miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Y tú quién eres?

Después de toda la noche soñando en tus manos, cuando la luz comenzaba a asomar por la ventana, y el mundo obviaba mis suplicas de una noche eterna a tu lado, tú me miraste a los ojos, y me dijiste.

- "¿Y tú quién eres? Cuéntame algo de ti."

("Tan sólo un cúmulo de noches en vela y de anhelos imposibles. Una inmensa irrealidad con ninguna pretensión por formar parte del mundo real. Un piano lleno de polvo que hace demasiado tiempo nadie usa para hacer música. Una resaca eterna dentro de un domingo infinito. La vulgaridad hecha carne cada vez que llega una nueva mañana y la vida me obliga a cambiar. Una mentira disfrazada de amor. El amor disfrazado de noches frías y melodías inconclusas. Una melodía incompleta que jamás he querido terminar. Un principio que empieza continuamente sin empezar jamás porque me dan demasiado miedo los finales. Una despedida que nunca acaba. La soledad de los ojos cuando ya no saben mirar. El pago de deudas con promesas que se rompen una vez se hacen. Un temor y un no tener a donde ir. La búsqueda incesante de la libertad en el fuego ajeno. Un volver a ser niña en las largas tardes de sol. La pasión por la belleza. La belleza de lo decadente. La decadencia de una vida pidiendo disculpas. La creencia de que si hay amor no hace falta pedir perdón. La imposibilidad de guardar rencor y la necesidad de ayudar al prójimo aunque eso implique la autodestrucción. La autodestrucción en forma de abandono. Un caramelo en forma de corazón. Una canción de amor con final trágico. El acelerador y la marcha atrás. La indiferencia llena de nostalgias. La nostalgia de los que no han aprendido que todo lo que permanece es el cambio. Un "te quiero igual" aunque me hayas robado la cabeza y el corazón. Un no saber esperar. La impaciencia de los que aman siempre a destiempo. La duda eterna y los cambios de sentido. Un no estar segura de nada, salvo de tus ojos. El dolor de haber fracasado en el único gran paso que dí en toda una vida de intentos. Intentos frustrados y ceniceros llenos de ambiciones. La ambición de poder confiar en la raza humana. Un "quizás" al que he apostado todas mis cartas. Un constante arriesgarse a perder. La risa incontrolada de aquellos que no saben ser felices. La ironía de los labios que no saben besar. La verdad de la piel cuando se vende por un poco de magia. La necesidad de cinco minutos más. La sangre de los dos. Escribir para salir con vida. El calor del destierro. El estar siempre en medio de ningún lugar. La fortuna de que existas. Algún lugar donde terminar. El adiós a intentar ser diferente. Dejarse llevar. Volver. Cuando pienses en mí." )

Pero, me doy la vuelta, dándote la espalda, para que no puedas descubrir la verdad de mi mirada que jamás ha sabido mentir, mientras sonrío y te digo:

- "No sé que contarte. He dormido poco y estoy cansada." -y suplico a la vida que jamás descubras qué hay detrás de todo este cúmulo de mendacidad.



viernes, 21 de noviembre de 2014

Poesía eres tú

¿Cuáles fueron tus últimas palabras? ¿Cuando te dieron el último abrazo? ¿Cuando fue la última vez que afirmaste que el mundo era maravilloso sin un indicio de duda en tu voz? ¿En qué lugar has perdido tu fe? ¿Qué libro de Bukowski has decidido creerte? ¿Cuál es tu frase de cabecera? ¿Dónde guardas todos esos recuerdos que ahora parece que te invaden? ¿Quién eres cuando nadie te observa? 

Tantas preguntas esperando su respuesta y tantas respuestas a preguntas siempre formuladas a destiempo. Y tú, mientras tanto, como si nada, viviendo en todas partes.

Gracias por la genialidad, por la luz en tu mirada, por la sinceridad en tus manos y el amor en tus rodillas. 
Gracias por ser ese chico triste que ha hecho mucho por olvidar y que ríe como sólo saben hacerlo aquellos que han conocido la derrota, la tristeza, la pérdida, la desesperanza...y han sabido sobreponerse a ella. 
Gracias por la integridad, por volar por encima de poetas que no valen nada a tu lado y aún así conservar la humildad intacta. Gracias por enseñarme a frenar y a vivir al día, dejando señales, sin miedo al mañana.
Gracias, ojitos tristes. Por tanto.

Podría decirte que la vida acaba siendo justa, que existe la ley del karma y que al final las cosas siempre salen bien, pero sé que estás cansado de filosofía barata. El mundo es esto y todo lo demás es mentira. Los sueños dan mucho trabajo y nadie te asegura que ese esfuerzo vaya a dar sus frutos, pero aún así, sigues. Concedido. Hay que hacer todo lo posible. Ya hace tiempo que has asumido que de poco sirve ponerse el disfraz de asesino si nunca has pretendido matar. Es lo mismo pero tampoco puedo decirte mucho más.

Ahora que estás aquí, que aún no has iniciado tu vuelo en busca de nuevas soledades, yo te miro, mientras sales a bailar y decido abrazarme a tus anhelos. Te veo amanecer y no puedo parar de hablarte, tratando de alargar eso que siempre acaba demasiado pronto. Intento memorizar una a una todas tus pestañas y agarro fuerte tu mano sabiendo que tu libertad se esconde en la música y que irás siempre a donde ella te lleve. Y yo, mientras tanto, como si nada. Sin hacer otra cosa más que reír y asumir que nadie puede atrapar en sus manos a la poesía. La poesía es libre. La poesía ha de viajar. La poesía tiene que salvar el mundo. Bécquer lo sabía, poesía eres tú.

Gracias por la genialidad. Gracias por los recuerdos. Gracias por el olvido tan lleno de nostalgias de ti. Gracias por las palabras, por la fragilidad de tu ser y por un millón de noches en vela tratando de reconstruir este diminuto y a la vez inmenso lugar que ocupas en el cosmos. Tú eres el cambio que yo quiero ver en el mundo.

Quizás mañana yo escriba, mientras te veo sentado en cualquier acera dejando que el aire te dé en la cara, mientras esperas que todo acabe y maldices a esa vida que tanto amas y que con tantos quebraderos te ha agasajado.

Quizás mañana tú toques la guitarra, mientras me miras caminar sin rumbo ni dirección, escapando del olvido que siempre me persigue, inventando nuevas formas de despedirme y buscando el modo de poder guardar todo el universo en mi pecho.

