sábado, 20 de agosto de 2016
Aunque sea un rato
Acariciar tu piel en mis noches de insomnio. La relajante suavidad de tu tacto en mis manos. Me paraliza ver como todo aquello que antes me hacía soñar, ahora es el culpable de esta incapacidad mía para sonreír, aunque sea un rato. No entiendo porqué has llegado tan tarde y mucho menos porqué has tenido que irte tan pronto. Las cosas ya no van a volver a ser como antes, y eso, es algo que hace que me tiemblen las manos y que sea incapaz de controlar este miedo que me sube por la garganta. No quiero recordarte lo fundamental que has llegado a ser en mi frágil existencia. Y menos ahora que no sé ni cual es tu lado de la cama. Ya no.
Pero tú, por favor, no te mueras. Agarrate a la vida, aunque sigas sin saber porqué. No necesitamos tener un motivo para todo. Te lo juro, mi amor, es así. Ya verás, todo irá bien. Pronto todo saldrá bien. Ahora no. Ahora no hay ley. Siento que tu vida siga igual. Tan así como siempre. Tan vacía de todo, menos de tí. Tan llena de sinsentidos y de ti. Tan repleta del sinsentido que tú eres y que ahora sospecho comienzas a comprender. No llores, amor. El final siempre es plácido.
Yo ya no te quiero, pero tal vez te quiero. O quizás yo nunca te quise, pero vamos a obviar el hecho de que yo ya no estoy, y centrarnos en el ahora. Tu ahora. Ese justo ahora, que es lo único que tienes. Todo lo que te sobra.
¿Recuerdas esa canción? Era tan triste como las noches de invierno. Ahora ya no, ¿verdad?. A mí ya no me duele. Sólo me recuerda a copas, escapismo, y dolor de cabeza. Todo es mejor ahora. Siento mucho que para tí no. No te duermas. La vida pasa y pesa. Tienes que correr sin mirar atrás. Se te está pasando la vida. Cada vez los sueños pesan más y no podemos esperar eternamente.
No esperes más. Nada va a cambiar. Súbete al tren y deja que te lleve. Deja que te mueva como una vez yo dejé que tú me llevarás al infierno. Yo no quiero volverte a ver. Pero pido a la vida todos los días que te deje sonreír, aunque sea un rato.
sábado, 16 de julio de 2016
Love me two times, baby.
Todo ha pasado tan rápido que aún hoy, cuando miro atrás, me cuesta recordar en que momento, en que preciso instante todo se tornó tan nuevo, tan seguro, tan estable. Sé que en parte es gracias a ti, que con tus "para siempre" eternos y tu facilidad para quererme como nunca nadie me ha querido, has conseguido que pisar el suelo me resulte mucho más apacible que antaño.
Aunque tampoco puedo olvidarme de mí. Yo, que tanto he luchado entre cuerpos inertes que devoraban mi calma a bocados*, que tengo los nudillos deshechos de dar golpes a miles de ventanas tratando de escapar, que no duermo porque temo perder un segundo de lucidez y volver a caer... Ahora estoy aquí, en mi lugar, haciendo de esta casa, que no es mía, nuestro hogar, con una facilidad que nunca habría podido prever. Y a veces, en esas mañanas de domingo eternas, recuerdo otras voces, otros cuerpos, otros lugares en los que una vez pensé que siempre me quedaría y siento esa nostalgia del que sabe que aunque el presente es mucho mejor, aquel pasado también tenía su encanto, su fuerza, un poder grandioso para hacerme perder toda mi esencia de golpe, a la vez que conseguía sacarla a relucir en todo su esplendor. Yo como Poe, nunca he estado loca, solo en aquellas ocasiones en que conmovieron mi corazón. Ese ir y venir del carajo. A veces también yo lo echo de menos.
He amado mucho y sé que ha sido de verdad porque al mirar atrás no puedo sentir odio ni arrepentimiento. Solo puedo sentirme orgullosa de haberlo dado todo por un beso. Aunque en ese beso hubiese más de muerte que de vida. Más vale tarde que nunca. Y nunca que tarde.
