martes, 24 de noviembre de 2015

Infancias mal curadas

Acababa de empezar el primer día del final, cuando entre lagrimas me dijiste "me has alegrado la vida mucho estos meses tan crueles.". Yo entendí "te quiero" y respondí "y yo a ti. Mucho.". Pero no había te quieros ya y yo no me di ni cuenta. Supongo que nadie es más fácil de engañar que aquel que quiere ser engañado y cariño, tengo un montón de sueños que llevan el nombre de tus mentiras. Luego me marché con mis sueños frustrados y mis miedos eternos y me aferré fuerte a tus "te quiero" de papel tratando de encontrar un poco de calor en tu ausencia. Me aferré tanto que, aunque tú no lo sepas, no he vuelto a soñar nada. Fue un perfecto descontrol. Una sublime maniobra de escapismo patrocinada por un "yo ya he sentido esto antes y no.". Un cuarto sin ventanas que conocía perfectamente, por eso no huí el día que asumí que si tú me quisieras, yo no tendría tanto miedo de perderte. Quizás. Una maravillosa desintegración. La misma decepción. La misma mierda en otros ojos. No comprendo porqué no encontré la salida de emergencia. Supongo que siempre me ha parecido más fácil de lo que en realidad es, ir en contra de mi voluntad, de mi corazón que todo lo sabe y nunca acierta. Supongo que nunca quise encontrarla, que yo solo quería quemarme contigo (y matarme contigo si te mueres, y morirme contigo si te matas.).  Gracias a Él aprendí a desintegrarme sin dolor y gracias a tí he aprendido a ser mi único soporte, a asumir que sólo me tengo a mí misma. Y a veces, cariño, ni eso.

Pasaron los días y tuve que volver. Lo siento pero tuve que volver. Entonces me hablaste de la belleza, la admiración, la inteligencia, la valentía, la bondad, la ternura, la luz y les pusiste mi nombre y yo volví a entender "te quiero" y otra vez era mentira y tuve que correr. Pero ya me habías atrapado y no pude negarlo y yo era tan culpable que ni siquiera pude contarles, que tú eras tú, pero que no querías ser nosotros. Tuve que esconder las heridas. Tuve que volver a arrancarme el corazón para que no pudieras quitarmelo y pensé en que debería dejarte, irme lejos y jamás volver. Pero era inútil negarlo. Ya me habías hecho perder. Tu puñalada por la espalda casi sin querer y mi manera casi enfermiza de esconder la herida que tú me habías provocado me dejaron inmune a todo mal. Y entonces tú ya no me importabas. Y sólo fuiste uno más de cientos. Me convencí de que llegados a este punto ya no era de recibo abandonarte y me quedé, pero nunca pude hacerlo bien. Y te mentí, te apuñalé, te grité, te lloré, te odié, quise matarte, deseé que nunca hubieras nacido. Y tú, un poco por inercia, otro poco por pasividad, me perdonabas todo, porque te daba igual. Yo te daba igual. Siempre te había dado igual. La tierra prometida nunca había existido.

Me he pasado la vida entera tratando de creer en algo. He desperdiciado la vida entera. Nos separan años luz, pero te recuerdo por ser lo único real en todos estos años sin luz. Ahora bien, yo ya no sé si tú seguirás leyéndome dentro de un tiempo, pero jamás haría nada que imposibilitase que tú y yo podamos tener un futuro juntos, lejos de mis temores y de tu infancia mal curada.




"No voy a abandonarte a estas alturas."

miércoles, 18 de noviembre de 2015

De veras

¿Como lo hacemos ahora? ¿Como volver a ser nosotros sin dejar de ser tú y yo? Te echo de menos y apenas siento nada. Sólo presiento. Presiento que te echaré de menos hasta que la vida se rompa y que acabaré arrepintiéndome de no quedarme a tu lado para verte crecer. Me veo a mí misma en mi lecho de muerte lamentando no haberte dedicado más que un mísero año de mi vida. Ojalá fueras uno más, como yo lo soy para tí. Solo un ser humano más. Pero no. Y temo al arrepentimiento del final, el de no haber disfrutado de tu presencia todo lo que la vida me permitiese. No entiendo. Hace un rato nos estabamos riendo a carcajadas en tu coche. Echo tanto de menos tu casa... Las risas, los abrazos, las películas tontas, las cenas compartidas, los paseos de la mano por la playa y tus ojos. Ya lo sabes. Siempre echaré de menos tus tristes, grandes y pueriles ojos verde esperanza. Una esperanza que ahora ya no existe. Se ha ido como tus ganas de verme, como mi disciplina, mis sueños y tus consecuencias. El círculo se cierra porque así ha de ser, aunque jamás llegue a comprender el motivo real. Nada es tan triste como decir adiós para siempre a quién quieres para siempre. Nada que me provoque más impotencia que haber asumido todas las consecuencias para al final quedarme sin nada. Nada peor que la ausencia, el desapego y la distancia para quién quiere, de veras. De veras, te quiero.

Siempre serás un niño para mí. Y siempre mi niño, pero nadie nos recordará (ni nosotros mismos). Y no hemos logrado cambiar el mundo (ni a nosotros). No hemos logrado más que daño y rencor y destrozar nuestro hogar. No hay noticias. No nos ha separado la vida. Nos hemos separado nosotros.¿Como podría perdonar algo así?. No puedo. No quiero. No debo.

Eras lo único innegable y ahora yo tampoco creo en nada. Ya no espero nada. Ya no pienso nada. Ya no acepto ni admito. Quiero estar dormida y que puedas alumbrarme en la oscuridad.



"Solo es eterno quién nunca existió"





domingo, 15 de noviembre de 2015

Fragmentos

Está nublado y estoy muerta de frío. Ya no sé que hora es. El tiempo transcurre de manera muy diferente según tu estado anímico, según lo que estés esperando.
No sé donde estás, quizás justo a mi lado pero te siento tan lejos... No sé dónde te has quedado. No comprendo porqué has decidido irte sin mí.

Hace frío y ya es de noche, como quién juega con "te quieros" escondidos en miradas, instantes, fragmentos pero jamás en palabras. Somos fragmentos de algo que quisimos ser, retales de valores que quisimos imponernos a sabiendas de que no cumpliríamos y seres vivos que no han elegido estar aquí y no saben muy bien como acabar con esta existencia condenada al vacío y a la atrocidad más aterradoras, experimentos fallidos. Tú y yo solo somos líneas paralelas que se han unido una vez en cuerpo y alma, solo una vez, para no volver a tocarse jamás. Y todavía no se me ha ocurrido nada más triste que un "jamás".

Ya no me duele tanto que no me quieras. Me duele el frío en las manos y el costado, los pies y los ojos. Me duele esta calle y la carencia de hogar. Me duele la crueldad de haber pasado de niña a mujer en un abrir y cerrar de ojos, sin estar todavía preparada para la soledad, la desconfianza y el recelo, propios de la edad adulta. Me duele no sentirme parte de nada ni nadie, ser la única que no se ha enterado del chiste y ríe tratando de ocultar su ineptitud y falta de sentido común, su incapacidad para comprender porqué alguien que te quiere permite que te rompas en cien mil pedazos, sin mover un dedo para tratar de impedirlo. Me duelen los miedos y los infinitos cada vez más largos, la marcha atrás y el no saber aceptar que no debo esperar nada de ningún ser humano. Esperar siempre duele. Duele esperar que me salvéis de mis sombras y acabar sola, pequeña y frágil, vagando por calles oscuras, frías y sin corazón, sin rumbo, sin hogar, sin nadie que me espere en ningún sitio. Duele no sentirse joven siendo tan joven y esperar la muerte como quién espera que nazca su primer bebé, ese que lleva buscando años y años. Ese que le salvará de si mismo, de su vacío, de su individualidad, de su soledad, de la falta de sentido de su existencia.

Ya ni me duele que no me quieras. Me duele que no me entiendas. Me duele haber confiado tanto. Me duelo. Me duelo a mí misma. Me avergüenza no haber sido capaz de ser un poco menos humana, y me avergüenza aún más haberme rendido en esta batalla eterna con mis demonios que ha sido mi existencia. Yo ya no puedo más. Y es imposible explicar mi rotura irreparable a personas que siempre han conseguido buscar el sentido de las cosas y autocurarse.

¿Quién es realmente el asesino? ¿El que posee el arma o el que la usa?."La vida nos es fatalmente dada" que decía Cortázar. ¿Cuál es entonces el pecado? ¿ La obligación impuesta de vivirla o el decidir que ya no quieres jugar más?.

Nos han engañado a todos y nosotros nos hemos engañado a nosotros mismos, así que ahora ya no podremos creer en nada jamás. Esta vida iba a ser otra pero algo ha salido mal. No hay pecado si no hay pecador. No hay dolor si no hay imposición. No hay principios si sólo puedes visualizar tu final.

Paris n´existe pas. Lo sé. Lo sé. Mas no lo acepto, así que, au revoir, mon amour. Au revoir, mon monde. Au revoir, ma vie.





jueves, 12 de noviembre de 2015

Si no es amor que no sea nada

"¿Y ahora qué?" me dices entornando tus ojos de mar, mientras esperas que yo tenga la solución que tú jamás has sabido darme. La solución a tanto dolor gratuito y a tanta destrucción en nombre del amor, de un amor que se nos ha escapado de las manos y al que ya sólo podemos regresar a través de imágenes, objetos, y sueños. Tantos sueños y tantas esperanzas desvanecidas que ni siquiera creo ahora que alguna vez tú y yo hayamos sido lo mismo, vivido lo mismo, sentido lo mismo. "Tú y yo ya no nos queremos y por eso no nos vemos" grita Tulsa y es tan lógico y coherente que no puedo más que imaginar abismos, muertes violentas y botellas vacías.
No quisiera olvidar el mundo que tú me enseñaste pero sospecho que lo haré. Sospecho que serás otra foto en blanco y negro que volveré a mirar dentro de veinte años para cerciorarme de que realmente has existido, aunque fuese de una manera tan efímera que, hacerte un lugar en el baúl de las nostalgias es incluso un trabajo absurdo. Pero supongo que hay personas que valen más que el tiempo que duran e imagino que tú durarás en mí mucho más tiempo del que yo duraré en tí. Tú nunca morirás, aunque yo ya estuviese muerta antes de saltar. Es sólo que no quiero más puñaladas por la espalda, casi sin querer. Nada duele más qué que te hiera quién supuestamente te quiere. Nada duele tanto como herir a quién quieres por encima de todas las cosas. Probablemente te recuerde siempre por todo lo que pudo haber sido y no fue, por ser aquel amor que se acabó sin ninguna razón mucho tiempo antes de haber empezado, por todas las palabras que se dijeron demasiadas veces y por todas las noches en las que yo solo te tenía a ti, y no tenía nada. Y tú no estabas y yo creía que sí, pero sólo eran voces y abrazos de mentira y yo podría haber sido otra, y todo habría sido exactamente igual para tí. Pero yo era yo y jamás podré perdonarte que me hayas confundido con otra. No soporto tu falta de amor. No concibo haber sido una más de cientos pero ahora al fin comprendo que ni siquiera me has rozado. A estas alturas sólo se me ocurre disculparme por quererte de esta forma tan incondicional y poco convencional. Es mucho más de lo que cualquiera podría llegar a soportar. Lo siento todo mucho. Lo siento todo, mucho.