Tan solo quizás. Y quizás es suficiente.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Volatilizar

No salgo a buscarte porque estoy cansada de habitar entre tu espada y tu pared. No te cuestiono porque estoy hastiada de tener todas las respuestas y aún así no saber como actuar. No te miro porque me inquieta que en cualquier momento te conviertas en otro. No te tanteo porque tú me deshielas con solo mirarme y yo quiero seguir siendo piedra firme y serena. No me congratulo a pesar de ser consciente de que tu corrompida alma podría estar en mis manos.
Apenas pienso en tí, pues pensarte es un obstáculo que dificulta enormemente mi vuelo. Y yo quiero volar. Pero no es fácil convivir con alguien que quiere alcanzar el cielo. Es un juego. Siempre lo ha sido. Quizás yo he perdido, pero tú me has perdido. Y ninguno de los dos ha ganado nada. Acaso experiencia y aprendizaje. Es lo que suele decirse cuando alguien pierde mucho y no gana nada.
Sí, hemos aprendido. Puede que tú conserves la enseñanza intacta durante toda tu vida, pero yo me olvidaré de todo lo aprendido en un simple abrir y cerrar de piernas. Y lo sabes. Lo sabes, pero no te importa. Lo sé. Ambos hemos sabido siempre todo lo que hay que saber y sin embargo en la praxis somos excesivamente ineptos. La juventud dicen. Nuestra estúpida manía de no querer parecernos nunca a nadie y congraciarnos de ello. Hemos estado muy solos por culpa de nuestra ineptitud para adaptarnos a los demás. Hemos estado muy solos por culpa de nuestra ineptitud para adaptarnos a nosotros mismos. No hemos estado nunca en ningún lugar y no obstante hemos volado mucho más que la mayoría de la gente. No sé como pretendíamos querernos perpetuamente si ni siquiera éramos capaces de cohabitar más de unas pocas horas. Pero soñábamos. Siempre soñábamos. Y creíamos que la vida era un sueño. Nos gustaba vivir. Nos gustaba ser especiales y éramos francamente felices dentro de esa montaña rusa emocional en la que jamás dejamos que entrara nadie.
Nunca fuimos capaces de entendernos a pesar de ser prácticamente iguales. Cuando la vida se complicaba optábamos por escondernos en nuestras respectivas alcobas, esperando a que la tormenta amainase. Jamás luchamos juntos por nada. Ni siquiera por nosotros mismos. Esperar, eso hacíamos. Tener fe en que las cosas se pondrían solas en su lugar. Y así fue. Pero, nos ha costado demasiado asimilar que este era su lugar. Nos separamos porque dos seres tan volátiles no pueden convivir en este mundo. Nos separamos porque nos percatamos de que nuestro reinado era falso. Tuvimos que tomar direcciones opuestas porque nadie puede mediar entre dos perturbados y nosotros fuimos siempre demasiado jóvenes para entender porqué tanto canibalismo, tantas horas en vela, tantas terapias infructuosas, tanta ficción, tanta muerte, tanta autodestrucción...
Hace años de eso y aún hoy sigues siendo mi mayor guerra. Junto a ti descubrí la imposibilidad del fenómeno y jamás he vuelto a ser yo.
Sé que leerás esto. Siempre te ha interesado más mi escritura que yo. Ojalá hayas conseguido acostarte temprano y no pasarte las noches en vela preguntándote porqué tú no puedes ser una oveja más del rebaño.

Yo seguiré intentando alcanzar el cielo.

Sé que te gustará saberlo.








martes, 4 de noviembre de 2014

A ti podría decirte que,

A ti podría decirte que, desde que te vi aparecer, rompiendo las aceras a cada paso y trayendo la ilusión por bandera, mi casa está donde tú estés. Cualquier lugar podría ser mi hogar si eres tú quién abre la puerta. Mi corazón coraza es tu casa ahora.

A ti podría decirte que, me has hecho mejor persona, más fuerte y más valiente. Has visto un punto de luz entre tanta oscuridad y lo has hecho tuyo. Me has hecho quererme, queriéndome. Me has hecho mujer con tus manos y contigo he volado muy por encima de lo humanamente posible.

A ti podría decirte que, contigo he vuelto a creer en el amor. En el bueno. En ese tipo de amor que te rompe los huesos y te hace querer ser cada día mejor. El amor desinteresado que no entiende de rosas ni de claveles. El que te hace creer que todo es posible y que la felicidad está cerca siempre. El amor que te impide marcharte y que te deja atado a un quizás. Tu "quizás". Tú, quizás.

A ti podría decirte que, no quiero plantearme un futuro en el que no pueda enredarme en tu pelo al amanecer. Que quizás te espere hasta el fin de mis días y quizás no me importe hacerlo. Que te he estado buscando durante toda mi vida y has llegado cuando ya había dejado de buscar. Que mi única salvación son tus palabras y que me he mirado en tus ojos tantas veces que ya no recuerdo como son los míos. Has besado todas mis cicatrices eliminando con tu boca todo rastro de miedo y rencor de mi piel. Me has hecho el amor y he sentido como se lo hacías a todo el universo. Todo el universo estaba en mí. Tú eras todo el universo. Tú eres todo mi universo.

A ti podría decirte que, te he visto fallar y perder la fe y no podría haberte amado más. Te amé cuando te vi temblar de frío y de miedo esperando algo que nunca llegaba. Te vi odiando al mundo por no poder soportar tanta intensidad. Te amé cuando te vi ser un incomprendido que tenía siempre mucho más de lo que le permitían dar. Te vi amar al amor y soñar con perderte en unos brazos que por fin calmasen toda tu espera. Vi el deseo y las ganas en tu mirada y desde entonces no he podido mirar otra cosa. Aún no he podido dejar de verte. Aún no he podido quitar tu fuego de mi piel.

A ti podría decirte que, te quiero muy por encima de lo que mis torpes y necias palabras puedan llegar a abarcar. Que confio en ti y en el desorden que has provocado en mi corazón. Que te deseo toda la felicidad del mundo, aunque no sea a mi lado. Que nunca me iré de tus días y que ojalá hubiera llegado mucho antes de perder la fe. Que en mis paredes puedes ver que mis sueños son tus sueños y que siempre he querido darte lo que tú siempre has necesitado. Que todo lo que sueño está entre interiores y que nada me haría más dichosa que verte fallar, follar, perder, reír, soñar, mirar, cantar, leer, dormir, vivir... a mi lado... todos los días de mi vida. Que todo el brillo de tu alma nunca me ha dejado de hablar. Que no quiero dejar de combatir ni que la luz se apague. Lo siento. No acierto.