Existe todo tipo de amor pero nunca el mismo amor dos veces. Fitz tenía razón y yo no. Pero me alegra no tenerla y poder experimentar sentimientos tan diversos dentro de una misma existencia. Del amor tortuoso y trágico de Romeo y Julieta, al amor tranquilo y apacible que jamás nos enseñan en los libros, pero que definitivamente es el único por el que merece la pena morir...y matar. Sobre todo porque este tipo de amor jamás te pondría en la tesitura de tener que morir o matar. Yo lo sé, ahora, mil años después de haber amado por encima de la vida y la muerte, de mí y de mi vida, de lo sano y lo divino. Pero ya no me duele, porque sé, mi vida, que todo mi tortuoso y movedizo camino, era tan solo un aprendizaje para poder llegar a tí, para poder al fin, dormir con la certeza de que el cuerpo que duerme a mi lado, no se irá al día siguiente, ni al otro.
Al final el amor era eso. La ausencia de miedo, quizás. El poder dormir en paz y compartir los días con alguien que realmente cree que eres lo mejor que le ha pasado en la vida, aunque tú solo seas una persona más, tratando de entender algo dentro de este mundanal ruído infernal. Yo ya no quiero más historias de amor con una introducción repleta de una intensidad demoledora, un nudo lleno de sueños que nunca llegan a hacerse realidad y un final trágico que nunca acaba de terminar. Yo ya solo quiero amar y ser amada.
Así que.
Más amor, por favor.
martes, 26 de abril de 2016
Coa vida.
A compañía perfecta. Esa que nada pide e moito da. A que te leva da man para poñerte a salvo sen que teñas que abrir a boca para pedir auxilio, que te acompaña neste longo paseo que é a vida, e te mira de soslaio cando te quedas atrás, que te espera e non desespera, porque sabe que chegarás, porque sabe que nunca abandonarás.
Uns ollos que te miran e remiran e nunca se cansan de mirarte. A compañía perfecta de quen nada pide e moito da, de quen está aí cando non poderías estar con outro alguén.
Hai momentos que son eternos, recordos que son eternos, amores que son eternos. Sabes que será eterno cando non hai nada malo que poidas dicir del. Entonces, eternízase. Vólvese intocable, indomable, francamente difícil de volver vivir.
Eres só tí para moitos, pero tí es moito máis que case todos para min. Despois de todos estos anos mirándonos, só me queda a fe de haberte feito só a metade de feliz do que ti me fixeches a min. Gracias por acompañarme neste pequeno paseo, demasiado longo sen ti. Gracias polo amor de verdade, e por ensinarme o que importa. Espero haber aprendido algo de ti para levalo sempre comigo, agora que ti me tes que deixar. Agora que soa a música de game over.
26-04-2016
Uns ollos que te miran e remiran e nunca se cansan de mirarte. A compañía perfecta de quen nada pide e moito da, de quen está aí cando non poderías estar con outro alguén.
Hai momentos que son eternos, recordos que son eternos, amores que son eternos. Sabes que será eterno cando non hai nada malo que poidas dicir del. Entonces, eternízase. Vólvese intocable, indomable, francamente difícil de volver vivir.
Eres só tí para moitos, pero tí es moito máis que case todos para min. Despois de todos estos anos mirándonos, só me queda a fe de haberte feito só a metade de feliz do que ti me fixeches a min. Gracias por acompañarme neste pequeno paseo, demasiado longo sen ti. Gracias polo amor de verdade, e por ensinarme o que importa. Espero haber aprendido algo de ti para levalo sempre comigo, agora que ti me tes que deixar. Agora que soa a música de game over.
26-04-2016
martes, 12 de enero de 2016
Pero.
Puede que mañana ya se te haya pasado y empieces a jugar a vivir lejos de los reproches y las nostalgias de todo lo que ya has asumido que nunca tendrás. Ese cuadro en tu pared. Ya nunca.
