sábado, 16 de julio de 2016

Love me two times, baby.


Todo ha pasado tan rápido que aún hoy, cuando miro atrás, me cuesta recordar en que momento, en que preciso instante todo se tornó tan nuevo, tan seguro, tan estable. Sé que en parte es gracias a ti, que con tus "para siempre" eternos y tu facilidad para quererme como nunca nadie me ha querido, has conseguido que pisar el suelo me resulte mucho más apacible que antaño.

Aunque tampoco puedo olvidarme de mí. Yo, que tanto he luchado entre cuerpos inertes que devoraban mi calma a bocados*, que tengo los nudillos deshechos de dar golpes a miles de ventanas tratando de escapar, que no duermo porque temo perder un segundo de lucidez y volver a caer... Ahora estoy aquí, en mi lugar, haciendo de esta casa, que no es mía, nuestro hogar, con una facilidad que nunca habría podido prever. Y a veces, en esas mañanas de domingo eternas, recuerdo otras voces, otros cuerpos, otros lugares en los que una vez pensé que siempre me quedaría y siento esa nostalgia del que sabe que aunque el presente es mucho mejor, aquel pasado también tenía su encanto, su fuerza, un poder grandioso para hacerme perder toda mi esencia de golpe, a la vez que conseguía sacarla a relucir en todo su esplendor. Yo como Poe, nunca he estado loca, solo en aquellas ocasiones en que conmovieron mi corazón. Ese ir y venir del carajo. A veces también yo lo echo de menos.

He amado mucho y sé que ha sido de verdad porque al mirar atrás no puedo sentir odio ni arrepentimiento. Solo puedo sentirme orgullosa de haberlo dado todo por un beso. Aunque en ese beso hubiese más de muerte que de vida. Más vale tarde que nunca. Y nunca que tarde.

Existe todo tipo de amor pero nunca el mismo amor dos veces. Fitz tenía razón y yo no. Pero me alegra no tenerla y poder experimentar sentimientos tan diversos dentro de una misma existencia. Del amor tortuoso y trágico de Romeo y Julieta, al amor tranquilo y apacible que jamás nos enseñan en los libros, pero que definitivamente es el único por el que merece la pena morir...y matar. Sobre todo porque este tipo de amor jamás te pondría en la tesitura de tener que morir o matar. Yo lo sé, ahora, mil años después de haber amado por encima de la vida y la muerte, de mí y de mi vida, de lo sano y lo divino. Pero ya no me duele, porque sé, mi vida, que todo mi tortuoso y movedizo camino, era tan solo un aprendizaje para poder llegar a tí, para poder al fin, dormir con la certeza de que el cuerpo que duerme a mi lado, no se irá al día siguiente, ni al otro.

Al final el amor era eso. La ausencia de miedo, quizás. El poder dormir en paz y compartir los días con alguien que realmente cree que eres lo mejor que le ha pasado en la vida, aunque tú solo seas una persona más, tratando de entender algo dentro de este mundanal ruído infernal. Yo ya no quiero más historias de amor con una introducción repleta de una intensidad demoledora, un nudo lleno de sueños que nunca llegan a hacerse realidad y un final trágico que nunca acaba de terminar. Yo ya solo quiero amar y ser amada.

Así que.

Más amor, por favor.