A ti podría decirte que, te quiero y te espero. Y que me fallan las palabras cuando lo que tengo que decirte me desborda el alma. Que ojalá entres en mi coraza sin pedir más permisos y te quedes. Te quedes, por fin. Me veas, por fin. Me quieras, por fin.


Siempre acabo en ti.










lunes, 27 de octubre de 2014

Cuestión de soledades

El día en que me diste a elegir entre tú y mi soledad yo ya estaba muerta. Quizás por eso me resultó tan fácil escoger. Elegí a mi soledad porque siempre he sabido que si te escogía a tí, tu soledad sería aún más difícil de complacer que la mía. Todo ha sido siempre cuestión de soledades. Tú lo sabes ¿verdad?.  Puede que me haya equivocado al renunciar a todo lo que podría haber sido sólo por un poquito de paz. Pero, ¿quién quiere amor cuando tiene prozac?, ¿quién necesita compartir soledad cuando la suya propia es tan grande y hermosa?. Yo no y sé que tú tampoco. Sólo me has querido cuando no me podías alcanzar, cuando yo no era humana ni real. Sólo me has rozado. Siempre ha habido mil quilómetros de hielo entre nosotros, pero a veces, la luz. Esa luz... Era tan grande... Nos ha confundido muchas veces. Pero, por favor, no la apagues aún.

Me ha dolido más de lo que me gusta reconocer haberte encontrado, haberte reconocido y haberte perdido tan pronto. Pero, ya no siento nada. ¿Y qué si eres tú lo que siempre había querido?. Quizás el único amor que puede considerarse realmente real y válido es ese que deja al otro crecer y siempre está ahí sin pedir nada a cambio. Quizás.

Pero, no corras tanto que tengo miedo. No estoy preparada para dejar ir a todas las esperanzas que tenía en nosotros. No corras. Dame tiempo. Déjame quererte de otra forma. No dejes que se apague la luz tan pronto. No dejes que todo mi amor acabe en la fosa común donde están todos nuestros sueños. Quédate un ratito a mi lado y déjame mirarte. Ya sabes que sólo necesito eso. Siempre me han gustado las pequeñas cosas del día a día. Ver como el amor crece. Ver como tú creces por encima de poetas que no valen nada a tu lado. Ver como es tan fácil a veces convertirse en humano, ver a las palabras salir corriendo y sin miedo de mis dedos...

Me he ido mil veces sin acabar de irme jamás, pero tú nunca me dés por perdida, por vencida. Es muy difícil sentir como siento. Siento no poder regalarte todos mis días. Siento tener todo lo que buscas y no poder dártelo. Yo no lo quiero. Es todo tuyo. Lo siento. No acierto.


Te quiero y tengo miedo, porque cuando no me puedes ver, yo pienso en tí también.
Siempre pienso en tí.

Pero nada de esto importa ya porque todo es simplemente cuestión de soledades.


miércoles, 22 de octubre de 2014

Dime que es mentira todo

"Algún día todo este dolor te será útil" leí hace no mucho tiempo en uno de mis libros de cabecera. Tú aún no existías, pero yo ya te pensaba. No tenías rostro aún, pero el corazón era el tuyo. Lo sé. Lo sé porque cuando por fin apareciste supe que yo ya te había amado antes. A veces, la vida premia mi larga espera con delirios de claridad inmensa e intensa en los que corazón y cabeza se unen en un "Sí. Aquí está. Por fin ha llegado.".

El miedo quiso que lo boicoteara todo. Y eso hice durante mucho tiempo. Tirarte piedras, ponerte a prueba, jugar con fuego y contigo, irritarte, desesperarte... Perderte. A fin de cuentas, sabía que te irías. Ese es otro de los delirios de claridad que me acompañan siempre: "People always leave.".

Han pasado un millón de semanas y unos cuantos domingos desde ese primer momento, y aún sigues aquí. A veces, incluso dudo de que te vayas a ir. Quizás eres la horma que le faltaba a mi zapato. Quizás sí, aunque tú no lo sepas. Quizás sí, aunque yo no pueda parar de pensar en despedidas.

Aunque tú aún no lo sepas, hace tiempo que he abierto mis ventanas para ventilar mis rincones y que tú encuentres todo limpio y ordenado cuando por fin vengas. Aunque tú no lo sepas, me he acostado a tu espalda y al llegar la mañana me he perdido en tus sueños. Aunque tú aún no lo sepas, nadie me ha amado jamás como tú me has amado, aunque sea un rato, aunque fuese un rato. Aunque tú no lo sepas, te he buscado por mil bares sin acabar de entender porque no podía dejar de buscarte. Aunque tú aún no lo sepas, eres el único que me ha tocado el alma mucho antes de tocarme la piel. Yo ya había hecho el amor contigo mucho tiempo antes de tocarte.

Pero puede que sí, que tú ya lo sepas. Porque tú eres yo. Y nadie me conoce como tú, sin apenas conocerme. Nadie me toca como tú, sin apenas tocarme. Nadie me habla como tú, sin apenas hablarme. Nadie me besa como tú, sin apenas besarme. Nadie me apoya como tú, sin apenas apoyarme. Nadie como tú, porque tu infierno es mi infierno. Tu luz es mi luz.

Pero ahora dime que es mentira todo. Que tú también lo sientes. Que tú tampoco has sentido jamás esta conexión con nadie. Dime que es mentira todo. Que sólo te vas porque tienes miedo, pero que volverás pronto. Dime que te da vértigo quererme porque llevas media vida buscándome y ya habías perdido la fe. Dime que un día entrarás en esta casa, sin pedir permiso, y me dirás. "Perdona que llegue tan tarde. Prometo intentar compensarte. Vén. Acércate a mí. Deja que te vea.".







"Dime que es mentira todo. Un sueño tonto y no más. Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz."






jueves, 16 de octubre de 2014

Ya no.

La vida me ha enseñado a cerrar puertas de un portazo y sin mirar atrás de la única forma en que la vida enseña cosas, con dolor, absurdidad y desesperación. Pero, he aprendido y ahora ya no hay perdón ni absolución para los cobardes.