Luego el invierno llega de repente y tú te ves en la tesitura de tener que elegir que cama te resulta más confortable y cuáles son los dígitos que debes marcar en caso de emergencia. Lo bueno de tus sueños es que al no haberse cumplido jamás, siguen intactos. Lo malo es no poder esperar ya apenas nada de ellos. Ni de nada. Ni de nadie.
A veces, alguien te mira a los ojos y te hace olvidar por un rato, a todos aquellos seres que jamás te miraron como tú querías que lo hicieran. Hablas de necesidad mientras creas tu propia epistemología para sobrellevar esta hecatombe tan cruel y ahora al fin, me confiesas, con toda la serenidad que un humano como tú, puede soportar, que no fui yo, que eras tú. Y que siempre serás tú. Me pides casi de cuclillas que abandone mi guerra y yo, cruel y fría como sólo tú podrías ser, te digo que mi única guerra soy yo, que tú solo eres el fantasma de algo que una vez quise poseer, y que solo me queda de tí un cúmulo de arrepentimiento y negación que en nada favorece mi existencia actual. Te duele, lo sé por la forma en la que mueves tus ojos, el mar. El mar en el que tan sólo fui un náufrago. Te duele, pero te justificas con un montón de basura pseudointelectual, intentando dejarme claro que nadie manda en el corazón y que las intenciones siempre habían sido buenas. Yo que hace años que sé que solo se convence a quién ya está convencido, maldigo todas tus intenciones y me rio con pena, porque eso es lo que siento ahora. Pena. Pena de tí y pena de mis sueños.
A veces, la culpabilidad. ¿No era el amor otra cosa?. A veces, las ganas de avanzar. Simplemente no quiero quedarme a ver como destrozas mi vida, y la tuya. Y todas las locuras que una vez hice en nombre de un amor que ahora dudo que haya existido. Es tarde para tí. Puede que me hayas querido más de lo que nadie me ha querido, pero... ¿qué es el amor más que un día que se repite continuamente y tú no puedes dejar de disfrutar? ¿qué es el amor más que la promesa de una vida entera? Nunca me lo has dado y ahora que sé que nunca podré perdonarte, me pongo mis zapatos rojos y salgo a la calle, dispuesta a quedarme a vivir en cualquier lugar donde tú no estés ni vayas a estar jamás.
Hay personas que te elevan, que te hacen querer ser más, que te miran y sabes que jamás te van a abandonar y que ven la poesía en tus ojos. Hay personas que no saben volar, que pasan por la vida sin plantearse nada y que te miran como si estuvieras loco cuando decides que la mayoría absoluta no va contigo. Y después están esas personas, que tienen alas pero no saben usarlas, que aman pero con un contador, que se quedarían contigo para siempre pero... Personas pero. Personas como tú.
Y yo, tan cansada de tus peros, tan cansada de tí.
Luego el invierno llega de repente y tú te ves en la tesitura de tener que elegir que cama te resulta más confortable y cuáles son los dígitos que debes marcar en caso de emergencia. Lo bueno de tus sueños es que al no haberse cumplido jamás, siguen intactos. Lo malo es no poder esperar ya apenas nada de ellos. Ni de nada. Ni de nadie.
A veces, alguien te mira a los ojos y te hace olvidar por un rato, a todos aquellos seres que jamás te miraron como tú querías que lo hicieran. Hablas de necesidad mientras creas tu propia epistemología para sobrellevar esta hecatombe tan cruel y ahora al fin, me confiesas, con toda la serenidad que un humano como tú, puede soportar, que no fui yo, que eras tú. Y que siempre serás tú. Me pides casi de cuclillas que abandone mi guerra y yo, cruel y fría como sólo tú podrías ser, te digo que mi única guerra soy yo, que tú solo eres el fantasma de algo que una vez quise poseer, y que solo me queda de tí un cúmulo de arrepentimiento y negación que en nada favorece mi existencia actual. Te duele, lo sé por la forma en la que mueves tus ojos, el mar. El mar en el que tan sólo fui un náufrago. Te duele, pero te justificas con un montón de basura pseudointelectual, intentando dejarme claro que nadie manda en el corazón y que las intenciones siempre habían sido buenas. Yo que hace años que sé que solo se convence a quién ya está convencido, maldigo todas tus intenciones y me rio con pena, porque eso es lo que siento ahora. Pena. Pena de tí y pena de mis sueños.
