miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Y tú quién eres?

Después de toda la noche soñando en tus manos, cuando la luz comenzaba a asomar por la ventana, y el mundo obviaba mis suplicas de una noche eterna a tu lado, tú me miraste a los ojos, y me dijiste.

- "¿Y tú quién eres? Cuéntame algo de ti."

("Tan sólo un cúmulo de noches en vela y de anhelos imposibles. Una inmensa irrealidad con ninguna pretensión por formar parte del mundo real. Un piano lleno de polvo que hace demasiado tiempo nadie usa para hacer música. Una resaca eterna dentro de un domingo infinito. La vulgaridad hecha carne cada vez que llega una nueva mañana y la vida me obliga a cambiar. Una mentira disfrazada de amor. El amor disfrazado de noches frías y melodías inconclusas. Una melodía incompleta que jamás he querido terminar. Un principio que empieza continuamente sin empezar jamás porque me dan demasiado miedo los finales. Una despedida que nunca acaba. La soledad de los ojos cuando ya no saben mirar. El pago de deudas con promesas que se rompen una vez se hacen. Un temor y un no tener a donde ir. La búsqueda incesante de la libertad en el fuego ajeno. Un volver a ser niña en las largas tardes de sol. La pasión por la belleza. La belleza de lo decadente. La decadencia de una vida pidiendo disculpas. La creencia de que si hay amor no hace falta pedir perdón. La imposibilidad de guardar rencor y la necesidad de ayudar al prójimo aunque eso implique la autodestrucción. La autodestrucción en forma de abandono. Un caramelo en forma de corazón. Una canción de amor con final trágico. El acelerador y la marcha atrás. La indiferencia llena de nostalgias. La nostalgia de los que no han aprendido que todo lo que permanece es el cambio. Un "te quiero igual" aunque me hayas robado la cabeza y el corazón. Un no saber esperar. La impaciencia de los que aman siempre a destiempo. La duda eterna y los cambios de sentido. Un no estar segura de nada, salvo de tus ojos. El dolor de haber fracasado en el único gran paso que dí en toda una vida de intentos. Intentos frustrados y ceniceros llenos de ambiciones. La ambición de poder confiar en la raza humana. Un "quizás" al que he apostado todas mis cartas. Un constante arriesgarse a perder. La risa incontrolada de aquellos que no saben ser felices. La ironía de los labios que no saben besar. La verdad de la piel cuando se vende por un poco de magia. La necesidad de cinco minutos más. La sangre de los dos. Escribir para salir con vida. El calor del destierro. El estar siempre en medio de ningún lugar. La fortuna de que existas. Algún lugar donde terminar. El adiós a intentar ser diferente. Dejarse llevar. Volver. Cuando pienses en mí." )

Pero, me doy la vuelta, dándote la espalda, para que no puedas descubrir la verdad de mi mirada que jamás ha sabido mentir, mientras sonrío y te digo:

- "No sé que contarte. He dormido poco y estoy cansada." -y suplico a la vida que jamás descubras qué hay detrás de todo este cúmulo de mendacidad.



viernes, 21 de noviembre de 2014

Poesía eres tú

¿Cuáles fueron tus últimas palabras? ¿Cuando te dieron el último abrazo? ¿Cuando fue la última vez que afirmaste que el mundo era maravilloso sin un indicio de duda en tu voz? ¿En qué lugar has perdido tu fe? ¿Qué libro de Bukowski has decidido creerte? ¿Cuál es tu frase de cabecera? ¿Dónde guardas todos esos recuerdos que ahora parece que te invaden? ¿Quién eres cuando nadie te observa? 

Tantas preguntas esperando su respuesta y tantas respuestas a preguntas siempre formuladas a destiempo. Y tú, mientras tanto, como si nada, viviendo en todas partes.

Gracias por la genialidad, por la luz en tu mirada, por la sinceridad en tus manos y el amor en tus rodillas. 
Gracias por ser ese chico triste que ha hecho mucho por olvidar y que ríe como sólo saben hacerlo aquellos que han conocido la derrota, la tristeza, la pérdida, la desesperanza...y han sabido sobreponerse a ella. 
Gracias por la integridad, por volar por encima de poetas que no valen nada a tu lado y aún así conservar la humildad intacta. Gracias por enseñarme a frenar y a vivir al día, dejando señales, sin miedo al mañana.
Gracias, ojitos tristes. Por tanto.