He deseado tantas veces que me rescataras de mi infierno, que recién ahora me doy cuenta de que mi infierno hubiera quemado mucho menos si tú no hubieras echado tanta leña a mi fuego. He despintado pesadillas por tí, y he sido esa estrellita pequeñita pero firme que siempre te ha cuidado de lejos. Pero ya no. Lo hecho está hecho y todo cae, tarde o temprano. A pesar de que por un lapso de tiempo creamos en infinitos y perdurabilidades. Lo único que perdura es el cambio.

Y yo ya no estoy donde tú me estás buscando.

Yo, he volado por encima de poetas que valen mucho más que tus dedos. He buscado refugio en otros lares. He abrazado a personas cuya simple presencia me ha llenado el corazón de formas con las que tú ni siquiera podrías soñar. He querido. Me he querido. Me han querido. Me he sentido viva en otra piel, he besado otros labios y he mirado otros ojos como solo saben mirar los que aman siempre por encima de sus posibilidades, los que se dejan la vida en cada intento... Incluso he llegado a tocar con la punta de los dedos el amor.
Otra vez.
El amor nos destrozará.
Otra vez.
Pero no el tuyo.
Ya no.
Otra vez.
Ya no.

Te he olvidado, amor roto. Te olvidé como solo olvida quién ha amado mucho. Poniendo candados, guardando el corazón bajo llave, buscando alternativas, reinventando los días, anestesiando el dolor, destruyendo vidas, engañándome, engañando, cerrando puertas, resituándome, renaciendo, empezando de nuevo una y otra vez. Me he creado a mí misma como la persona que siempre he querido ser y que tú nunca me has dejado. Por miedo, vergüenza, egoísmo... Porque siempre has sabido que podía volar muy por encima de ti, que había más fuego en mi piel que en el mismísimo infierno, que los sueños eran más reales y válidos para mí que la propia vida...

Y ahora ya no necesito pedir perdón por ser yo. La autoculpabilidad pierde sentido cuando la conciencia está tan tranquila. Hay mucha magia en la aceptación absoluta y sin anestesia del propio yo. Quererse. Hacerse el amor. Dejar de declararse guerras. Abrazarse y mimarse, como jamás nadie lo hará.
Cuando tú me querías yo no podía quererme. Tu amor por mí era incompatible con mi amor propio. El vacío era inmenso. Sólo podía estar bien a tu lado. Jamás sola. Jamás lejos de ti. Yo era tuya. Pero tú jamás has sido mío. Y ahora es tarde. Ahora no soy de nadie. A veces mía. Nunca tuya. Jamás tuya. A veces del viento. A veces de una canción. A veces de las palabras. A veces del amor. A veces del miedo... pero nunca tuya.

Ya no.

Renunciar a nuestra pequeña eternidad ha sido lo más duro que he tenido que hacer en toda mi vida. Olvidar todo el futuro, los planes, los sueños... Perderme a mí misma en el proceso de perderte. Perder el norte y el sur, la luz y la oscuridad, la sonrisa y las ganas. He perdido mucho perdiéndote. Me he perdido.

Pero, al final, resulta que, perdiendo también se gana.

Yo ya no te quiero. Yo aún te quiero. Yo ya no te quiero. Yo aún te quiero.

Vete lejos y limítate a observar. La vida es tuya. El tiempo es tuyo. Corre. Corre, corazón. La sed ya no remite cuando estás. Lo siento pero tuve que correr, venían tus demonios hacia mí. No caben más pecados en mis manos. Ahora regreso más áspera y cansada a mi hogar. Pero sin tí. Ya sin tí. Ya no me enternece tu debilidad. Ya no deseo tus manos. Ya no sueño con tus ojos. Yo ya no.
Yo
ya
no.

Sí, todavía una canción de amor. Pero no contigo.

Ya no.









"No le tengo miedo al diablo.
¿No ves que no puedo arder?.
No hay más fuego en el infierno del que hay dentro de mi piel."







martes, 14 de octubre de 2014

Ya hay paz

Después de la magia viene el dolor. Después del amor viene la soledad. Después del final no hay nada. Caída. Vacío. Sólo recuerdos. Más recuerdos. Toda mi vida son recuerdos de momentos que jamás volveré a vivir.

Tú bailabas y sonreías y yo te miraba. Te miraba tratando de grabar en mi alma todos y cada uno de tus movimientos.Tus taras, tus deudas, tus miedos, tu fragilidad, el brillo en tus ojos, tu inmortalidad. Sabía que eso era lo más profundo que te iba a conocer jamás. Nunca te habría escrito tantas letras si creyera que ibas a quedarte. Nadie se queda. Y yo solo escribo a los finales, a las despedidas, al desamor, al dolor de los ojos cuando ya no pueden ver, al pinchazo en el costado cuando el invierno es tan largo y va por dentro, a lo efímero del sentir de toda esa gente incapaz de amar, a la necesidad imperiosa de que todo acabe aquí... Sólo se puede escribir a través de la nada más absoluta.

Te cogía de la mano tratando de encontrar en tus brazos todo ese soporte que tanto he anhelado. Hacía el amor contigo sólo por mi necesidad de sentirme humana y real. Sólo por mi búsqueda incansable de la eternidad. Solo por pagar mis deudas contigo. Solo por olvidarme de mí. No quiero hablar de tí. No quiero hablar de mí. Mi corazón está parado en mitad de la autopista y yo sigo agonizando dentro. El invierno que me has dejado es mucho mayor que el que venía conmigo. No hay nadie. Yo que nunca quise estar sola, sólo encuentro soledad. Yo que siempre he creído en el amor, sólo encuentro desencuentros. Yo, mitad dolor, mitad placer. Mitad magia. Mitad despedidas. Yo no soy de nadie. Ni siquiera de mí. Me has dejado con las ganas. Y te has quedado conmigo. Con los pedazos que quedaban de mi corazón después de este año sin luz que se alarga continuamente sin acabar de acabarse jamás. Golpeas bien. Lo haces bien. Fui solo una más de cientos. No sé como no pude darme cuenta. Hemos jugado a ser humanos tantas veces que a veces se nos olvida que no somos más que títeres vacíos, superficiales y fácilmente manejables en busca de una perfección totalmente idealizada e inexistente que jamás encontraremos. Se me hunde tu cuchillo en el costado cada vez que intento respirar. Tengo sed. Una sed mortal. Pienso en la absurdidad de una vida entera pidiendo perdón por ser yo. No se puede luchar. Te he buscado en el infierno, pero has sido tú quien me ha encontrado. Me has hundido en tu fuego. Sabías que te buscaría allí porque eres igual que yo. Has visto mi máscara, me la has arrancado y luego has jugado con ella como si realmente supieras que hay debajo de todo este cúmulo de carne y huesos. Sabía que no te gustaría lo que ibas a encontrar, pero aún así dejé que me la quitaras. A veces, las máscaras sobran, aunque debajo no haya nada ya. Me habías avisado. Tú siempre acabas matando. Siento no haberte creído. Veía tanta magia en tus ojos y tanta belleza en tu corazón que no podía imaginar que detrás de todo eso hubiese una persona que mata por el simple placer de ver morir. Me has matado pero tú no tienes la culpa de ser como tú. Sólo querías jugar. Yo solo quería calor. Solo quería tu calor. Protegerte de ti, espantar a tus fantasmas, hacerte creer, ilusionarte, matar tus monstruos. Esta vez no quería matar. Pero sé que en cosas del corazón uno siempre es el asesino y el otro el que va a morir. He muerto, amor. He muerto tantas veces que cada vez me cuesta más encontrar el camino de vuelta. No hay dignidad en tu forma de tocarme. No hay amor en tu manera de hacerme el amor. No hay verdad en tus palabras. Sé que pedirás perdón. Te perdonaré. Te perdonaré sólo porque el dolor del rencor es mucho mayor de lo que puedo soportar. Te perdonaré por mí. Porque mi corazón siempre se deshiela, porque estoy cansada de ser víctima, porque estoy cansada de la guerra y solo quiero irme a casa.