A veces, la culpabilidad. ¿No era el amor otra cosa?. A veces, las ganas de avanzar. Simplemente no quiero quedarme a ver como destrozas mi vida, y la tuya. Y todas las locuras que una vez hice en nombre de un amor que ahora dudo que haya existido. Es tarde para tí. Puede que me hayas querido más de lo que nadie me ha querido, pero... ¿qué es el amor más que un día que se repite continuamente y tú no puedes dejar de disfrutar? ¿qué es el amor más que la promesa de una vida entera? Nunca me lo has dado y ahora que sé que nunca podré perdonarte, me pongo mis zapatos rojos y salgo a la calle, dispuesta a quedarme a vivir en cualquier lugar donde tú no estés ni vayas a estar jamás.
Hay personas que te elevan, que te hacen querer ser más, que te miran y sabes que jamás te van a abandonar y que ven la poesía en tus ojos. Hay personas que no saben volar, que pasan por la vida sin plantearse nada y que te miran como si estuvieras loco cuando decides que la mayoría absoluta no va contigo. Y después están esas personas, que tienen alas pero no saben usarlas, que aman pero con un contador, que se quedarían contigo para siempre pero... Personas pero. Personas como tú.
Y yo, tan cansada de tus peros, tan cansada de tí.
martes, 24 de noviembre de 2015
Infancias mal curadas
Acababa de empezar el primer día del final, cuando entre lagrimas me dijiste "me has alegrado la vida mucho estos meses tan crueles.". Yo entendí "te quiero" y respondí "y yo a ti. Mucho.". Pero no había te quieros ya y yo no me di ni cuenta. Supongo que nadie es más fácil de engañar que aquel que quiere ser engañado y cariño, tengo un montón de sueños que llevan el nombre de tus mentiras. Luego me marché con mis sueños frustrados y mis miedos eternos y me aferré fuerte a tus "te quiero" de papel tratando de encontrar un poco de calor en tu ausencia. Me aferré tanto que, aunque tú no lo sepas, no he vuelto a soñar nada. Fue un perfecto descontrol. Una sublime maniobra de escapismo patrocinada por un "yo ya he sentido esto antes y no.". Un cuarto sin ventanas que conocía perfectamente, por eso no huí el día que asumí que si tú me quisieras, yo no tendría tanto miedo de perderte. Quizás. Una maravillosa desintegración. La misma decepción. La misma mierda en otros ojos. No comprendo porqué no encontré la salida de emergencia. Supongo que siempre me ha parecido más fácil de lo que en realidad es, ir en contra de mi voluntad, de mi corazón que todo lo sabe y nunca acierta. Supongo que nunca quise encontrarla, que yo solo quería quemarme contigo (y matarme contigo si te mueres, y morirme contigo si te matas.). Gracias a Él aprendí a desintegrarme sin dolor y gracias a tí he aprendido a ser mi único soporte, a asumir que sólo me tengo a mí misma. Y a veces, cariño, ni eso.
Pasaron los días y tuve que volver. Lo siento pero tuve que volver. Entonces me hablaste de la belleza, la admiración, la inteligencia, la valentía, la bondad, la ternura, la luz y les pusiste mi nombre y yo volví a entender "te quiero" y otra vez era mentira y tuve que correr. Pero ya me habías atrapado y no pude negarlo y yo era tan culpable que ni siquiera pude contarles, que tú eras tú, pero que no querías ser nosotros. Tuve que esconder las heridas. Tuve que volver a arrancarme el corazón para que no pudieras quitarmelo y pensé en que debería dejarte, irme lejos y jamás volver. Pero era inútil negarlo. Ya me habías hecho perder. Tu puñalada por la espalda casi sin querer y mi manera casi enfermiza de esconder la herida que tú me habías provocado me dejaron inmune a todo mal. Y entonces tú ya no me importabas. Y sólo fuiste uno más de cientos. Me convencí de que llegados a este punto ya no era de recibo abandonarte y me quedé, pero nunca pude hacerlo bien. Y te mentí, te apuñalé, te grité, te lloré, te odié, quise matarte, deseé que nunca hubieras nacido. Y tú, un poco por inercia, otro poco por pasividad, me perdonabas todo, porque te daba igual. Yo te daba igual. Siempre te había dado igual. La tierra prometida nunca había existido.