He decorado mi habitación con todas tus cosas para recordar que una vez tuve un amor que parecía real, para no olvidarme de tus ojos de gato, para abrazarlas en las frías noches de invierno venideras pero, ¿y ahora qué, ojos de gato? ¿Ahora qué? Dime tú qué puedo hacer yo más que arrancarme el corazón del pecho si tú no vienes, no llamas, no hay flores ni bombones, ni mensajes de buenas noches, ni abrazos de esos, ni un "te echo de menos", tampoco un "pagaría las consecuencias de lo que fuera por tí". Dime tú, mi amor, qué puedo yo hacer más que olvidar al amor y morirme de ganas, mientras trato de convertirme en piedra firme, fría y serena y tú me recuerdas con tu ausencia que "contigo sólo puedo perder". Por favor, si no es amor que no sea nada. Por favor, haz que sea amor.




"...Y jugamos a ser humanos en esta habitación gris. Y jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir. Tengo sed y estoy tragando. No quiero no estar a tu lado. Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos."

viernes, 30 de octubre de 2015

Ne me quitte pas

Cuando el punto final llegó yo aún no estaba preparada para ello. Es por eso que cuando todo se oscureció de pronto, yo solo pude quedarme quieta, agarrar mi corazón para evitar que se saliese del pecho y negar con la cabeza. Negar que tú eras lo mejor que me había pasado. Negar que tus ojos me habían salvado de una muerte en vida. Negar que tu cama era mi lugar favorito del mundo. Negarte y negarme, a la vez.
Fue otra trampa al corazón. Una de tantas otras, pero en aquel momento no era posible la existencia de otra tan corrosiva. En este momento tampoco. Aún no sé si te quiero por todo lo que eres o por todo lo que sé que llegarás a ser. No sé nada de la vida y aún así me atrevo a amarte por encima de toda la humanidad, desafiando al tiempo y a la distancia, a la lógica y a la dignidad. Y dime tú que no. Anda, dime que no. Convenceme de que no puedo. Engañame y dime que esto no es real y que nada nos une, salvo mis ganas. Dime que todo ha sido cosa mía, que yo te he creado y te he repudiado, mientras tú solo pasabas de puntillas por mi vida.
Pero yo te quiero, y a veces, esa es la única explicación válida que puedo darle a este sinfín de desaciertos y agonías en las que he convertido nuestro pequeño infinito. Un infinito que nos atrapa y consume, que hace que tantos planes y esperanzas acaben en una cadena perpetua de silencios y dolor.
Yo aún no estaba preparada para desintegrarme contigo y quise aferrarme con fuerza a tu pecho, tal vez, diciéndote entre suplicas que por favor tú no. Ne me quitte pas. Tú no. Por favor. Pero creo que tú te marchaste. O quizás fui yo. Quizás me fui yo, cansada de tanta despedida, de tanta puñalada accidental por la espalda, de causalidades y casualidades, de llevarme todo a lo personal, de tácticas y juegos, de temblar de miedo esperando un final que nunca llega, de vivir en la decadencia, de no saber nada de principios, de apuñalar casi sin querer, de no conocerte, de estar siempre a punto caer.
No, no lo estaba y quizás debiste haber mirado mis ojos, antes de regalarme otro final enquistado o simplemente quererme porque sí, y no sólo por culpabilidad. Sé como son las cosas cuando todo cae, pero hubiera dado mi vida por poder confiar en tí, una vez más, tan sólo una vez más. No sé, a veces escribo, pierdo el contacto con el exterior y sólo estoy yo. Y entonces es cuando más te quiero, y ya no me importa que manos tocan tu piel esta noche ni de quién es la primera cara que ves por las mañanas, y solo recuerdo que, quizás, perdamos mucho los dos si dejamos de mirarnos a los ojos y arroparnos con tanta ternura que el mundo no puede más que contarnos las pestañas. Yo no soy capaz de concebir un futuro sin tí y eso es todo lo que tengo que darte, que es todo y a la vez no es nada, en comparación con todo lo que tú y tus ojos de mar, podríais llegar a alcanzar con solo parpadear. Así que tú solo, déjate llevar, olvida este adiós que tenemos pisándonos los talones, olvida mi falta de respuestas, olvida que quizás yo no soy ella, mis torpezas, mi facilidad para ignorar que hay personas que no tienen corazón. Olvídalo todo y vén, házme tuya con tus dedos y muestrame como sería el mundo si yo fuera ella. Quítame la ropa y las penas y dame aliento con tu boca. Déjame tus alas. Nunca me falles. Yo te quiero también cuando tú no me ves y eso amor mío, eso solo puede llevarme a la felicidad más absoluta o al dolor más desgarrador. Pero tú, por favor, no vuelvas a hacerlo.
Ne me quitte pas. Ne me quitte pas.

lunes, 26 de octubre de 2015

Contigo solo puedo perder

Al final lo hicimos todo mal. Y al final, el final es lo que importa. Tampoco vamos a poder olvidar todas las vueltas que hemos dado para llegar hasta aquí. Aquí, a este pseudofinal pseudocordial y frío como el hielo, que me hace no querer hablar de nuestra pseudohistoria de pseudoamor jamás. A este lugar en el que los abrazos que me das, no son para mí, solo son para tí y yo me muero de ganas de decirte que. Pero no lo haré. No, esta vez no lo haré.

Yo siempre te he querido. He querido todo eso que representabas para mí y la enorme ilusión de haber encontrado al fin a alguien con el que preguntarme porqué, para qué, a santo de qué. Todas las preguntas sin respuesta que nos hacíamos juntos, arreglando el mundo, y buscando alternativas, se han convertido en un enorme interrogante para mi corazón, y ahora querría regresar a mi planeta. Y me encantaría que tú te vinieses conmigo, pero supongo que tú no quieres venir. Supongo que tú nunca has querido venir.

No puedo dormir ni alcanzo a entender como es que al final lo hemos hecho todo tan mal. Yo creía en tí, en tu amor y en cruzar puentes con solo mirarlos. Habría creído en las segundas oportunidades y en el infinito si tú me hubieses dado la mano, aunque solo fuese un rato. Pero tú no. Y aún no comprendo como has dejado que me olvide del olor de tu piel. No me salen las cuentas de la vida, desde que tu bondad te ha permitido dejar mi corazón hecho añicos. Eres un ángel maldito.

Era invierno y yo debería haberte dejado, irme lejos y no volver. Pero no pude. Todas las palabras que nunca me dijiste y todo el falso calor de tus abrazos me atraparon. Nunca pude decir que no. Ahora vuelve a ser invierno y yo solo me arrepiento de no haber sido lo bastante combustible, como Julio. Sólo de eso. Ahora yo vuelvo a ser invierno y tú ya has perdido la cuenta de todas las veces que has pasado de puntillas por un corazón.

Sí, contigo solo puedo perder.
Sí, conmigo solo puedes perder.



martes, 13 de octubre de 2015

Extraterrestre.

Siempre hemos estado demasiado cerca para poder hablar de amistad y extremadamente lejos del amor. Quizás, por eso, he odiado y he amado las etiquetas. Y jamás he sabido estar a su altura. Puede que por eso, huya de ellas como de la peste, esperando, sin éxito, que su ausencia me devuelva la estabilidad que tu jamás has podido darme.
No alcanzo a recordar en que momento lo fácil se ha vuelto tan difícil de manejar, ni puedo comprender el porqué de tantas negativas, cambios de sentido y lagrimas. Puede que tú jamás hayas conocido al amor, pero yo he llorado más de mil noches por sus cadenas y su forma tan inteligente de dejarme sin nada de un plumazo. He sufrido su vacío, su incoherencia, su posesión, su ridiculez y la locura transitoria que lo invade todo. Como Sartre creo que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita energía, generosidad, ceguera...y si uno reflexiona jamás lo hace. Yo tampoco saltaré nunca más de ese precipicio.

Ahora yo me marcho de este lugar que jamás ha sido mío, escapando una vez más de mi corazón, de tus ojos llorosos y de la mentira de los míos. De tu mentira y del dolor de llegar siempre a deshora a todas partes. Preferiría no tener que contarte todas las cosas que he tenido que ver, ni todas las veces que he pensado que la humanidad es una especie condenada a la absoluta destrucción propia y ajena. Me gustaría no ser yo, para poder estar a tu lado. Sonreír de veras cuando me acuerdo de tu voz y permanecer. Permanecer, por fin, a pesar de las palabras que nunca me dijiste o gracias a ellas o sin desearlas tanto como deseo la paz. Sea como fuere, me gustaría ser cualquier cosa que me acercase a tu corazón y me alejase de la inestabilidad que me provocan mis pies. He llegado a destiempo a tu vida y eso es algo que no podré perdonarme jamás.

No hay barcos imposibles de hundir, ni palabras mágicas ni siquiera motivos o razones para quedarse en este planeta, perdida como un extraterrestre fuera de su hábitat, como una carta sin remitente, como las botellas que se estrellan contra el suelo, cuando nada vale nada. Pero puede que. Quizás si. Igual si en algún lugar de ti existe el deseo de que permanezca, quizás sí, quizás no necesite nada más que tus ojos diciendo "sí". Puede que haya cubierto el cupo de noes y no encuentre más solución que huir, volar lejos y empezar de cero. No necesito más valentía que la que me da esta vida vacía de tu amor y vacía de sentido. No necesito nada más que cuatro libros y mis manos para ovillarme cuando todo se vuelva gris. Siempre ha sido así.

