La vida siempre te acaba quitando lo que te da. Y no importa las veces que trates de asumirlo, la esperanza es un tormento aún mayor que la resignación.
Siempre vuelven esos días en que salir a la calle es una hazaña y tú ya no miras a ambos lados de la carretera al cruzar. Solo caminas. Caminas únicamente con el propósito de encontrar una droga que te salve y que te mate. Luego vuelves a tu casa, enciendes el décimo cigarrillo del día y trazas planes y maneras de dejar de sufrir sin que eso haga sufrir a quienes quieres. Querer es una cárcel de la que vas a escapar. Querer no va a ser el motivo de seguir viva. Que te quieran podría serlo, pero estás demasiado jodida y cansada como para creer que alguien como tú pueda tener la suerte de que alguien le necesite, le prefiera, le elija, le quiera, le salve. Ni siquiera puedes contar contigo misma y ese es un cuento que ya te sabes de memoria y no quieres volver a escuchar.
Has luchado tanto y todo ha sido en vano... Sientes pena por ti. Nadie puede salvarte de ti misma y quién puede acaba escapando del sufrimiento de tener que ayudar a alguien que nunca ha querido salvarse. ¿Como renacer si solo quieres convertirte en cenizas? Por lo menos siempre has tenido la habilidad de ayudar al prójimo. Más que a ti misma. Sólo al prójimo. Eso es un buen epitafio. "Nunca pude salvarme de mí misma pero alguna vez logré salvar a mis amigos."
Siempre vuelven esas noches en que ni las pastillas pueden ayudarte a conciliar el sueño, porque el miedo te gana todas las partidas. Te deja adormilada, inútil, pero siempre en guardia, no vaya a ser que te duermas y al despertar tengas que volver a recordar que no tienes nada a lo que aferrarte y ningún motivo para abrir los ojos. Sola como siempre y sola como nunca, porque nunca se está tan sola como cuándo has tenido a alguien que te protegía en su pecho y tú podías ser un ovillo herido eternamente sin el dolor continuo de ser uno mismo y a la vez otro. Ahora eres un ovillo roto que solo quiere huir de si mismo, y no mirar atrás... ni adelante. Ha sido muy largo el camino.
No duele marcharse porque al menos te has concedido una segunda oportunidad. Duele quedarse y saber que estás destinada a repetir siempre la misma historia. Duele querer y haber sido querida y no haberse dado cuenta hasta el final del trayecto. Duele el dolor ajeno. Duele no haber superado ese inmenso vacío de no tener quién te agarre de la mano y te diga "si prometes salir de esta, prometo no soltar tu mano hasta que todo haya acabado.". Pero no hay nadie y tú estás lejos de todos los que alguna vez te han querido. Ahora les recuerdas a todos y desearías poder hablar con todos y cada uno de ellos pero ya no están. La gente te quiere y te olvida y sigue sin tí, mientras tú te quedas anclada a todas esas personas que han calentado tu corazón.
Ahora, que estás lejos de casa y ni siquiera consigues que ninguna canción ni palabra te arrope. Ahora que estás lejos de casa y la noche empieza a caer, vuelve a sonar en tu jodida cabeza esa nana cruel que llevas toda la vida tratando de evitar. Duerme, que el día se acaba, la vida se agota, y nadie puede obligarte a despertar mañana. Duerme que ahí afuera no hay nadie que pueda salvarte sin que tú le destroces antes. Duerme que ha sido muy largo el camino y ahora por fin ves el final a tanto dolor. Es cruel pero es la canción de tu vida. Duerme que pronto estarás a salvo de ti misma y pronto estarán a salvo de tí. Duerme y mientras duermes alguien te hablara de amor para que así no duela tanto desapegarse de la vida. Duerme que nadie te espera ya. Duerme, corazón, que bastante has llorado y el mundo solo es esto. Guerras, enfermedades, pobreza, desamor, traiciones, violaciones, penas, dolor, mentiras, falsedades, despedidas, finales, dependencias, mezquindad, olvido y la certeza de que nunca has formado parte de él. Duerme, que ya sabes que no, que ya no importa y que no hay más fuerzas en tu corazón. El dolor físico es insufrible.
Ahora que estás tan lejos de casa, enciendes otro cigarrillo, ves toda tu vida pasar ante tus ojos y piensas si habrá alguien que no sepa que le has querido. Ojalá que no. Ojalá no quede nada pendiente. Te abrazas a ti misma. Es doloroso despedirse de la conciencia de ser.
La vida ha sido larga y cruel, pero os he querido. Os he querido a todos. Y querer siempre merece la pena. Esto nunca se ha tratado de vosotros. Nunca os culpéis. Esto siempre ha tratado de mí. Hay gente que simplemente no puede, no entiende, no consigue, no gana, no sabe. Sólo es eso. Tengo que salvaros de mi alma putrefacta que a todos ahuyenta. El fin de la eternidad solo trae paz a los corazones que nunca se cansan de sufrir. Y es insoportable el sonido de un corazón cuando se rompe en pedazos tan pequeños que, por fin tienes una certeza, la única de tu vida: Es imposible reconstruír un corazón cuando se han perdido todos los pedazos en medio de este inmenso campo de batalla al que llaman vida. La guerra ha acabado. Las hogueras se apagan. Por fin la paz.