Me he pasado la vida entera tratando de creer en algo. He desperdiciado la vida entera. Nos separan años luz, pero te recuerdo por ser lo único real en todos estos años sin luz. Ahora bien, yo ya no sé si tú seguirás leyéndome dentro de un tiempo, pero jamás haría nada que imposibilitase que tú y yo podamos tener un futuro juntos, lejos de mis temores y de tu infancia mal curada.
"No voy a abandonarte a estas alturas."
Pasaron los días y tuve que volver. Lo siento pero tuve que volver. Entonces me hablaste de la belleza, la admiración, la inteligencia, la valentía, la bondad, la ternura, la luz y les pusiste mi nombre y yo volví a entender "te quiero" y otra vez era mentira y tuve que correr. Pero ya me habías atrapado y no pude negarlo y yo era tan culpable que ni siquiera pude contarles, que tú eras tú, pero que no querías ser nosotros. Tuve que esconder las heridas. Tuve que volver a arrancarme el corazón para que no pudieras quitarmelo y pensé en que debería dejarte, irme lejos y jamás volver. Pero era inútil negarlo. Ya me habías hecho perder. Tu puñalada por la espalda casi sin querer y mi manera casi enfermiza de esconder la herida que tú me habías provocado me dejaron inmune a todo mal. Y entonces tú ya no me importabas. Y sólo fuiste uno más de cientos. Me convencí de que llegados a este punto ya no era de recibo abandonarte y me quedé, pero nunca pude hacerlo bien. Y te mentí, te apuñalé, te grité, te lloré, te odié, quise matarte, deseé que nunca hubieras nacido. Y tú, un poco por inercia, otro poco por pasividad, me perdonabas todo, porque te daba igual. Yo te daba igual. Siempre te había dado igual. La tierra prometida nunca había existido.
Me he pasado la vida entera tratando de creer en algo. He desperdiciado la vida entera. Nos separan años luz, pero te recuerdo por ser lo único real en todos estos años sin luz. Ahora bien, yo ya no sé si tú seguirás leyéndome dentro de un tiempo, pero jamás haría nada que imposibilitase que tú y yo podamos tener un futuro juntos, lejos de mis temores y de tu infancia mal curada.
"No voy a abandonarte a estas alturas."
miércoles, 18 de noviembre de 2015
De veras
¿Como lo hacemos ahora? ¿Como volver a ser nosotros sin dejar de ser tú y yo? Te echo de menos y apenas siento nada. Sólo presiento. Presiento que te echaré de menos hasta que la vida se rompa y que acabaré arrepintiéndome de no quedarme a tu lado para verte crecer. Me veo a mí misma en mi lecho de muerte lamentando no haberte dedicado más que un mísero año de mi vida. Ojalá fueras uno más, como yo lo soy para tí. Solo un ser humano más. Pero no. Y temo al arrepentimiento del final, el de no haber disfrutado de tu presencia todo lo que la vida me permitiese. No entiendo. Hace un rato nos estabamos riendo a carcajadas en tu coche. Echo tanto de menos tu casa... Las risas, los abrazos, las películas tontas, las cenas compartidas, los paseos de la mano por la playa y tus ojos. Ya lo sabes. Siempre echaré de menos tus tristes, grandes y pueriles ojos verde esperanza. Una esperanza que ahora ya no existe. Se ha ido como tus ganas de verme, como mi disciplina, mis sueños y tus consecuencias. El círculo se cierra porque así ha de ser, aunque jamás llegue a comprender el motivo real. Nada es tan triste como decir adiós para siempre a quién quieres para siempre. Nada que me provoque más impotencia que haber asumido todas las consecuencias para al final quedarme sin nada. Nada peor que la ausencia, el desapego y la distancia para quién quiere, de veras. De veras, te quiero.