Me iré, incluso a sabiendas, de que todos los lugares del mundo me llevarán irremediablemente de vuelta a ti. Aunque tú no lo sepas. Aunque ya nada importe.










"Me gustaría regresar a mi planeta. Lo he visto todo aquí. Ayúdame a llenar esta maleta, ya que no quieres venir..."








miércoles, 23 de septiembre de 2015

Hágase tu voluntad

¿Quién eres tú para romperme el corazón cada vez que me miras? ¿Por qué no puedo quitarme de la cabeza tus ojos grandes, tristes, verde esperanza, desgarradores, muertos...?
Te he amado después de la guerra, tan sólo buscando un poco de paz, y me he encontrado otra guerra, más absurda, más inútil y más dolorosa que la anterior.
¿Qué es lo que te falta? ¿Qué andas buscando sin parar?

No volverás a verme. Quizás era eso lo que querías. Quizás era el punto al que debíamos llegar. Yo sólo quería sentir paz dentro. Sólo quería que tus brazos me sacaran del infierno de ser siempre yo misma y otra. He buscado la paz en la incertidumbre de tu voz al otro lado del teléfono, la claridad en tus manos que tiemblan como las hojas en otoño, la vida en la muerte que son tus pestañas, la verdad en esos once minutos en los que te liberas de la pesadumbre de una vida de soledad.
Te presté mi cuerpo como lugar donde morirse siempre que las cosas fueran mal. Mi voz como apoyo en esas tormentosas tardes de resaca en las que solo quieres que alguien te abrace. Te di mi corazón gastado, usado y malherido para que lo curaras y me lo has devuelto muerto. Has matado los últimos retales de esperanza que quedaban en él, y ahora sólo eres para mí, ese lugar donde todos los sueños se mueren, antes de nacer, mucho antes de nacer.

Tu vida es un desastre. Detesto tu cobardía, tu falta de decisión, la manera ridícula en que justificas tu argumento para una vida completamente carente de sentido. Detesto el mohín de falsa pena que me dedicas cada vez que doy mi vida en el intento de salvarte. Me da asco tu punto muerto y la mentira que hay en esa ternura de la que presumes. Me dan asco tus manos buscando el roce de cualquier piel que le haga olvidarse por un segundo de si mismo, tu falta de poder de selección, que todo sea suficiente para tí, que te quieras tan poco y que transmitas esa falta de amor propio a quién te rodea. Odio que me mires como si me quisieras pero odio aún más que uses esas palabras en vano. Nadie hace daño a quién quiere. Jamás. Tu falta de empatía hace que el amor llore de pena y tu falta de amor al prójimo hace que yo me retuerza del dolor de pensar que una vez dejé mi vida en tus manos, para que la destruyeras, la escupieras y la pasearas por todas tus tragedias.

Te odio. Te odio tanto que me das pena. Nadie había generado tanto odio en mi ser. Hágase tu voluntad. Morirás solo. Toda tu vida será una réplica barata de la de un humano común. Sálvame. Muérete. Vete lejos. Piérdete. Muérete. Apágalo. Llévate la fe, las ganas, los últimos retales del incendio. Llévate mi vida, mis ganas de existir, todos mis motivos y el esfuerzo que hice por salvarnos. Te perdono, ¿serás capaz de perdonarte a tí?. Espero que no. Espero que jamás puedas perdonarte, majestad.

Tu vida es una completa mentira. Ellas jamás serán yo. Tú jamás serás él. No volveré a apiadarme de ti. Nadie te conocerá. Nadie te comprenderá. Te morirás solo. Te mereces lo que tienes. Has perdido. Y yo he vuelto a ganar, perdiéndo(te).


Quédate en tus infiernos y no salgas jamás.
Hágase tu voluntad.










lunes, 21 de septiembre de 2015

Adiós.

A veces uno necesita mirar atrás para comprender en que punto de su vida las cosas empezaron a ir tan mal. En que hora, en que amanecer y en que puto momento, el corazón decidió empezar a latir tan lejos de la paz. Pero nadie escucha lo que digo. La soledad me oprime y ahora sé que la única verdad que he rozado es aquella de que ahora ya no confiaré nunca más en nadie. Yo también he fingido ser feliz para tratar de engañar a la tristeza que me oprime en el pecho, impidiéndome respirar, enseñándome que la muerte siempre acecha, como el cansancio los lunes por la mañana, como quién se va, queriendo con toda su alma, como quién espera sin ninguna esperanza.

Ojalá pudiera volver atrás. Al final, todos queremos volver atrás y jamás lo conseguiremos. El mundo espera que aguantes. Nadie comprenderá jamás tus "no puedo más". Sólo serán palabras para los demás. Y tú mientras tanto, te acuestas todas las noches sumergida en un mar de lágrimas, lágrimas que saben a mar, como tú. Y creerás que no podrás dejar de llorar, pero acabas durmiéndote, ahogando tus lágrimas contra la almohada. Porque hasta eso se acaba. Incluso el llorar es efímero. Todo lo es. Tú también. Y yo.

Algunas noches quizás tengas la suerte de dormirte entre "si pudiera", quizás esas noches la esperanza gane terreno y tú aún puedas creer por unos segundos que todo esto se puede encarrilar. Serán días felices, en los que la espera será más fácil, en los que el tiempo se te marcha entre sonrisas por ese "algún día" que quizás llegue algún día. ¿Quién no ha sobrevivido simplemente de la esperanza de poder vivir algún día? Quizás mañana sea mejor. Y así, todos los días.

La primera entrada de este blog terminó con un "ahora que no confiaré ya nunca más en nadie" y hoy, muchos lustros después, después de haber intentado con todas mis fuerzas volver a agarrarme a un brazo firme y sereno, para dejar de caerme, solo pienso en esa frase tan devastadora, y en otra, que quizás lo sea más:


"¿Qué me has hecho? Me quitaste la vida. Solo pienso en la muerte."


Por eso, aunque me muero de ganas de pedirte que por favor te quedes, que me ovilles en tus brazos porque muero del cansancio, que me quieras solo un día más, que me dés un motivo para creer.... Aunque me muero de ganas de decirte que por favor nunca me abandones, te digo adiós.

"Adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti."





Ahora. Ahora que no confiaré ya nunca más en nadie.





jueves, 10 de septiembre de 2015

(Des)esperar

Yo, que tanto detesto esperar, no recuerdo haber hecho otra cosa a lo largo de mi vida. Quizás lo que rechazas, te busca. De lo que huyes, te encuentra. Quizás es que estoy neuronalmente programada para una existencia en standby. Sea como fuere, es demasiado ya. Me siento caducar.

Cuando uno espera los días parecen años y los momentos del presente no valen nada al lado de todo eso que crees que vendrá...y nunca llega. Jamás llegará, porque lo que buscas, huye y quién espera desespera.

Hay tantas cosas que me hubiera gustado vivir a tu lado... Tantos momentos soñados y resoñados que jamás tendrán lugar, y yo, me culpo por no tener el suficiente valor de mandar todo a la mierda y (re)empezar, lejos de tus ojos. Tus ojos. Joder, tus ojos. El único puto motivo. Yo me culpo de no tener el suficiente valor de mandar todo a la mierda y (re)empezar lejos de mi único puto motivo.
A veces, desfallezco. Imagino que siempre has sospechado que a veces yo ya no puedo más. Mis miedos crecen por encima de mis sueños y ya no recuerdo como se hacía eso de ser valiente. Benedetti decía que "los débiles, de veras, nunca se rinden". Y joder, empieza a abrumarme mi fragilidad. Detesto la debilidad que me provoca tu presencia y la desidia que me invade con tu falta de presencia. Te quiero, joder. Puede que siempre haya sido demasiado pronto (quizás demasiado tarde) para decirlo. Pero, te quiero. Y es bonito y está bien. No hagas que sienta que es una mala decisión. ¿Decisión?. Siento mi falta de potestad en mis decisiones. Lo siento mucho todo y no es una disculpa. Soy un títere sin cabeza rondando alrededor de tus ojos de gato, tan verdes, que mi esperanza es incapaz de morir. Tan verdes que son la misma esperanza. Tus ojos verdes en los que sólo quiero quedarme a vivir. Es tan simple como eso. Sólo quiero quedarme a vivir en tus ojos. No sé a donde ir. Pero sé donde quiero quedarme. Son tus ojos los más bellos del mundo, pero no por lo que muestran, sino por todo lo que esconden.

Es que tú no has visto lo tristes que serán los días cuando ya no estés junto a mí. Tú no has pensado en el infinito poder de la distancia y en un futuro en el que mis labios están sellados y no hay palabras. Y ahora que me he quedado sin nada que decirte, veo tu carita triste, y pienso si tendré la fuerza, el valor, la frialdad...de darle la espalda y quedarme quieta mientras te dejo marchar. Te permito marcharte. Te permito dejar para mañana todas tus alegrías.

No tengo nada que contarte cuando te escucho y siento como pones un millón de quilómetros de hielo entre nosotros. Me estoy muriendo de frío, mi amor. Me estás matando de frío.

Esperanza y espera son dos palabras demasiado similares para que yo haya logrado separarlas.
Tú y yo somos demasiado parecidos para que yo haya logrado separarnos.








¿Y que más me da si te vuelvo a ver?

Si encuentro quién me abrace no dejaré que escape.
















sábado, 29 de agosto de 2015

Si me das a elegir

Nos impusieron marcharnos, pero nadie jamás trató de enseñarnos cual era el camino de vuelta a la ilusión. Ese que perdimos una de esas noches en las que cualquier cama es mejor que la nuestra y cualquier amor podría ser el verdadero. A fin de cuentas, si el amor hay que crearlo, a nosotros no nos han faltado las ganas ni los abrazos, pero sí los cojones, y desde luego, la paciencia. Quizás nos faltó la certeza de que estaba en nuestra mano construír bases sólidas a prueba de odios, rencores, terceras personas, noches de sábado, ganas, miedo y contradicciones. Construímos un amor basado en incomprensión y en un deseo absoluto de que todos los pasos de nuestra vida nos llevaran a acabar mirándonos a los ojos, uno de estos días, uno de tantos años. Un amor basado en "todo vale", en dame la mano y ayúdame a salir de esto, en "te quiero pero nadie puede obviar que el resto del planeta sigue sufriendo, y siendo así, mi amor no cumple ninguna función social". Fabricamos una relación lejos de la sabiduría popular y de los consejos de nuestra gente, un intento frustrado de convertir el amor en amistad y la amistad en amor, etiquetando todo, borrándole la esencia, eliminando los detalles, matándolo.