Podría decirte que la vida acaba siendo justa, que existe la ley del karma y que al final las cosas siempre salen bien, pero sé que estás cansado de filosofía barata. El mundo es esto y todo lo demás es mentira. Los sueños dan mucho trabajo y nadie te asegura que ese esfuerzo vaya a dar sus frutos, pero aún así, sigues. Concedido. Hay que hacer todo lo posible. Ya hace tiempo que has asumido que de poco sirve ponerse el disfraz de asesino si nunca has pretendido matar. Es lo mismo pero tampoco puedo decirte mucho más.

Ahora que estás aquí, que aún no has iniciado tu vuelo en busca de nuevas soledades, yo te miro, mientras sales a bailar y decido abrazarme a tus anhelos. Te veo amanecer y no puedo parar de hablarte, tratando de alargar eso que siempre acaba demasiado pronto. Intento memorizar una a una todas tus pestañas y agarro fuerte tu mano sabiendo que tu libertad se esconde en la música y que irás siempre a donde ella te lleve. Y yo, mientras tanto, como si nada. Sin hacer otra cosa más que reír y asumir que nadie puede atrapar en sus manos a la poesía. La poesía es libre. La poesía ha de viajar. La poesía tiene que salvar el mundo. Bécquer lo sabía, poesía eres tú.

Gracias por la genialidad. Gracias por los recuerdos. Gracias por el olvido tan lleno de nostalgias de ti. Gracias por las palabras, por la fragilidad de tu ser y por un millón de noches en vela tratando de reconstruir este diminuto y a la vez inmenso lugar que ocupas en el cosmos. Tú eres el cambio que yo quiero ver en el mundo.

Quizás mañana yo escriba, mientras te veo sentado en cualquier acera dejando que el aire te dé en la cara, mientras esperas que todo acabe y maldices a esa vida que tanto amas y que con tantos quebraderos te ha agasajado.

Quizás mañana tú toques la guitarra, mientras me miras caminar sin rumbo ni dirección, escapando del olvido que siempre me persigue, inventando nuevas formas de despedirme y buscando el modo de poder guardar todo el universo en mi pecho.

Tan solo quizás. Y quizás es suficiente.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Volatilizar

No salgo a buscarte porque estoy cansada de habitar entre tu espada y tu pared. No te cuestiono porque estoy hastiada de tener todas las respuestas y aún así no saber como actuar. No te miro porque me inquieta que en cualquier momento te conviertas en otro. No te tanteo porque tú me deshielas con solo mirarme y yo quiero seguir siendo piedra firme y serena. No me congratulo a pesar de ser consciente de que tu corrompida alma podría estar en mis manos.
Apenas pienso en tí, pues pensarte es un obstáculo que dificulta enormemente mi vuelo. Y yo quiero volar. Pero no es fácil convivir con alguien que quiere alcanzar el cielo. Es un juego. Siempre lo ha sido. Quizás yo he perdido, pero tú me has perdido. Y ninguno de los dos ha ganado nada. Acaso experiencia y aprendizaje. Es lo que suele decirse cuando alguien pierde mucho y no gana nada.
Sí, hemos aprendido. Puede que tú conserves la enseñanza intacta durante toda tu vida, pero yo me olvidaré de todo lo aprendido en un simple abrir y cerrar de piernas. Y lo sabes. Lo sabes, pero no te importa. Lo sé. Ambos hemos sabido siempre todo lo que hay que saber y sin embargo en la praxis somos excesivamente ineptos. La juventud dicen. Nuestra estúpida manía de no querer parecernos nunca a nadie y congraciarnos de ello. Hemos estado muy solos por culpa de nuestra ineptitud para adaptarnos a los demás. Hemos estado muy solos por culpa de nuestra ineptitud para adaptarnos a nosotros mismos. No hemos estado nunca en ningún lugar y no obstante hemos volado mucho más que la mayoría de la gente. No sé como pretendíamos querernos perpetuamente si ni siquiera éramos capaces de cohabitar más de unas pocas horas. Pero soñábamos. Siempre soñábamos. Y creíamos que la vida era un sueño. Nos gustaba vivir. Nos gustaba ser especiales y éramos francamente felices dentro de esa montaña rusa emocional en la que jamás dejamos que entrara nadie.
Nunca fuimos capaces de entendernos a pesar de ser prácticamente iguales. Cuando la vida se complicaba optábamos por escondernos en nuestras respectivas alcobas, esperando a que la tormenta amainase. Jamás luchamos juntos por nada. Ni siquiera por nosotros mismos. Esperar, eso hacíamos. Tener fe en que las cosas se pondrían solas en su lugar. Y así fue. Pero, nos ha costado demasiado asimilar que este era su lugar. Nos separamos porque dos seres tan volátiles no pueden convivir en este mundo. Nos separamos porque nos percatamos de que nuestro reinado era falso. Tuvimos que tomar direcciones opuestas porque nadie puede mediar entre dos perturbados y nosotros fuimos siempre demasiado jóvenes para entender porqué tanto canibalismo, tantas horas en vela, tantas terapias infructuosas, tanta ficción, tanta muerte, tanta autodestrucción...
Hace años de eso y aún hoy sigues siendo mi mayor guerra. Junto a ti descubrí la imposibilidad del fenómeno y jamás he vuelto a ser yo.
Sé que leerás esto. Siempre te ha interesado más mi escritura que yo. Ojalá hayas conseguido acostarte temprano y no pasarte las noches en vela preguntándote porqué tú no puedes ser una oveja más del rebaño.