Siempre serás un niño para mí. Y siempre mi niño, pero nadie nos recordará (ni nosotros mismos). Y no hemos logrado cambiar el mundo (ni a nosotros). No hemos logrado más que daño y rencor y destrozar nuestro hogar. No hay noticias. No nos ha separado la vida. Nos hemos separado nosotros.¿Como podría perdonar algo así?. No puedo. No quiero. No debo.
Eras lo único innegable y ahora yo tampoco creo en nada. Ya no espero nada. Ya no pienso nada. Ya no acepto ni admito. Quiero estar dormida y que puedas alumbrarme en la oscuridad.
"Solo es eterno quién nunca existió"
Siempre serás un niño para mí. Y siempre mi niño, pero nadie nos recordará (ni nosotros mismos). Y no hemos logrado cambiar el mundo (ni a nosotros). No hemos logrado más que daño y rencor y destrozar nuestro hogar. No hay noticias. No nos ha separado la vida. Nos hemos separado nosotros.¿Como podría perdonar algo así?. No puedo. No quiero. No debo.
Eras lo único innegable y ahora yo tampoco creo en nada. Ya no espero nada. Ya no pienso nada. Ya no acepto ni admito. Quiero estar dormida y que puedas alumbrarme en la oscuridad.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Fragmentos
Está nublado y estoy muerta de frío. Ya no sé que hora es. El tiempo transcurre de manera muy diferente según tu estado anímico, según lo que estés esperando.
No sé donde estás, quizás justo a mi lado pero te siento tan lejos... No sé dónde te has quedado. No comprendo porqué has decidido irte sin mí.
Hace frío y ya es de noche, como quién juega con "te quieros" escondidos en miradas, instantes, fragmentos pero jamás en palabras. Somos fragmentos de algo que quisimos ser, retales de valores que quisimos imponernos a sabiendas de que no cumpliríamos y seres vivos que no han elegido estar aquí y no saben muy bien como acabar con esta existencia condenada al vacío y a la atrocidad más aterradoras, experimentos fallidos. Tú y yo solo somos líneas paralelas que se han unido una vez en cuerpo y alma, solo una vez, para no volver a tocarse jamás. Y todavía no se me ha ocurrido nada más triste que un "jamás".
Ya no me duele tanto que no me quieras. Me duele el frío en las manos y el costado, los pies y los ojos. Me duele esta calle y la carencia de hogar. Me duele la crueldad de haber pasado de niña a mujer en un abrir y cerrar de ojos, sin estar todavía preparada para la soledad, la desconfianza y el recelo, propios de la edad adulta. Me duele no sentirme parte de nada ni nadie, ser la única que no se ha enterado del chiste y ríe tratando de ocultar su ineptitud y falta de sentido común, su incapacidad para comprender porqué alguien que te quiere permite que te rompas en cien mil pedazos, sin mover un dedo para tratar de impedirlo. Me duelen los miedos y los infinitos cada vez más largos, la marcha atrás y el no saber aceptar que no debo esperar nada de ningún ser humano. Esperar siempre duele. Duele esperar que me salvéis de mis sombras y acabar sola, pequeña y frágil, vagando por calles oscuras, frías y sin corazón, sin rumbo, sin hogar, sin nadie que me espere en ningún sitio. Duele no sentirse joven siendo tan joven y esperar la muerte como quién espera que nazca su primer bebé, ese que lleva buscando años y años. Ese que le salvará de si mismo, de su vacío, de su individualidad, de su soledad, de la falta de sentido de su existencia.
Ya ni me duele que no me quieras. Me duele que no me entiendas. Me duele haber confiado tanto. Me duelo. Me duelo a mí misma. Me avergüenza no haber sido capaz de ser un poco menos humana, y me avergüenza aún más haberme rendido en esta batalla eterna con mis demonios que ha sido mi existencia. Yo ya no puedo más. Y es imposible explicar mi rotura irreparable a personas que siempre han conseguido buscar el sentido de las cosas y autocurarse.