Yo te regalo todo lo que tengo, si tú me das lo que no soy capaz de conseguir. Yo volveré a por tí, si vuelves tú a por mí. Te querré si me quieres también. Te cuidaré si me cubres con tus brazos en estas frías noches de libros y tabaco. Te esperaré si me esperas tú también.

Amor, el miedo me ha hecho olvidar que el amor nada pide y nada espera. Amor, tu cariño me ha hecho detestar esta soledad que tanto amé, tan llena de tí, y vacía de mí. Amor, solo tus ojos pueden salvar el mundo.

Nos enseñaron a huir, pero nadie nos enseñó como quedarse, permanecer, existir. Sabemos mentir pero nunca hemos dicho una sola verdad. Llegamos a tiempo a todas partes, menos a nuestra vida. Nos queremos pero somos demasiado escépticos para creer que algo de esto es real.


Dame a elegir, que yo me quedo contigo.

Todos los días de mi vida.



domingo, 23 de agosto de 2015

No retorno.

Todos necesitamos llegar al punto de no retorno para poder abandonar la lucha; para quizás, olvidar de una vez por todas, el camino de vuelta; para ser capaces nuevamente de perdernos dentro de nosotros mismos, sin necesidad de que nadie trate de convencernos de que no estamos solos, en esos momento en los que solo sentimos vacío y desesperanza.

García Márquez dijo que no hay peor forma de extrañar a alguien que estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener. Era una niña cuando leí por vez primera esa frase, y recuerdo perfectamente haber sentido un escalofrío recorriendo mi espalda al pensar en lo horrible que tenía que ser la vida viendo como tu persona, crece a tu lado y tan lejos de tí; como te quiere y se va al mismo tiempo; como te detesta y se queda al mismo tiempo.

Por aquel entonces no imaginaba cuánto. No podía ser consciente del cúmulo de sensaciones que me invadirían cuándo hoy amanezco a tu lado y tus ojos me miran cobardes, astutos; escondiendo, quizás, verdades que mi pobre e insulso ser no logra descifrar, enseñándome un millón de maneras de desahuciar mi amor con amor... y yo que nunca he sabido a donde ir, ahora sé donde me quiero quedar.

Tampoco podía prever que el amor es real en el momento justo en el que quieres abandonar una guerra y no puedes. Estás atado. La vida te ata, tú te atas. Tú me atas. Yo te ato. Yo que nunca creí en las ataduras, vivo atada a la imposibilidad de tu fenómeno. ¿Quién iba a decirle a esa niña que el amor dura dos segundos y el olvido un millón de años?. ¿Quién puede comprender a esta niña que cada vez que te ve se despide de ti?.

Yo no. Ni a ti. Tú no. Ni a ti. Me lo has enseñado tú. Ahora maldigo a quién amo. Ahora vivo de las migajas de un amor que se destruye cada vez que trato de salvarlo del vacío absoluto e intento, intento, intento, encontrar un lugar donde parar a coger aire y descansar, para poder seguir sobreviviendo en  nuestra historia interminable de recuerdos, palabras, momentos, conversaciones, miradas, abrazos, besos paseos, amores... que no valen nada y de tus once minutos de placer chocando de frente contra mis ganas de toda una vida.


¿Como hacer comprender a alguien que quieres una vida entera y no cuatro domingos por la tarde?


Pero tú sigues sin imaginar que cada vez que te veo, me despido de ti ... para siempre.










miércoles, 19 de agosto de 2015

Cuando vuelvas tú también

Te quiero en un punto del presente en el que ya no me asusta mi manera de querer(te), en un punto del pasado en el que no necesito justificar mi amor por tí y en un punto del futuro en el que ya no me avergüenza decirte que "el resto de mi vida, si tú quieres.".

Te espero el día que sea, a la hora que sea, con razón o sin ella, con los ojos llenos de esa ilusión que solo tu nombre podría provocarme. Con esa única frase que demuestra lo poco que me importa esperarte el resto de mis días, si al final tú vienes y llenas de mar todos mis rincones.

Te deseo como quién ha aprendido que follar sin amor es tan complicado como hacerlo con demasiado amor, pero mucho más insustancial. Entero y en trozos, en cualquier momento y sin previo aviso. Busco tu olor en todas las personas que duermen a mi lado pero jamás he logrado encontrar nada que se asemeje al aroma de tu cuello por las mañanas, a la vida en tu barriga por las noches, a la comodidad de tu pecho, al aletear de tus pestañas y las muecas de tu boca por las tardes.

Te extraño como solo se extraña todo aquello que sabes que nunca conseguirás alcanzar pero aún así no puedes dejar de anhelar, como los amantes cuando se despiden en el aeropuerto, como las familias en la habitación de un hospital, como todo aquello que tuve la suerte de conocer y jamás podré volver a vivir, como quién mira una foto y no es capaz de reconocerse en ella, pero ve la felicidad en sus ojos.

Te cuido todos los días de mi vida y ya no exigo nada a cambio. La suerte de mi amor es sentirlo. La suerte de mi vida es haberte conocido. Te cuido como cuidas a tu madre, a tus hijos, a esa guitarra que lleva años cogiendo polvo en tu habitación, a tu libro favorito y a todos esos sueños que llevas tatuados en la piel; con distancia pero sin olvidar nunca que ese es tu camino y que por muchos otros caminos que aparezcan, ese siempre será el tuyo.

Te quiero, te espero, te deseo, te cuido, aunque te dé igual, aunque no vuelvas a verme.

Y mientras tanto, te escucho y todo nuestro mundo se llena de una ternura tan abrumadora, que ya no necesito que me toques para sentir todos tus dedos recorriendo mi piel.


Quizás sólo tu voz al otro lado es capaz de calmar todo este miedo que viaja conmigo.

Quizás vuelva... cuando vuelvas tú también.





"No me dio la gana de cerrar la herida y la esperé."









sábado, 8 de agosto de 2015

¿Cuántos abrazos te di?

¿Cuántos abrazos te di? ¿Cuántas veces me dormí muerta de puro cansancio entre tus brazos largos y huesudos? ¿Quién decide cuándo una historia debe terminar? ¿Cuáles son esos criterios que justifican que dos almas que se dan tanto calor tengan que separarse? ¿Cuándo fue la última vez que tocaste el corazón de alguien sin tocarle el cuerpo? ¿Cuántas noches has cenado solo mirando sin pestañear mi lugar en la mesa? ¿Cuántas personas han matado al amor durmiendo en mi lado de tu cama? ¿Cuándo fue la última vez que te hiciste un ovillo herido en los brazos de alguien? ¿ Quién es ahora? ¿Quién eres ahora? ¿Quién soy?

Lo pienso y no me salen las cuentas. Me faltan abrazos. Me sobran días. Cuento y recuento todas las veces que la vida me ha devuelto lo que yo le di y no me salen las cuentas. La vida tiene más deudas conmigo que yo con tu espalda. Tú tienes más deudas conmigo que yo con el amor. Venga, llama a mi puerta de una vez y devuélveme el calor. Me estoy quedando helada. Helada y sola. Hoy es sábado. No deberíamos estar hablando de esto. Las penas son para los domingos por la mañana. Pero desde que me debes tantas cosas, no hay un sólo día que no sienta mis piernas flojear del miedo de que ya nunca más. Nunca nada más. Tu cara linda ya nunca más. Elegir un camino ya nunca más. Acabaremos atropellándonos a nosotros mismos por no saber que dirección tomar. Ya no quiero más baldosas amarillas, mi amor. Te quiero a tí, cerca de mí, protegiéndome del frío verano cuando fuera no hay nada que te cure de ti mismo, cuando evadirse en otro cuerpo es la única forma de seguir vivo, cuando el sexo es pobreza porque está tan lejos de unos ojos que te miran como si fueses magia. Cúrame el frío de este verano y olvida todo lo que te han enseñado. Quiéreme como si jamás fuésemos a volver a vernos, porque probablemente jamás volvamos a vernos. Quítame la ropa y muérdeme los labios con el dolor de quién lleva toda su vida deseando escapar de sí mismo. Házme sangre. Házme polvo. Házme el único daño que un humano debería hacerle a otro, el de la piel contra la piel.
Deja de terminar todo. Déjame terminar todo. Mis días son tan largos y absurdos como tus noches. Mis certezas desenvocan en dudas, como las tuyas. Mis ojos son tan tristes como los tuyos. Por eso te quiero, amor roto. Arráncame el alma y luego tírala al suelo sin tanto pudor. Te quiero libre. Te quiero salvaje. Te quiero eterno. Sé tú en mí. Al menos, sé tú en mí. Conmigo.

Por lo menos, devuélveme lo que yo te he dado. Vamos despacio, lento y construyamos algo que deje de romperse en mil pedazos cada vez que lo tocamos. Avancemos lejos de esta zona de pseudo-confort tan cómoda como aburrida y rompámonos el corazón hasta que lo único que nos quede por decirnos sea "Gracias. Me equivocaría otra vez.".


Házme polvo con tus manos y guarda tus palabras para quién confíe en ellas, para quién crea en la pobreza de las cosas que nunca te dije, para quién nunca haya conseguido hacer del mundo un lugar más amable y menos raro, solo con cogerte de la mano y perderse en tus ojos, como quién se sumerge en el mar y todo pasa... y todo vuelve.

Y yo aún no sé cuántos abrazos te dí. Pero he conseguido llevar las cuentas de todos los que me debes.



eres
eso.







jueves, 30 de julio de 2015

Corre.

Es el arrojar todo nuestro porvenir a la fosa común donde yacen todas nuestras ilusiones, lo que ha logrado que entre nosotros haya vencido una distancia que aumenta progresivamente, día tras día, hasta llegar a ser incalculable. Pero, te quiero. Aún así. Y jamás he necesitado ponerle nombre a este conjunto de odios y amores, deseos y miedos, traiciones y abrazos. Jamás he necesitado la promesa de ese futuro que se nos escapa siempre, por muy cerca que hayamos estado de rozarlo. Jamás es jamás, y quizás. Pero ya no es nada.

Mirarte es como suspirar, es como recordarte que te he dedicado un millón de palabras, a cambio de un millón de sueños rotos. Pero no soy una más, aunque lo pienses. Atrévete a decir que lo soy. "Imagina que te beso y no te giras" y sonríes y quién sabe si quizás mañana pueda dejar de mirarte a oscuras. "Si supieras lo equivocada que estás estando con otros.", pero prefiero tu recuerdo trágico y dulce que todo ese montón de vanalidades en las que has convertido tu vida conmigo, tu vida sin mí, tu vida lejos de la incondicionalidad, tu vida lejos de la vulnerabilidad.