"Tu belleza no me llena". Un ruído inmenso en mi cabeza. No puede haber belleza entre tanta oscuridad, cicatrices y suciedad. Lo entiendo, amor. Te entiendo. Me he arriesgado y he fracasado. Me sobra valor. Me sobra intensidad. Me faltas tú. Me he vuelto a jugar la vida en una causa perdida. Y ahora río y lloro, y noto como el amor me rompe los huesos y me deja a la altura del betún. Se ríe de mí. Me usa, me consume, bebe de mis entrañas y luego me vomita. Yo solo puedo pensar en el final. Tenías razón. La vida es muy larga. Se me ha hecho muy largo el camino. Pero ya está, amor.

Ya hay paz.

Ya hay paz.







"Sé que tu reinado es falso. Y ves que yo lo he señalado y ya soy tu gran incomodidad. Sé que si no hacemos algo, el hielo durará mil años, ¿crees que alguien nos encontrará?"






domingo, 5 de octubre de 2014

Cama en llamas

"Te quiero. Nada más. Aunque el amor jamás nos haya servido para nada. Aunque estés lejos. Aunque tus taras y tus miedos me impidan tenerte. Eres mi "wish you were here" eterno. Te quiero. Te quiero a ratos. Te quiero entero. Te quiero frágil. Te quiero" 

Hubo un tiempo en el que yo lo habría dejado todo por amor. Habría dejado que tu dolor se me clavara en el costado. Habría matado monstruos por tí. Te habría cuidado durante mil noches sin descanso ni quietud. 

Y al final, te habría matado. 

Te habría matado por amor. 

Pero ya no. 

Ahora ya no soy ni joven ni guapa ni feliz. Ahora te quiero sin culparte, sin temerte, sin tí. Te quiero libre y feliz. Te quiero por las mañanas y por las tardes. En mis momentos de sosiego y en mis mentiras. En mis ratos libres y en mis noches de tortura. Quédate. Afloja correa. Sigo aquí. Me levantaré cuerda y maldita por tí. Deja que los miedos huyan y arriésgate. El que no arriesga jamás gana nada. Tú ya has perdido demasiado. Búscame, sin miedo. Úsame, sin miedo. Hazme creer. 

Quédate. Enloqueceme. Compartamos cama en llamas. Hazme tuya, antes de que en descuido me vuelva de otro. Sigues siendo un niño. Mi niño. Me enternece tu fragilidad. Ceniceros llenos. Botellas vacías. Vidas enteras destinadas a buscar la melodía. 

Bien, quizás esta sea la ansiada melodía. ¿Seremos capaces de mantenerla viva?.


Jamás habrá sedales. 
Jamás habrá verdades universales.


Ojalá me quieras libre. 
Ojalá me quieras.






"Yo te querré deshecha.
Te querré en la roca viva.
Te querré en todos los versos que no quieran tus pupilas.
Yo te querré en la acequia.
Te querré en la cumbre fría.
Te querré cuando el fantasma de tu voz venga a por mí."






sábado, 27 de septiembre de 2014

Tú sólo querías calor

Déjame caer, por favor. No intentes evitar lo inevitable. Algunos hemos nacido para estar siempre a ras del suelo. Has pasado toda tu vida tratando de salvarme del abismo sin ser consciente de que yo era el abismo. No puedes salvarme de mí misma. Ríndete. A veces y sólo a veces, es la única salida.

Mirarte era el deshielo. Cuando estaba contigo no sabía lo que era hacer el amor. El amor me hacía a mí. Te miraba y el amor me hacía. Te tocaba y el amor me nacía. Tus palabras se me clavaban. Tus silencios me gritaban al oído.
Deja ya de intentar convencerme. Te vas a quedar en nada. Algunas mentes no están preparadas para la adaptación al mundo real. Hay personas que simplemente no pueden...

La primera vez que te vi hacer el amor fui consciente de que eras tan invencible como humano. Tan fuerte como grande era tu fragilidad. Tan invencible al principio. Tan humano al final. Amé tu humanidad mucho antes que a tí. Amé tu forma de afinar las cuerdas de la guitarra  justo antes de convertir a Dylan en inmortal. He amado tus idas y venidas. Tu lunar en el pecho. Tus taras y tus deudas. Esa facilidad tuya para sonreír por fuera cuando todo estaba roto dentro. Amé la emoción de tus ojos al escuchar aquella canción y la otra y la de después. Amé tu culpabilidad, todas esas cosas que odiabas sentir, tu mala cabeza. Amé todo eso que nunca te has atrevido a decirme y  también tus pies siempre fríos. He amado tus palabras y tus silencios. Tus tiempos. Las líneas en tus manos. Tu pelo por las mañanas. El viento que gritaba cuando te marchabas sin despedirte. Tus crujidos. Tus gemidos. Tu miedo a perderme.

Pero ahora ya no.
Perdón.
Me has creído humana.

No sé amarte. Es difícil querer a alguien tan distinto a uno. Me resulta imposible amarte estando tan lejos de tu comprensión. Quizás Mario tenía razón y la culpa es de uno cuando no enamora, y no de los pretextos ni del tiempo.