¿Quién es realmente el asesino? ¿El que posee el arma o el que la usa?."La vida nos es fatalmente dada" que decía Cortázar. ¿Cuál es entonces el pecado? ¿ La obligación impuesta de vivirla o el decidir que ya no quieres jugar más?.
Nos han engañado a todos y nosotros nos hemos engañado a nosotros mismos, así que ahora ya no podremos creer en nada jamás. Esta vida iba a ser otra pero algo ha salido mal. No hay pecado si no hay pecador. No hay dolor si no hay imposición. No hay principios si sólo puedes visualizar tu final.
Paris n´existe pas. Lo sé. Lo sé. Mas no lo acepto, así que, au revoir, mon amour. Au revoir, mon monde. Au revoir, ma vie.
No sé donde estás, quizás justo a mi lado pero te siento tan lejos... No sé dónde te has quedado. No comprendo porqué has decidido irte sin mí.
Hace frío y ya es de noche, como quién juega con "te quieros" escondidos en miradas, instantes, fragmentos pero jamás en palabras. Somos fragmentos de algo que quisimos ser, retales de valores que quisimos imponernos a sabiendas de que no cumpliríamos y seres vivos que no han elegido estar aquí y no saben muy bien como acabar con esta existencia condenada al vacío y a la atrocidad más aterradoras, experimentos fallidos. Tú y yo solo somos líneas paralelas que se han unido una vez en cuerpo y alma, solo una vez, para no volver a tocarse jamás. Y todavía no se me ha ocurrido nada más triste que un "jamás".
Ya no me duele tanto que no me quieras. Me duele el frío en las manos y el costado, los pies y los ojos. Me duele esta calle y la carencia de hogar. Me duele la crueldad de haber pasado de niña a mujer en un abrir y cerrar de ojos, sin estar todavía preparada para la soledad, la desconfianza y el recelo, propios de la edad adulta. Me duele no sentirme parte de nada ni nadie, ser la única que no se ha enterado del chiste y ríe tratando de ocultar su ineptitud y falta de sentido común, su incapacidad para comprender porqué alguien que te quiere permite que te rompas en cien mil pedazos, sin mover un dedo para tratar de impedirlo. Me duelen los miedos y los infinitos cada vez más largos, la marcha atrás y el no saber aceptar que no debo esperar nada de ningún ser humano. Esperar siempre duele. Duele esperar que me salvéis de mis sombras y acabar sola, pequeña y frágil, vagando por calles oscuras, frías y sin corazón, sin rumbo, sin hogar, sin nadie que me espere en ningún sitio. Duele no sentirse joven siendo tan joven y esperar la muerte como quién espera que nazca su primer bebé, ese que lleva buscando años y años. Ese que le salvará de si mismo, de su vacío, de su individualidad, de su soledad, de la falta de sentido de su existencia.
Ya ni me duele que no me quieras. Me duele que no me entiendas. Me duele haber confiado tanto. Me duelo. Me duelo a mí misma. Me avergüenza no haber sido capaz de ser un poco menos humana, y me avergüenza aún más haberme rendido en esta batalla eterna con mis demonios que ha sido mi existencia. Yo ya no puedo más. Y es imposible explicar mi rotura irreparable a personas que siempre han conseguido buscar el sentido de las cosas y autocurarse.
¿Quién es realmente el asesino? ¿El que posee el arma o el que la usa?."La vida nos es fatalmente dada" que decía Cortázar. ¿Cuál es entonces el pecado? ¿ La obligación impuesta de vivirla o el decidir que ya no quieres jugar más?.
Nos han engañado a todos y nosotros nos hemos engañado a nosotros mismos, así que ahora ya no podremos creer en nada jamás. Esta vida iba a ser otra pero algo ha salido mal. No hay pecado si no hay pecador. No hay dolor si no hay imposición. No hay principios si sólo puedes visualizar tu final.
Paris n´existe pas. Lo sé. Lo sé. Mas no lo acepto, así que, au revoir, mon amour. Au revoir, mon monde. Au revoir, ma vie.
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