Quizás ya no te pida nada más. No voy a ser yo la que te escuche hablar de la dificultad de tomar decisiones cuando no hay nada a lo que agarrarse. Yo jamás he soltado tu mano. Jamás la soltaré, quizás. Sólo quizás. Quizás yo fui ese algo a lo que agarrarse y quizás disfrutes con ese absurdo delirio de ruina en el que has convertido tu vida conmigo, tu vida sin mí, tu vida lejos de la incondicionalidad, tu vida lejos de la vulnerabilidad.

No hay ley, ni química, ni tiempo, ni lágrimas, ni certeza, ni compatibilidad, que me haga obviar el hecho de que me olvides tanto tiempo antes de encontrarme. Así que, no llores, amor. Todo irá bien pero ahora corre, ("de los dos tú siempre fuiste el más veloz."). No, conmigo no.









"Mi vida es un desastre y no te quiero en él", pero al fin, te seguí por un laberinto de espejos rotos y aparecí en un barrio del que no puedo salir.
Más, dame un poco más. Quiero intoxicarme en vos.

sábado, 25 de julio de 2015

No seré yo.

Ya no puedo apiadarme de mí. Ahora solo de tí, de tu falta de hambre, de lo que sea que quieres, de eso que andas buscando sin parar, de que aún te atrevas a decir que no buscas nada, de como terminas y empiezas otra vez sin aprender nada jamás, de tu autoengaño y de tu descarado juego, de que no seas consciente de que lo haces fatal, de tu cobardía y tu miedo absurdo que te hará no tener nada jamás, de la incoherencia, del desconcierto, de la ceguera de tu corazón, de la traición de tus ojos, de tu huída absurda y sin sentido.

No seré yo la que te libere, la que saque a respirar a tu corazón podrido y vacío, la que perdone tanto dolor gratuito, la que invierta su amor en la nada absoluta. No seré quién te cuide y te arrope por las noches. No te dejaré mi pecho para que llores ni permitiré que me mires mientras duermo con esa cruel ternura en tus ojos que dicen más verdades que tú. No serán mis manos las que tiemblen de la impotencia de tener la certeza que tú siempre has tenido delante de tu cara. No seré yo quién aplauda tu manera de desperdiciar el calor humano como si careciese de importancia. Nadie te conocerá. Te dormirás solo con tus absurdas dudas y te devorarán todas esas mentiras que te dices a ti mismo, que sólo tú te crees, y con las que intentas convencer al resto de un mundo herido (pero más vivo que tú) por habérselo jugado todo a una sola carta. Jamás sabrás que es eso. Morirás con la pena de no haber arriesgado un ápice de confort por nada nunca. Nunca nada. No seré quién pierda el aliento por tí mientras observo como me agarras y me sueltas, me tiras y me recoges, me quieres y me odias, me deseas y me rechazas.

No sé que buscaba en ti pero has estado siempre muy lejos de dármelo. Tu cobardía jamás te dejará tener nada. Vivir en la zona de confort te traerá mucha paz y ninguna felicidad. Era un milagro pero nunca querrás reconocerlo. Tus frenos te impedirán ir alguna vez a alguna parte y tendrás que conformarte con vivir en los ojos de los demás, las vidas ajenas y las experiencias de todas las personas que jamás se arrepentirán de haber sido valientes a pesar de encontrarse solo derrota. Tú eres la derrota. El ejemplo del desperdicio, de como alguien con capacidades para cambiar el mundo, puede volverse un ser inerte destinado a no moverse jamás del mismo sitio en el que lleva toda su vida. El ejemplo de la inmadurez y de la necesidad de crecer para aprender a despedirse, de crecer para aprender a quedarse, de crecer para aprender lo que es duelo, lo que es perder para siempre. El ejemplo de todo aquello que siempre has rechazado y que seguirás rechazando hasta el día en que mueras. El ejemplo del no, que siempre sale de tu boca y jamás de tu piel.

He perdido mi último ápice de esperanza luchando contra tus miles de muros intelectuales, contra tu casa sin muebles que jamás podrá ser un hogar,  pero tú has perdido mucho más. Has perdido el cariño incondicional de quién jamás habría dejado de cuidarte, las noches en las que el amor no era más que darse la mano y estar en paz, todas las palabras y la única certeza por la que vale la pena vivir: "puede que el amor sea una cárcel pero al otro lado de la alambrada tampoco está la libertad.".

Ahora sólo queda un " no volveré a verte jamás.", y la inmensa sensación de que te odio como jamás he querido a nadie.



miércoles, 8 de julio de 2015

Media noche

He tardado un millón de días en ser capaz de mirarme al espejo y reconocer esto pero al fin lo he hecho y ahora ya no habrá vuelta atrás. Quizás tú no merezcas nada de mí pero yo merecía ser sincera conmigo misma por una vez en la vida.
He estado dando tumbos sin parar durante un montón de años, buscando desesperadamente un lugar donde poder quedarme, sin éxito, enfadada con el mundo por ser incapaz de encontrar un hogar, como el tuyo, como el vuestro. He jugado a la confusión con el amor y el sexo, separándolos de tal forma que era imposible que alguna vez pudieran estar unidos. He llorado pensando en todas esas cosas que ya nunca podré tener y en todas esas que he tenido sin haberlas deseado jamás. He imaginado un mundo en el que las palabras no mintieran tantas veces, las sonrisas fueran siempre de verdad, y las miradas no escondiesen tantas certezas. He rezado, sin apenas creer en nada, porque alguien, alguna vez, consiguiese un poco de esa vida que yo  había deseado y a la que había tenido que renunciar, por el bien de los dos.  He muerto y he renacido tantas veces que ya he perdido la cuenta y apenas sé diferenciar la tristeza de la alegría, el dolor del placer, la vida de la muerte, el amor del desamor. Una vez llegas ya te estoy perdiendo. Una vez te empiezo a amar y ya te estoy detestando. Una vez naces ya te estás muriendo. Una vez lloras y ya te estás riendo.
He dejado de tomar decisiones porque jamás he estado segura de ninguna y no quiero boicotearme más. No sé si sigo a mi corazón o a mi cabeza, ni siquiera sé si tengo alguna de las dos.

Pero hoy he decidido que te quiero. Te quiero desde el día en que llegaste a casa después de un largo día de trabajo, te sentaste en la mesa a cenar y me preguntaste que tal había ido mi día después de besarme en los labios y sonreírme sinceramente por estar ahí a tu lado. Te quiero desde el día en que me cuidaste estando enferma. Quizás te quiero desde el día en que decidí renunciar a mis sueños y tú viniste a abrazarme y a decirme con tu mirada que no podía renunciar a ellos solo por miedo. Te quiero desde que te vi llorar por mi tristeza nocturna. Te quiero desde que sé que no puedo diferenciar de que forma te quiero. Sólo te quiero y es suficiente.

Ahora que sé que te quiero y que soy capaz de reconocérmelo ya me estoy yendo.
Me voy porque te quiero. Me voy porque desde que te quiero ya te estoy odiando. Sálvate. Tú eres el centro.

Nos estamos viendo.






"No soy uno más aunque lo creas. Represento a todo hombre enamorado. Cuando llueve me imagino en tu sudor. No sé cuál es tu lado de la cama, el humor de tu mañana, si sabrás de esta canción. Si es así, atrévete a decir que no es amor...
Imagina que te beso y no te giras. Si supieras lo que te miro a escondidas. Si supieras lo equivocada que estás estando con otros. Si me dieras un minuto en tu barriga, no te pido nada más, pero dámelo antes de que sea de día. Tu sonrisa es la más bella cara al mar pero me hablas de sequía...
Bailo contigo en la distancia. Supongo tu calor. Supongo estás cansada, amor. Y duermo con una foto tuya y ahí no dices que no. Ahí dices "cántame" y te hice esta canción, que ha venido como yo desnudo y sólo. Media noche, vida mía, ya me voy. "



domingo, 5 de julio de 2015

De querer y no poder. De poder y no querer.

Salí de casa con la firme y clara intención de olvidarme de tí, desperdiciarte, tirar todos tus recuerdos al contenedor de mis fracasos y limpiarme del sabor amargo del querer siempre lo que no puedo.
No hicieron falta más de diez minutos para percatarme de que yo no quiero arrojar tu calor a la basura, y que nunca he aprendido a poder lo que no quiero. Ahora solo sé poderte a ti. Y el futuro es hoy.

Sé que esto no va a acabar nada bien. Sé que algún día ya no podré mirar más tus ojos, tristes e inmensos como mis noches. Y me contento con la esperanza de que tal vez mañana, veas en mí a esa persona que nunca se ha separado de tí, porque siempre te ha querido. Incluso antes de conocerte. Y ahora que te vas, dos minutos antes de que consiga empezar a amarte con todo mi corazón, la vida se me vuelve a hacer añicos y vuelvo a maldecir todos esos "quiero, pero no puedo" que el mundo se empeña en regalarme.

No quiero aprender más en forma de derrota. A veces quisiera que me tocase ganar alguna vez. Estoy hastiada de este "perdiendo también se gana" en el que se ha convertido mi existencia. Los días son eternos, predecibles y completamente prescindibles y mis noches acaban siendo ese lugar en el que me acunas, mientras me dices al oído que todo irá bien y yo me pierdo en tu olor, quizás porque las horas allí son pura magia, mientras te miro y sonríes con una mueca de dolor, mientras me miras y lloro con una mueca de felicidad, quizás porque las palabras allí son pura poesía.

Luego me despierto y ya no estás. Nunca has estado pero llevo clavada en el costado cada migaja de tu dolor, cada espina, cada arañazo, cada segundo de vida perdido en planear un futuro que se nos escapa, en joder un presente que nos da la mano y nos invita a entrar, en pisar un pasado que nos ha (des)hecho ser lo que somos.

Y luego estás tú, que me miras sin verme y pones cientos de quilómetros de hielo entre tu piel y mi piel mientras me ves morirme de frío, de miedo, de cansancio y algo más.

Y al final estás tú, cuidándome, mordiéndome el corazón, haciendo que dude de todo menos de tus ojos.