Nunca has amado mis taras, mis dudas, mi sed mortal, mis cicatrices, mi culpabilidad, la insoportable levedad de mi ser, mi osadía, mi tristeza después de hacer el amor, mi liberación sexual, mis ojos tristes que siempre se emocionan a deshora, mis venas de humo y palabras, mi razón perdida, la gran decadencia de mi vida pidiendo perdón por ser yo, mis lamentos, mis noches de extrema soledad elegida y deseada, mi corazón cansado ya de latir, mis piernas incapaces de seguir la senda de las baldosas amarillas, mi boca siempre sedienta, mi necesidad de ser aplastada por toneladas de cariño, esas noches que para mí son toda una vida, el miedo que siempre decide por mí, mi incapacidad para aprender nunca nada...


Aún recuerdo. Te recuerdo. No se puede luchar contra el carácter. No pude juntar el agua y el aceite. Esta vez no pude. Pero siempre serás esos ojos de miel en los que una vez tuve el placer de perderme y ese abrazo sin fin que me hizo volver a la tierra sin miedos, sin taras, sin deudas, sin sed... sin tí.


Tú solo querías mi calor.
Yo solo quería tu calor.








*Ningún libro que leímos avisaba del peligro de creernos especiales.*

sábado, 6 de septiembre de 2014

La insoportable subjetividad del tiempo

Lo peor de todos estos meses de angustiosa espera ha sido verte pasar la página y tirar el libro a la basura. Yo todavía puedo escucharte gritarme que todo mi amor fue una mentira y que no hay nada que arreglar. Y tú, mientras tanto, has aprendido a sonreír y a mirar a los ojos a toda esa gente que te rodea ahora. Por fin has conseguido formar parte de este peligroso e irracional entramado social. Yo aún no. Creo que no quiero.

Lo peor de todos estos meses de angustiosa espera ha sido tenerte delante tanto tiempo después del día D y no poder evitar ni disimular mi fragilidad. Mirarte y comprender que toda la verdad que he creado para poder sobrevivir lejos de ti, no sirve de nada ni funciona, cuando te tengo delante. Cuando estás delante vuelvo a ser todo lo que siempre he odiado ser. Y tú y tu frialdad jamás sabréis como me ha costado resituarme, reconstruírme, reinventarme. Yo ya no soy yo, y tú... Tú nunca has sido tú. Siempre has estado demasiado lejos de todo. Demasiado lejos de mi intensidad, mi extremismo y mi locura transitoria.

Lo peor de todos estos meses de angustiosa espera ha sido tener la necesidad imperiosa de huir constantemente. No encontrar un lugar. Mi lugar estaba donde tú estabas y sin tí ningún lugar era mi casa. No había paz ni sosiego. Solo rebeldía y temor. Un temor inmenso a no volver a encontrarme.

Lo peor de todos estos meses de angustiosa espera ha sido descubrir que tú ya no eras tú. Y que probablemente solo eras tú porque yo te inventaba. Las personas son insignificantes cuando no las miras con los ojos del amor. He tenido que verte sin filtro alguno para poder cambiar y he descubierto cosas que jamás seré capaz de pronunciar en voz alta.

Dura ya un año este invierno y me enfrento a nuevos desatinos. Culparé al destino. Culparé al huracán. Te culparé. Nunca has estado a la altura de las circunstancias.

Lo peor de todos estos meses de angustiosa espera ha sido ver que tú actúas como si todos estos terribles meses de dolor e incertidumbre jamás hubieran pasado. Y para mí... Para mí, cuando estás delante, el invierno acaba de empezar.

Todo cambia y todo sigue igual.






*Después de un invierno malo, una mala primavera, dime porqué estás buscando una lágrima en la arena.*

viernes, 29 de agosto de 2014

29 (+9)

3285 días después del año de la esperanza, la vida sigue, pero ya sin esperanza . Pensabas que no podrías pasar de ese año, pero aquí sigues. Sé que algún día, el 29 de agosto será un día más para tí, pero ¿es eso lo que quieres? ¿olvidar el momento más mágico de toda tu vida?, ¿olvidar toda la belleza que había en tu corazón? ¿olvidar la inocencia, las ganas, la ausencia de miedo, la libertad de ser tú? ¿olvidar el amor?

Ojalá pudiera hacerte ver que la vida está llena de momentos de esos, de mucha más magia y de muchísima más ilusión, pero sé que nada de lo que te diga puede hacer que este 29 te duela menos. Es un 29 más, pero esta vez sabes que seguramente será el último. Siempre te han dolido demasiado las despedidas. Vives despidiéndote y nadie lo hace tan bien como tú. Sé que desearías que estuviera ahí contigo, ahora que dan las ocho y ya no hay marcha atrás. Un año más ha pasado y yo ya no puedo cuidarte más. Ni siquiera sabes si yo estaré aquí, lejos de tí, recordando todos y cada uno de los detalles de aquel 29 de agosto. Nunca te lo he dicho pero para mí también fue la primera vez. La primera vez que creí ser inmortal. Y eso te lo debo a tí. Sólo tú sabías hacerme inmortal. Sé que nunca moriré para tí. Sé que serías incapaz de matarme. Siempre me has querido mucho más de lo humanamente posible. Tu amor era demasiado grande para tu corazón y por eso siempre te quejabas de que te dolía. Necesitabas otro corazón para albergar toda esa pasión y esas ganas, y supongo que ese ha sido el problema. Yo nunca pude estar a tu altura. Siempre dos metros por debajo, siempre esforzándome, siempre claudicando. Tú lo sabías bien. No hay nadie tan fuerte como tú. Y te reías, mientras me mirabas, con esa carita de pena tuya, y yo sabía que nunca podría olvidar tu mirada pero aún así me fui. Me fui porque mi incapacidad para hacerte feliz me hacía sentirme muy infeliz. Ni siquiera fui capaz de pedirte perdón y eso es lo que más me duele. Sé que ya es tarde para disculpas. Tú sólo mereces que te deje volar. Siempre has querido volar, princesa, pero yo nunca fui capaz de mirar al cielo. No podía dejar que te quedaras en el suelo conmigo. La vida pasa y tú, pequeña gaviota, tenías que volar. Tenías que hacerlo por tí. Sólo importas tú. Bastante egoísta he sido contigo. Te he quitado tanto para nada. Yo no me he llevado nada. Pero te dejé sin nada a tí. Y aún así, tú seguías, buscándome siempre. En todas las caras, en todas las bocas, en todos los brazos, sin acabar de encontrarme jamás. Yo nunca estaba. Nunca supe estar a tu altura.