Yo seguiré intentando alcanzar el cielo.

Sé que te gustará saberlo.








martes, 4 de noviembre de 2014

A ti podría decirte que,

A ti podría decirte que, desde que te vi aparecer, rompiendo las aceras a cada paso y trayendo la ilusión por bandera, mi casa está donde tú estés. Cualquier lugar podría ser mi hogar si eres tú quién abre la puerta. Mi corazón coraza es tu casa ahora.

A ti podría decirte que, me has hecho mejor persona, más fuerte y más valiente. Has visto un punto de luz entre tanta oscuridad y lo has hecho tuyo. Me has hecho quererme, queriéndome. Me has hecho mujer con tus manos y contigo he volado muy por encima de lo humanamente posible.

A ti podría decirte que, contigo he vuelto a creer en el amor. En el bueno. En ese tipo de amor que te rompe los huesos y te hace querer ser cada día mejor. El amor desinteresado que no entiende de rosas ni de claveles. El que te hace creer que todo es posible y que la felicidad está cerca siempre. El amor que te impide marcharte y que te deja atado a un quizás. Tu "quizás". Tú, quizás.

A ti podría decirte que, no quiero plantearme un futuro en el que no pueda enredarme en tu pelo al amanecer. Que quizás te espere hasta el fin de mis días y quizás no me importe hacerlo. Que te he estado buscando durante toda mi vida y has llegado cuando ya había dejado de buscar. Que mi única salvación son tus palabras y que me he mirado en tus ojos tantas veces que ya no recuerdo como son los míos. Has besado todas mis cicatrices eliminando con tu boca todo rastro de miedo y rencor de mi piel. Me has hecho el amor y he sentido como se lo hacías a todo el universo. Todo el universo estaba en mí. Tú eras todo el universo. Tú eres todo mi universo.

A ti podría decirte que, te he visto fallar y perder la fe y no podría haberte amado más. Te amé cuando te vi temblar de frío y de miedo esperando algo que nunca llegaba. Te vi odiando al mundo por no poder soportar tanta intensidad. Te amé cuando te vi ser un incomprendido que tenía siempre mucho más de lo que le permitían dar. Te vi amar al amor y soñar con perderte en unos brazos que por fin calmasen toda tu espera. Vi el deseo y las ganas en tu mirada y desde entonces no he podido mirar otra cosa. Aún no he podido dejar de verte. Aún no he podido quitar tu fuego de mi piel.

A ti podría decirte que, te quiero muy por encima de lo que mis torpes y necias palabras puedan llegar a abarcar. Que confio en ti y en el desorden que has provocado en mi corazón. Que te deseo toda la felicidad del mundo, aunque no sea a mi lado. Que nunca me iré de tus días y que ojalá hubiera llegado mucho antes de perder la fe. Que en mis paredes puedes ver que mis sueños son tus sueños y que siempre he querido darte lo que tú siempre has necesitado. Que todo lo que sueño está entre interiores y que nada me haría más dichosa que verte fallar, follar, perder, reír, soñar, mirar, cantar, leer, dormir, vivir... a mi lado... todos los días de mi vida. Que todo el brillo de tu alma nunca me ha dejado de hablar. Que no quiero dejar de combatir ni que la luz se apague. Lo siento. No acierto.

A ti podría decirte que, te quiero y te espero. Y que me fallan las palabras cuando lo que tengo que decirte me desborda el alma. Que ojalá entres en mi coraza sin pedir más permisos y te quedes. Te quedes, por fin. Me veas, por fin. Me quieras, por fin.


Siempre acabo en ti.