hablar. Mis palabras ya no encuentran la manera de salir. Sólo hay silencio en esta cárcel de deshechos. Me están quitando la vida. Quiero, pero ni puedo ni sé. No me entiendo cuando me escucho ni me escucho cuando me oigo. No sé hacerlo peor. Pero espero. Siempre estoy esperando.
"He amado y he odiado a las palabras y espero haber estado a su altura. "
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