Sécate las lágrimas que esto ya no tiene solución y el final era de esperar. Por fin se acabó nuestra condena. Ahora puedes escribir tu propia historia sin finales, como siempre has querido. A veces, la gente se queda, princesa. Ojalá no te acostumbres a las despedidas. Ojalá yo pueda verte volar. Ojalá algún día encuentres a alguien que sepa volar contigo. Pero, recuerda, si no es así, no pasa nada. Tú no necesitas a nadie. Eres la persona más especial y más fuerte del mundo. Gracias por enseñarme tanto. Gracias por mirarme. Gracias por mantenerme vivo con tus historias. Jamás volveré a pedirte que respires por mí. Tú también eres lo que más he querido en la vida. Lo que más. A tu lado todos los días eran 29 de agosto. Vete y déjame atado. Coseré en silencio los hachazos que te fui dando. Me fumaré tus besos. Vomitaré tus nostalgias. No hay rencor. Sólo estás tú, princesa. Tú y tu vuelo, al fin.







*Yo seguiré mirando al cielo. Tú nunca quisiste volar.*






sábado, 9 de agosto de 2014

La crueldad de las palabras que no se dicen

Me digo que las palabras son siempre mentira pero lo cierto es que a veces parecen ser tan necesarias como el respirar. Un día te despiertas y apenas puedes hablar, pues las benditas palabras que nunca has podido decir te ahogan. Resistes. No hay otra cosa que puedas hacer. Confías en que el tiempo haga su trabajo, aún a sabiendas de que el maldito tiempo nunca se pone en tu lugar. Pero tienes fe. Es imposible sobrevivir sin fe. Buscas alternativas a esas palabras. Rezas porque algún día dejen de ahogarte y por fin puedan pasar a formar parte de la memoria, del pasado. Las escribes. Las quemas. Vuelves a escribirlas. Esta vez las guardas. Las lees y las relees. Las quemas. Las tiras. Las escupes. Cambian de destinatario, de tono, de forma, de vida. Pero, aún así, no parecen querer irse sin cumplir su cometido. Llegar a su destinatario. Morir en tus labios. Nunca sabrás como me siento. Mis palabras valen más que tú. Tú lo sabes. Yo lo sé. Batallas eternas contra uno mismo. La guerra ha acabado, pero las armas siguen cargadas. Me olvido de todo aquello que no puedo cambiar. Me refugio en otras palabras, en otros brazos, en otras vidas. No quiero hablar de mí. No quiero hablar de tí. Háblame tú de ti. Cuéntame. Dime porqué has decidido dejar de creer. Dime en que larga noche de invierno conseguiste librarte de todas las cicatrices que la mala vida te ha dejado. Enséñame a olvidar como olvidas tú. Enséñame a creer en las segundas oportunidades.
Ahogarse con las palabras que nunca has podido decir. Inventarte las palabras que siempre has querido oír. Soñar con ellas. Escucharlas en otras voces, sentirlas en otras pieles, verlas en otros ojos. Envidiar la retórica vulgar de la gente vulgar. Lo siento. Solo lo siento. Dos palabras. Ya no valen nada. No cambiarán nada. Pero moriría por poder escucharlas de tu boca. Te has equivocado. Lo sabes bien. No se puede vivir con tanto veneno. Dímelo. Escúpeme todo esa culpabilidad que llevas dentro antes de que acabe contigo. No dejes que te destroce. Solo son palabras. Sí, recuerdo muy bien que decías que si las palabras no son más bonitas que el silencio es mejor no decir nada. Pero quizás eso ya no funcione jamás. Quizás sea tarde para creer en algo así. Mírame a los ojos. Estos ojos que siempre han sido tuyos. Estos ojos en los que tanto te gustaba mirarte y dímelo. Dispara, yo ya estoy muerta. No dejes que nos maten a los dos. Sálvate. Sálvame. El tiempo pasa raudo y veloz y tus silencios cada vez valen menos. Mis maniobras de escapismo cada vez pesan más. Siempre sé lo que va a pasar. Lo sabes bien. Creo que todas las palabras que no hemos dicho nos van a destrozar. Sí, aún más. Siempre me ha dolido el silencio. Mis huecos solo pueden ser llenados con letras. Eres lo que más he querido en la vida. Sabes que no me cuesta decirlo. Mis ganas de buscarte siempre nos han salvado. Tus deudas. Tus taras. Tu capacidad de huida. Ese continuo querer y no poder, poder y no saber. Todo eso siempre formará parte de nosotros. Las palabras seguirán ahí aunque no las pronuncies. El miedo seguirá decidiendo por nosotros. He pecado por hablar demasiado. Tú por callar demasiado. Sé todo el amor que nos teníamos. Pero el amor nunca nos ha servido para nada. El amor no es nada sin nosotros. Nosotros nunca seremos nada sin palabras.

Se me ha agotado la esperanza. No sé cual es el camino a seguir ahora. No sé que hacer con todas estas madrugadas llenas de todo menos de verdad. No sé cómo hablar. Mis palabras ya no encuentran la manera de salir. Sólo hay silencio en esta cárcel de deshechos. Me están quitando la vida. Quiero, pero ni puedo ni sé. No me entiendo cuando me escucho ni me escucho cuando me oigo. No sé hacerlo peor. Pero espero. Siempre estoy esperando.






"He amado y he odiado a las palabras y espero haber estado a su altura. "


sábado, 26 de julio de 2014

Acostumbrarse a la oscuridad

Es en esos momentos en los que soy consciente de que todas las personas que me rodean son basura inmunda, cuando te recuerdo, y te echo de menos. Te echo de menos con todo mi corazón. Aquí, en mi casa, no hay nadie desde que tú no estás, porque mi casa estaba donde estabas tú y aún no he encontrado mi lugar.

Pero no te engañes, tú también eres basura. Tú tampoco vales tanta pena. Sólo es que en tus brazos, un día, hace muchos años, encontré un poco de soporte, un poco de luz, un poco de paz. Y ahora no hay nada. No he vuelto a estar en paz. No he vuelto a confiar en nadie. Si el mundo me falla me quedo sola, sola de verdad. No hay nadie a quién enviar un mensaje, nadie a quien llamar, nadie por las calles, nadie que me mire a los ojos y me diga "todo va a salir bien". Aunque sea mentira. Aunque todo sea inútil. Aunque ya no me crea nada de nadie. Nostalgia, quizás. Miedo, seguramente. Siempre dejo que el miedo decida por mí.