Al final estás tú. Y yo hoy vuelvo a mi casa, más triste, más sola y más cansada que ayer, con la certeza de que olvidarte no va a ser tan fácil como perderme en otra piel y besar otros labios.








"Nunca dejaría que leyeras esto. Jamás lo escribiría. No iría hasta tu puerta. No te he besado en tu portal. Jamás me abrazaste. Yo nunca perdí el aliento por tí. No me sacaste a bailar. No viajé a tu lado. No fui un espectáculo. Esa no fue la noche que viviste junto a mí.
No me invitarás a desayunarnos. No me quedaré a dormir. Serás solo un nombre. No querré volver a verte. Jamás me vas a desnudar. No seré tu esposa. No tendré tus hijos. Esa no es la vida que elegiste para mí. No recuerdo haberme ilusionado ni tus manos sobre mí. Si una vez me destrozaste parece más un sueño que algo que viví.
Hay alguien que cree en un amor que aparece, que dura eternamente y es amor pero estamos a salvo de esa ilusión perfecta, porque ese alguien no somos ni tú ni yo."




jueves, 2 de julio de 2015

Con las ganas

Me fui, sin mirar atrás, el día que olvidé como quedarme. El día que me olvidé de mí y solo pude recordar todas las despedidas, quejas y llantos acumulados durante años. Crucé la puerta con la certeza de que no podrías abandonarme si me iba yo antes. Me condené a una vida huyendo de todas partes por mi incapacidad de reconocer que yo realmente quería quedarme contigo.
¿Qué querías tú? ¿Qué querías tú de verdad?

Supe que esto no iba a acabar nada bien y pensé en todas esas veces que mi intuición estaba en lo cierto, la había ignorado y al final tuve que decirme a mí misma "te lo dije" y lloré de rabia al comprobar que las respuestas estaban siempre conmigo pero que jamás había logrado descifrar cual era la pregunta.
¿Qué quieres tú? ¿Qué quieres tú de verdad?

Hablas sin parar. Hablo sin parar. Palabras vacías de contenido hasta que una hace crash y todo estalla de nuevo. Tiemblo en mi cuarto pensando en todas las cosas que nunca te dije y aún peor, en todas las cosas que jamás me dije a mí misma. Tú dejas de comprender todo ese sinsentido que sale de mi boca. No me oyes. No me escuchas. No me ves. No existo. Yo te grito, te observo, pienso en tus ojos, pura poesía, y deseo que algún día mis palabras puedan expresar tanto como ellos.

 Llega el frío, la distancia, el echar de menos siempre a alguien, el deseo constante de que estas manos sean otras manos, de que ese cuerpo que me abraza ahora sea otro cuerpo, de que esos besos sean otros besos. El frío, los cuerpos entumecidos, el adiós disfrazado de hasta mañana, el rencor. Ahora ya no hay lugar al que volver, al que querer volver. Mis manos entumecidas no pueden tocarte. Soy de hielo. 
Y tú no te derretirás jamás. 

Me fui, sin mirar atrás, el día que descubrí que me había quedado con las ganas y que tú no te habías quedado conmigo.









"¿Como has dejado pasar el frío dentro de ti? Ha provocado un ciclón. Lo ha destrozado todo."






viernes, 26 de junio de 2015

Tirar, tirar, tirar, tirar...

Carla está parada en el andén esperando la señal que le haga subirse a cualquier tren. Da igual a cual. Cualquiera que la lleve al cambio. Cambio de día, cambio de vida, cambio de rutina, cambio de corazón, cambio de cerebro, cambio de identidad. Cambio. Los cambios la aterran desde que era pequeña, quizás por eso, aún no ha podido subirse a ningún tren. Quizás haya que subirse a un millón de trenes para que uno de ellos consiga llevarte a tu hogar. Un hogar. Un lugar donde poder quitarte los zapatos, llenar una copa de vino, encender la radio y sentirte a salvo. Un lugar donde la cabeza deje de pensar, aunque sea un rato. La desconexión.

Mientras piensa en ello, cae en la cuenta de que de poco ha de servir coger un millón de trenes si de quién realmente deseas huir es de ti misma. Si solo consigues estar bien en brazos ajenos porque en tus brazos sientes el peligro de quién está en un océano inmenso lleno de tiburones. Si los únicos cuentos que te crees son los que acaban antes de empezar, y prefieres que te hablen de muerte que de amor. Si solo te sientes arropada en la tristeza más profunda y permanente y vas por el mundo con la mirada gacha para que nadie vea nunca la verdad que escondes en tus ojos.

Invadida ya por la certeza de que jamás logrará tomar ninguna decisión, Carla, enciende un cigarro mientras observa su rostro en la cristalera de la estación y no consigue reconocerse en él. Podría ser cualquier otra chica con mirada triste, perdida en si misma y en el mundo, pero es ella, y teme a su propio rostro y a no ser capaz jamás en la vida de verse a si misma en él. Miedo del propio miedo. Miedo del futuro.

Como siempre, huyendo, sale de la estación, de vuelta a su casa, nunca hogar, y se esconde debajo de las mantas mientras piensa que las penas son menos penas si puedes compartirlas, que el dolor no ahoga tanto cuando alguien te ayuda a mantenerte a flote, que la soledad no es siempre un estado físico pero sí es siempre su estado mental. Y tiene miedo, otra vez. "Menos mal que existen pastillas para evitar la realidad.", observa, mientras se va hundiendo en ese sueño artificial que poco a poco va alejándola del cansancio inmenso de estar siempre cansada y no ver el final de tanto tormento.

"Como quien tira de una cuerda que se romperá... tirar, tirar, tirar, tirar..."

miércoles, 24 de junio de 2015

Sálvese quién pueda

Y así fue que el verano llegó y arrasó con toda la paz que el invierno había traído. ¿No debería haber sido al revés? Nunca has ido a favor de la corriente. Quizás ya es tarde para esperar que eso cambie. Has acumulado tantas historias dramáticas que inclusive aquellas que nunca terminan de empezar te rompen el corazón. Quizás esas más. Es triste que estemos aquí para no poder deshacernos hasta el final. Pero las cosas son como son y de poco sirve que seas la mujer de la que nadie quiere prescindir si también eres la mujer con la que nadie quiere quedarse. Es lo mismo y no diré mucho más. No diré mucho más porque es lo mismo. Siempre es lo mismo. Todo se repite hasta la saciedad y más te vale aprender alguna lección si no quieres que la historia interminable acabe contigo antes que tú con ella.

Enciendes un cigarro y abres una cerveza mientras piensas en porqué te haces esto a ti misma, si solo te tienes a ti y nadie te quiere, sólo tú misma. Tampoco puedes evitar pensar en todas esas personas que deciden vivir así, aisladas de un mundo que sólo les hace daño, dentro de si mismas, sin ver, ni oír, ni dar, ni confiar, ni creer... cuya única salvación son las palabras que nunca tienen la suerte de escuchar, que se esconden y a veces se quieren y la mayoría no. Pero nadie puede salvar el mundo sin haber aprendido a salvarse antes y tú vuelves a empezar la casa por el tejado, como esos enamorados que aún escuchando el "no, nunca" siguen ahí, a la espera de que nunca quiera decir quizás. Aunque no sirva de nada y nadie pueda quitarles el peso de tener que existir. Solos. Siempre solos. Pero, en fin, todos necesitamos una ilusión y un regazo.

El verano llegó y el regazo en el que encontrabas tu tranquilidad se fue. Ya no hay hogar. Todo se va siempre. ¿Cuándo aprenderemos eso? Qué mal nos hemos querido y cuántas cosas hemos perdido por miedo al propio miedo. Las peores cosas de mi vida siempre han estado en mi cabeza. Pero son tan reales... que acaban siendo certezas. Y las certezas me irritan tanto como la carencia de ellas. Las ilusiones hace tiempo que no me visitan y la esperanza es peor martirio que la muerte. Así pues, llegados a tal punto, no hay nada a lo que agarrarse y empieza el final.

¿A donde te llevará esta vez la vida? ¿ A donde la llevarás tú? ¿Quién te abrirá la puerta?... Quizás mañana todo esto te importe algo.

Ahora, ha empezado el verano y ha empezado el final.
Sálvese quién pueda.









lunes, 22 de junio de 2015

Como esto nunca nada

"Y sintió la necesidad de volver y por lo menos decir: "Nunca nada". Por lo menos decir: "Como esto, nunca nada". Y no volvió."

Carla recogió todas sus cosas del piso que compartían, mientras él la miraba, esperando cualquier indicio para pedirle que del todo nunca se fuese. "El querer jamás me ha servido para nada" pensaba ella, luchando por no mirarle a los ojos, luchando porque esa fortaleza que ahora la inundaba durase al menos un rato más. 

Sólo son cosas, pero traen detrás tantos sueños que jamás se cumplirán y la incertidumbre continua del no saber quién llamará a la puerta ahora que ella ya no está donde él la está buscando. Ya sabes, la cuerda rota se puede anudar, pero sigue estando rota... Y él mientras tanto, como si nada. Sin haber comprendido aún que el querer es una cárcel, pero que fuera tampoco está la libertad, que nada ni nadie puede devolverte las oportunidades que vas tirando al vacío, que sólo son dos días, que nunca se da un paso atrás.

"Nunca te he amado, pero amaba la posibilidad de que tú sí te quedases. Esperaba no tener que abandonar nunca la serenidad de ser un ovillo herido en tu pecho, en todas esas noches en las que la vida para mí es un cuchillo afilado en mi costado. Esperaba salvarte salvándome, salvarme salvándote. Te he cuidado como sólo se cuida a quién quieres por encima de cualquier efimeridad. Te he hecho familia, amor y amistad en el mismo saco para que nunca te sintieses solo cuando la tormenta llegase. He hecho el amor contigo como sólo lo hacen dos personas que comprenden la lucha del otro, la tristeza del otro, mandando a la mierda a la muerte y riéndome del pasado. Te he querido, amor, sin haberte querido. Y por eso me voy, porque te quiero y el tiempo te pondrá en tu sitio."

Carla abrió la puerta y salió a la calle deseando que él la parase, que las palabras, esas perras negras, hubiesen hecho mella en él y al menos la agarrase del brazo y le dijera "yo también te quiero, sin llegar a quererte. Por favor, no te vayas.". Pero él jamás se movió. Se quedó inmóvil al lado de la puerta, mirando los estantes vacíos de todas esas cosas de ella que tanta ternura le habían provocado siempre, que tantas veces habían impedido que la soledad le devorase. Pero nunca se movió. Carla creyó ver una lágrima caer por su rostro y recordó algo que había leído el día anterior "también ella había nacido para deshacerse y me daba lástima que nos pareciéramos en eso.". 

