Puede que mañana ya se te haya pasado y empieces a jugar a vivir lejos de los reproches y las nostalgias de todo lo que ya has asumido que nunca tendrás. Ese cuadro en tu pared. Ya nunca.
Luego el invierno llega de repente y tú te ves en la tesitura de tener que elegir que cama te resulta más confortable y cuáles son los dígitos que debes marcar en caso de emergencia. Lo bueno de tus sueños es que al no haberse cumplido jamás, siguen intactos. Lo malo es no poder esperar ya apenas nada de ellos. Ni de nada. Ni de nadie.
A veces, alguien te mira a los ojos y te hace olvidar por un rato, a todos aquellos seres que jamás te miraron como tú querías que lo hicieran. Hablas de necesidad mientras creas tu propia epistemología para sobrellevar esta hecatombe tan cruel y ahora al fin, me confiesas, con toda la serenidad que un humano como tú, puede soportar, que no fui yo, que eras tú. Y que siempre serás tú. Me pides casi de cuclillas que abandone mi guerra y yo, cruel y fría como sólo tú podrías ser, te digo que mi única guerra soy yo, que tú solo eres el fantasma de algo que una vez quise poseer, y que solo me queda de tí un cúmulo de arrepentimiento y negación que en nada favorece mi existencia actual. Te duele, lo sé por la forma en la que mueves tus ojos, el mar. El mar en el que tan sólo fui un náufrago. Te duele, pero te justificas con un montón de basura pseudointelectual, intentando dejarme claro que nadie manda en el corazón y que las intenciones siempre habían sido buenas. Yo que hace años que sé que solo se convence a quién ya está convencido, maldigo todas tus intenciones y me rio con pena, porque eso es lo que siento ahora. Pena. Pena de tí y pena de mis sueños.
A veces, la culpabilidad. ¿No era el amor otra cosa?. A veces, las ganas de avanzar. Simplemente no quiero quedarme a ver como destrozas mi vida, y la tuya. Y todas las locuras que una vez hice en nombre de un amor que ahora dudo que haya existido. Es tarde para tí. Puede que me hayas querido más de lo que nadie me ha querido, pero... ¿qué es el amor más que un día que se repite continuamente y tú no puedes dejar de disfrutar? ¿qué es el amor más que la promesa de una vida entera? Nunca me lo has dado y ahora que sé que nunca podré perdonarte, me pongo mis zapatos rojos y salgo a la calle, dispuesta a quedarme a vivir en cualquier lugar donde tú no estés ni vayas a estar jamás.
Hay personas que te elevan, que te hacen querer ser más, que te miran y sabes que jamás te van a abandonar y que ven la poesía en tus ojos. Hay personas que no saben volar, que pasan por la vida sin plantearse nada y que te miran como si estuvieras loco cuando decides que la mayoría absoluta no va contigo. Y después están esas personas, que tienen alas pero no saben usarlas, que aman pero con un contador, que se quedarían contigo para siempre pero... Personas pero. Personas como tú.
Y yo, tan cansada de tus peros, tan cansada de tí.