Se giró, le besó en sus ojos que tantas veces la habían salvado de sus días y le dijo "No te preocupes por nada. Todo irá bien.". Pero ella sabía que no, que nada iba a ir bien a partir de ese momento y deseó con todas sus fuerzas poder salvarle de todas las penas que aún le quedaban por vivir, de todos los sinsabores y del sinsentido de una vida de vulnerabilidad en nombre del querer. Ella sentía su fragilidad y su fragilidad le devoraba el corazón. 

Pero se fue. Ludovico Einaudi seguía sonando,  se hizo un ovillo herido en su propio cuerpo, y le quiso todos los días de su vida, tal como le había prometido, tal como se quieren dos personas que tienen la capacidad de salvarse la una a la otra con una simple palabra. 




"Como esto nunca nada. Nunca nada. Como esto nunca nada. Joder."









 "Te quiero; eres muy buena conmigo. Pero debo irme, no sé exactamente por qué; estoy loco supongo. Adiós.”







jueves, 18 de junio de 2015

Días malos vs días sin salida



La sombra negra va haciendo presencia de forma gradual, en el día a día, con un montón de días malos sin motivo ni razón aparente y luego aparece de manera repentina, como un huracán, arrasando con todo. Un día te despiertas con un miedo terrible a vivir, que físicamente te impide moverte de la cama y estás cansado, muy cansado, tremendamente cansado de estar cansado. Te cansa el cansancio. Tu cuerpo pesa cincuenta quilos más, te duelen las piernas del esfuerzo que hacen por sostenerte, se te duerme la boca, el pecho te oprime, se te clava la ansiedad en el estómago, tu cuerpo tiembla de miedo, no te reconoces ni en tu propia piel y sólo puedes, quizás, guardar un ápice de fuerzas, para fingir que estás mejor de lo que estás.
No duermes sino es con ayuda, porque el miedo a volver a despertarte lo invade todo. Así que te pasas las noches en vela mirando la televisión, sin ver nada. Sólo por escuchar algo, hasta que el sueño aterrador te arrastra a tu cama y dejas la luz encendida para que no vengan los demonios tras de ti.
Nadie te entiende. Desde fuera parece fácil. Un día malo. Todos tienen días malos. Te dicen que te levantes y que salgas, que vayas a lugares, que vivas tus 20 años porque jamás los vas a recuperar, y tú te sientes cada vez más culpable y piensas en todas esas personas a las que les han arrebatado la posibilidad de vivir, mientras tú la estás desaprovechando. Pero no puedes. La sombra negra siempre te arrastra a la cama. Te atrapa y te arropa. La sombra negra es tu madre ahora.

Sí, es cierto que todos tienen días malos, pero solo algunos tienen días sin salida.










"En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras
nin me deixarás ti nunca
sombra que sempre me asombras."









miércoles, 17 de junio de 2015

Lo que decimos pocas veces se parece a nosotros

"Los mejores a menudo mueren por su propia mano, sólo para huir, y aquellos que quedan atrás no pueden entender que alguien quisiera huir de ellos."


He deseado tantas veces que alguien decidiera quedarse a mi lado, que no temiesen a mi tristeza que a todos ahuyenta, que viesen más allá de todo este cúmulo de soledades, nostalgias, fobias y heridas que nunca terminan de cicatrizar.
He querido ser otra mil veces. He sido otra mil veces y tan sólo me he encontrado en la soledad eterna de no contar ni siquiera con el propio amor.

Ojalá el mundo fuera otra cosa. La gente se quedara y no existiesen las etiquetas, solo el fluir natural de los acontecimientos y el presente como única mano a la que agarrarse. Ojalá las palabras que nunca se dicen no rompieran tantos corazones y provocasen tantas pérdidas absurdas e inútiles. Ojalá solo la falta del querer pudiese separar a las personas y no fuese tan fácil a veces echar de menos.

Lo que digo casi nunca tiene que ver conmigo pero sí con el miedo intenso de no volver a sentirme arropada. Acompañada por dentro. El calor del alma cuando por fin siente que la comprenden. El calor del corazón cuando sabe que el querer a veces es indestructible porque está basado en decisiones conscientes y reales y no en la imperdurabilidad del enamoramiento, locura transitoria, espejo para dependientes.

Pero, la vida a veces te lleva por otros senderos. No puedes obligar a nadie a que permanezca a tu lado, cuando ni tú misma te quedarías, si pudieras evitarlo. Te avergüenzas pero a la vez te contenta saber que tus sentimientos no están contaminados y que puedes dejar ir a quién quieres por su propio bien, que puedes proteger a quién alguna vez te ha protegido, que aunque te mueras de soledad eres capaz de salvar a quién quieres del dolor inmenso de tener que soportar tu tristeza que todo ocupa.
Sigues sintiendo esa soledad asfixiante pero esta vez está mezclada con el alivio de no arrojar a nadie al precipicio en el que se ha convertido tu existencia. No puedo salvarme a mí misma, pero puedo salvaros a todos, amores de mi vida.

Yo querría poder contarte, abrazarte, escucharte, sonreírte, cuidarte, alegrarte, ayudarte siempre. Pero ya nada espero. Hoy ya sé que no.  Que solo tengo medios para odiarte, entristecerte, matarte, robarte, violarte, venderte, mentirte, matarte... Y tú lo sabes también, por eso me miras y te vas. Te vas y me miras.





...





Aún así, sigues teniendo los ojos más bonitos del mundo y sé que el mundo seguirá siendo más bonito para quién tenga la suerte de mirarte a los ojos.







martes, 16 de junio de 2015

El fin de la eternidad

La vida siempre te acaba quitando lo que te da. Y no importa las veces que trates de asumirlo, la esperanza es un tormento aún mayor que la resignación.

Siempre vuelven esos días en que salir a la calle es una hazaña y tú ya no miras a ambos lados de la carretera al cruzar. Solo caminas. Caminas únicamente con el propósito de encontrar una droga que te salve y que te mate. Luego vuelves a tu casa, enciendes el décimo cigarrillo del día y trazas planes y maneras de dejar de sufrir sin que eso haga sufrir a quienes quieres. Querer es una cárcel de la que vas a escapar. Querer no va a ser el motivo de seguir viva. Que te quieran podría serlo, pero estás demasiado jodida y cansada como para creer que alguien como tú pueda tener la suerte de que alguien le necesite, le prefiera, le elija, le quiera, le salve. Ni siquiera puedes contar contigo misma y ese es un cuento que ya te sabes de memoria y no quieres volver a escuchar.

Has luchado tanto y todo ha sido en vano... Sientes pena por ti. Nadie puede salvarte de ti misma y quién puede acaba escapando del sufrimiento de tener que ayudar a alguien que nunca ha querido salvarse. ¿Como renacer si solo quieres convertirte en cenizas? Por lo menos siempre has tenido la habilidad de ayudar  al prójimo. Más que a ti misma. Sólo al prójimo. Eso es un buen epitafio. "Nunca pude salvarme de mí misma pero alguna vez logré salvar a mis amigos."

Siempre vuelven esas noches en que ni las pastillas pueden ayudarte a conciliar el sueño, porque el miedo te gana todas las partidas. Te deja adormilada, inútil, pero siempre en guardia, no vaya a ser que te duermas y al despertar tengas que volver a recordar que no tienes nada a lo que aferrarte y ningún motivo para abrir los ojos. Sola como siempre y sola como nunca, porque nunca se está tan sola como cuándo has tenido a alguien que te protegía en su pecho y tú podías ser un ovillo herido eternamente sin el dolor continuo de ser uno mismo y a la vez otro. Ahora eres un ovillo roto que solo quiere huir de si mismo, y no mirar atrás... ni adelante. Ha sido muy largo el camino.

No duele marcharse porque al menos te has concedido una segunda oportunidad. Duele quedarse y saber que estás destinada a repetir siempre la misma historia. Duele querer y haber sido querida y no haberse dado cuenta hasta el final del trayecto. Duele el dolor ajeno. Duele no haber superado ese inmenso vacío de no tener quién te agarre de la mano y te diga "si prometes salir de esta, prometo no soltar tu mano hasta que todo haya acabado.". Pero no hay nadie y tú estás lejos de todos los que alguna vez te han querido. Ahora les recuerdas a todos y desearías poder hablar con todos y cada uno de ellos pero ya no están. La gente te quiere y te olvida y sigue sin tí, mientras tú te quedas anclada a todas esas personas que han calentado tu corazón.

Ahora, que estás lejos de casa y ni siquiera consigues que ninguna canción ni palabra te arrope. Ahora que estás lejos de casa y la noche empieza a caer, vuelve a sonar en tu jodida cabeza esa nana cruel que llevas toda la vida tratando de evitar. Duerme, que el día se acaba, la vida se agota, y nadie puede obligarte a despertar mañana. Duerme que ahí afuera no hay nadie que pueda salvarte sin que tú le destroces antes. Duerme que ha sido muy largo el camino y ahora por fin ves el final a tanto dolor. Es cruel pero es la canción de tu vida. Duerme que pronto estarás a salvo de ti misma y pronto estarán a salvo de tí. Duerme y mientras duermes alguien te hablara de amor para que así no duela tanto desapegarse de la vida. Duerme que nadie te espera ya. Duerme, corazón, que bastante has llorado y el mundo solo es esto. Guerras, enfermedades, pobreza, desamor, traiciones, violaciones, penas, dolor, mentiras, falsedades, despedidas, finales, dependencias, mezquindad, olvido y la certeza de que nunca has formado parte de él. Duerme, que ya sabes que no, que ya no importa y que no hay más fuerzas en tu corazón. El dolor físico es insufrible.

Ahora que estás tan lejos de casa, enciendes otro cigarrillo, ves toda tu vida pasar ante tus ojos y piensas si habrá alguien que no sepa que le has querido. Ojalá que no. Ojalá no quede nada pendiente. Te abrazas a ti misma. Es doloroso despedirse de la conciencia de ser.

La vida ha sido larga y cruel, pero os he querido. Os he querido a todos. Y querer siempre merece la pena. Esto nunca se ha tratado de vosotros. Nunca os culpéis. Esto siempre ha tratado de mí. Hay gente que simplemente no puede, no entiende, no consigue, no gana, no sabe. Sólo es eso. Tengo que salvaros de mi alma putrefacta que a todos ahuyenta. El fin de la eternidad solo trae paz a los corazones que nunca se cansan de sufrir. Y es insoportable el sonido de un corazón cuando se rompe en pedazos tan pequeños que, por fin tienes una certeza, la única de tu vida: Es imposible reconstruír un corazón cuando se han perdido todos los pedazos en medio de este inmenso campo de batalla al que llaman vida. La guerra ha acabado. Las hogueras se apagan. Por fin la paz.





miércoles, 10 de junio de 2015

El error de mi vida.



Un montón de personas buscando un millón de razones para vivir, un motivo para seguir respirando y a la mierda con la autodestrucción. Tan solo un montón de gente buscando desesperadamente la manera de hacer que sus vidas merezcan la pena. Llenándolas con viajes, casas, coches, ropa, amantes... forman una familia, buscan un trabajo, un mes de vacaciones al año, plan de pensiones y rutina, sobre todo rutina. Es inaceptable salirse del plan trazado. Quizás, si seguimos el camino de las baldosas amarillas consigamos ser, al menos, un poco felices. Por lo menos, estaremos tranquilos. ¿Estar en paz es la felicidad? Quizás, a estas altura ya sí. Quizás es lo único a lo que uno puede aferrarse, ahora que hemos dejado de creer en el amor.

Pero todo plan, por muy bien formulado que esté, tiene sus errores. Y ese error es él. Mi error. Mi mejor error. El error que he estado buscando toda mi existencia.  El error de mi vida.

Él, que tuerce la boca y entorna los ojos para tratar de comprender todas y cada una de mis palabras aún cuando a duras penas puedo comprenderlas yo; que mira a ambos lados de la calle al cruzar por temor a ocasionar sufrimiento a quién le quiere, que llora porque le apena la tristeza ajena y la impotencia de no poder salvar a sus amigos.

Él, que cree en un amor que aparece, dura para siempre y es verdadero, aunque jamás lo haya conocido y huya de él; que me mira a los ojos como si pudiera encerrar toda la belleza del mundo en ellos, (mis ojos, infinitamente más bellos, cuando le miran); que agarra fuerte mi mano para ayudarme a salir de aquí y siempre me concede una noche más, de ovillo, en su pecho.

Él, que se ha llevado todo mi ruído, mis peros y mis nunca más, que me ha dado un motivo tangible para querer respirar y mandar al infierno a la autodestrucción, que ha cambiado todo de lugar y me ha abierto las puertas de su vida para que nunca más vuelva a sentirme sola.

No sé cuánto tiempo me ha llevado trazar mi plan ni en que momento fui consciente de que tenía que renunciar a él.
No sé si el error fue quererle o haber tardado tanto en ser capaz de admitirlo en voz alta.
No sé si le quiero mucho. No sé si le quiero poco. Sé que le quiero y que eso no estaba en el guión.

No sé nada de lo que hay que saber, pero tú dime que tienes todo el tiempo del mundo y yo renunciaré a todos mis "yo ya no".












"Dime que tienes toda la vida, y voy pidiendo presupuestos. 
Dime que intentaremos toda una vida e iré encofrando mis nunca más."











martes, 26 de mayo de 2015

Certezas.


He venido desnuda y sola, consciente de que todo amor es tan sólo una frágil ilusión, a recordarte que, aunque tampoco creo en la existencia de certezas, sé que yo contigo soy más feliz de lo que humanamente dicen que se puede. Así que tú, por favor, no me hables de sequía. No me digas más que no. No vuelvas a decir que no es amor.

Quizás sólo necesitamos dejar de lado toda esa cordura que nos impide dejarlo todo por un nombre. Si supieras cuán equivocados hemos estado al buscar el sentido a cada piedra del camino, en lugar de simplemente, asumir que nada tiene sentido y que todas las evidencias son las que nosotros decidamos creernos... Puede que solo se necesiten dos corazones para crear un final feliz, para cambiar el mundo, para creer en la posibilidad del fenómeno.

Quizás siempre serás ese sueño que nunca podré alcanzar. Pero, agradezco tanto que respires, que te hayan inventado y el saber que desde que existes mi paz ya no es un destino inhóspito. Existe, quizás, como tus ojos, que hacen que el mundo sea más bonito cuando te miro.





"La única verdad es que tienes los ojos más valientes del mundo y el mundo es más valiente cuando te mira a los ojos."

martes, 7 de abril de 2015

No habrá paz para los culpables.



Este desapego absoluto hacia la vida no ha impedido que el apego hacia ti creciese muy por encima de lo tangible. Ojalá supiera cómo liberarme de toda esta contradicción que represento. Ojalá estuvieras aquí, ahora que miro el reloj, son las 7 y yo ya no sé como librarme del mundo ni de mí. No me dejes sola, ahora, que soy tan pequeña. Sentirse sola. Sentirse a parte. No temo a la soledad. Temo al vacío del corazón cuando sabe que no puede albergar más dolor y decide rendirse. Temo a los finales y al no saber quién abrirá la puerta ahora que tú no estás. Tengo miedo de no poder reconstruir mi corazón que cada vez se rompe en pedazos más pequeños e invisibles. Tengo miedo de mi corazón que se detiene y empieza otra vez. Me da miedo no ser capaz de abandonar la esperanza de una vida en tus manos.

Sé que ese invierno te quise de verdad. Sé que te miraba a los ojos y era capaz de ver el cielo y el infierno en tu mirada. El cielo de la vida cuando te da una segunda oportunidad, después de haberte robado todos tus sueños y haberlos arrojado con desprecio al pozo del fracaso eterno de querer ser una cosa y acabar siendo todo lo contrario. El infierno de saber que jamás podría guardar en mis manos toda la belleza de tu mirada, que nunca sería digna de ella, que no habrá finales felices para los culpables. Ese invierno te quise como se quiere todo aquello que sabes que nunca podrás alcanzar. Te quise como quiero a la belleza, a las palabras, al viento, a la lluvia, a la luna... de lejos, mirándote con admiración y orgullo, agradeciendo a la vida que me diese todos esos motivos para creer que aunque pocas, a veces, merece la pena estar vivo y respirar. Y yo no quería perderme nada de ese milagro que supone que existas.

He memorizado el número de tus escalones, todos tus pestañeos, y tus pecas. He memorizado todas tus palabras, tus caricias y esa sonrisa torcida que sólo usas cuando percibes que el amor que siento por tí se me va de las manos. Tu voz en formato susurro, en formato gemido... Tu olor y esa paz en tu pecho. La serenidad que sentía al mirarte y esa inexplicable sensación de seguridad que me dabas cuando me abrazabas y yo me hacía un ovillo herido en tus brazos y creía que el mundo era un lugar amable y pacífico.

Sé que ese invierno te quise de verdad porque el invierno de esta primavera es más frío que nunca. Sé que era verdad porque ahora que las hogueras se han apagado, la guerra se me antoja mucho más cruel que antes.

Sé que te quise, te quiero y te querré aunque estemos destinados a no ser, porque hace mucho tiempo que no creo en el amor ni en el ser humano, y aún así puedo notar como mi corazón se va rompiendo en mil pedazos y no hay consuelo ni palabras que me salven.

No habrá paz para los culpables.










"Hay caminos que hay que andar descalzo. Ya no te preocupes más por mí. Siempre me entra arena en los zapatos. Esta vez me quedo aquí. Si te cabe el cielo en un abrazo, siempre habrá una estrella para ti."




viernes, 3 de abril de 2015

Humo y letras.



Un cigarro tras otro, las esperanzas van cayendo en picado y el blanco del papel se vuelve cada vez más blanco. Un montón de historias deseando salir sin saber muy bien cómo, dónde, cuándo, porqué...

Tú ya no serás tan hermosa como ayer, y quizás yo, ya no vuelva a mirarte así, a verte así. 
Una línea vertical hacer regresar la esperanza. Pero poco dura, porque lo bueno de las cosas buenas es que duran tan poco que no nos da tiempo a acostumbrarnos a ellas. Por eso, la felicidad, siempre parece algo nuevo, distinto, especial... 

Tú ya no eres tan espectacular como creíamos, y yo, ya no encuentro la manera de reconciliarme conmigo (ni contigo). Autoconvencerme. Autoinmolarme. No te engañes. Lo que fuíste es pasado. Ahora eres lo que eres, y de poco vale ponerse el disfraz de asesino si nunca has pretendido matar. 

No tiene sentido vivir para el pasado. Cada caída es un paso hacia el siguiente nivel. Ya no puedes hacer trampas, ni resignarte. Tienes que mirar al frente, aunque tiembles de vértigo, miedo y ganas de volver a caer.  La única persona que puede hacerte sentir especial eres tú misma. Los demás siempre han estado demás. 


Miras esa foto de nuevo, enciendes otro cigarro, buscando quién sabe si perderte entre su humo, o arder con él.


miércoles, 11 de marzo de 2015

Total. Parcial.


No quiero quedarme a ver como te vas, como destruyes en un pestañeo toda la magia que tus ojos han creado en estas cuatro paredes que laten cuando escuchan tu voz.

Al final, son tantos los finales, que ya no recuerdo como olían los principios. Al final no he dejado que nadie entrara en mi pequeño y tranquilo rinconcito de soledad. Sé que es el miedo a volver a los infiernos, el que nunca me dejará tener nada, pero ya no hay vuelta atrás.

Todo el mundo necesita una rutina para mantener su estabilidad y yo me he acostumbrado a la invisibilidad, a irme antes de que la vida me obligue a hacerlo, a mirar más al suelo que al cielo y a entender que nunca seré capaz de amar sino soy capaz de confiar.

No me interesa tu amor, pero me dan miedo las despedidas, el tiempo perdido y el arrepentimiento.

He cambiado tantas veces de dirección sin que a nadie le haya importado lo más mínimo, que ahora que llegas tú llenando con tu luz todos mis cuartos sin ventanas, temo no saber como comportarme para no ensuciarte con toda esta oscuridad.

Yo, callando siempre a gritos. Contaminándolo todo con esta mierda que solo podía ser humana.

Te ahorro la réplica que veo venir y me voy porque te quiero.



(" Y resulta que te quiero. Total. Parcial. Te quiero. Total. General. Te amo.")




Sé que quedarse es ir demasiado lejos pero como dice Diego: "Me he ido ya de tantos sitios, corazón, que a veces preferiría estar muerto y alquilarme un piso sin ventanas en los dos interrogantes de tus ojos."