Puede que sea la persona más cobarde sobre la faz de la tierra. Puede que mi victimismo se apodere de mi y no me deje ver más allá de él. Puede... Puede que sólo sea una mujer que necesita a alguien que la abrace, alguien en quien creer, alguien en quien poder confiar, alguien que me entienda. Tengo miedo de no poder acostumbrarme nunca a la oscuridad. También temo acostumbrarme a ella, sumergirme en ella y no ser capaz de salir jamás.

 ¿Y si esto es todo lo que voy a conocer jamás? ¿Y si realmente no hay nada más? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que mis heridas empiecen a cicatrizar? ¿En que frío lugar se han quedado mis sueños? ¿Qué más puedo hacer para cambiar todo esto? Por favor, no cerréis la puerta. No dejéis de hablarme. Por favor, mentidme, engañadme, jugad conmigo. No tengáis piedad. Por favor, ayudadme a acostumbrarme a la oscuridad.

Me he prometido no escribir siempre tan triste, pero siempre lo ensucio todo. Nunca aprendo nada. Por favor, no dejéis que aprenda nunca nada. Cuando uno empieza a aprender, empieza a morir. No quiero ver normalidad en toda esta basura. No quiero acostumbrarme a la oscuridad. ¿Qué es lo que quiero?

Desde que tú me malquerías nadie ha vuelto a malquererme. Nadie ha vuelto a quererme. Y nada odio más que este echarte de menos cuando todo va mal, cuando dan las diez, es sábado y todo se derrumba a mi alrededor. Menos tú. Tú nunca te derrumbas. Tú nunca morirás. Estás en todo. Tú eres todo. Me voy porque te quiero. Joder, te quiero. Aún. Aunque la gente no entienda nunca nada. Ni tú. Ni yo. Nadie. Sólo mi corazón sabe lo que nos ha costado convertirte en nostalgia, en recuerdo. Y tú, sigues matándome con tu silencio de gritos. Nunca te vas. Nunca me abandonas. Eres la herida que nunca se cura.

Escribir para salir con vida. Caras grises. Gente de mierda. Mierda de gente. Nadie va a cambiar. Volverse loco es fácil. Iros todos a tomar por culo.


¿Donde estarás? ¿Dónde te has quedado?




"No tienes ni idea de lo que ha sido para mí recoger todos los pedazos de mis sueños rotos."


"Préstame tú, tu claridad, antes de que llegue la oscuridad."













jueves, 24 de julio de 2014

La escoria de la tierra

"Somos lo más bajo de entre lo más bajo, la escoria de la puta tierra, la basura más servil, miserable y más patética jamás salida del culo de la civilización."
Trainspotting.


Después de mucho buscar una definición adecuada de la raza humana, recordé la película Trainspotting y ya no tuve que buscar más. Somos escoria. Mentimos continuamente, somos egoístas y crueles. Sólo pensamos en nosotros mismos. El beneficio propio siempre está por encima del ajeno. No servimos para convivir en sociedad. La solidaridad es un cuento chino. Todo lo que un humano hace por los demás es para sentirse bien consigo mismo. Buscamos víctima para repetir asesinato. No nos importan los sentimientos ajenos y mucho menos si esos sentimientos nos hacen sentirnos culpables. No soportamos la culpabilidad. Es más fácil mirar para otro lado, esconderse en litros de alcohol y drogas varias que asumir que la has jodido, que ya no tiene solución, y que no queda otra que arrepentirse, disculparse y seguir. Las disculpas nunca son verdad. Normalmente sirven para quedar bien, para simular ser algo que no somos, y jamás seremos, para poder dormir tranquilos por las noches.   


Usamos a los demás para satisfacer nuestras necesidades vitales y momentáneas y cuando dejan de cumplir esa función nos deshacemos de ellos y buscamos nuevas víctimas. Hacemos daño. Nos hacen daño. Nos reímos del diferente y juzgamos a los demás sólo por lo que vemos. Jamás pensamos en lo que hay debajo de todo ese envoltorio. Ni lo pensamos, ni nos interesa. La gente vale lo que tiene. No vale lo que es. No importa quien seas ni lo que sueñes. Lo único que importa de tí es que sepas venderte, prostituirte como una vulgar ramera, que rías las gracias, que perdones rápido, que no te tomes nada demasiado en serio, que te hagas el tonto y que trates a los demás como la escoria que realmente son. 



Puede que asumir esta realidad sin anestesia implique morir un poco cada día, pero la verdad siempre nos hará fuertes y libres. Al fin y al cabo, la realidad siempre se impone y es decisión nuestra cerrar los ojos y creernos lo increíble o asumir que la mierda cuanto más la remueves más huele, que las palabras siempre son mentira, y que nadie merece que te creas una sola palabra de lo que te dice.







Pierdes la fe. Cualquier esperanza es vana y no sé que creer. Pero olvídame, QUE NADIE TE HA LLAMADO. Ya estás otra vez. Déjame, que yo no tengo la culpa de verte caer.





sábado, 19 de julio de 2014

Mi rincón favorito de Madrid

La vida siempre te alcanza. Da igual que trates de huir o de esconderte. Ella siempre irá un paso por delante y siempre te pillará desprevenido y con las manos en la masa. Temer es cobardía pero también es supervivencia. Mantenerse escéptico es un trabajo tan crucial como inútil.

Dejarse llevar suena demasiado bien. Perder el control. Inundarse el alma con el veneno de tus palabras. Anhelar el peso de tu cuerpo sobre mi cuerpo. Ilusionarse. Imaginar tu olor y el tacto de tu piel por las mañanas. Suspirar por algo que no es cierto. Desear que el amor nos haga.

Y luego, la nada. Sólo era un sueño. Quizás sólo existes en mi imaginación. Puede que yo te haya creado a mi imagen y semejanza. Extrañar a un extraño. ¿Y si el amor es simplemente eso?. Una ilusión. Un querer más y más. Un echar de menos siempre a alguien. Una lucha constante contra el tiempo y la distancia. Puede que ya me haya equivocado demasiadas veces de dirección y puede que hable el miedo por mí, cuando te digo que ya no puedo crecer más. Ni por ti, ni por nadie. Ni por mí...

Y sin embargo, aquí estoy, herida y rota, sintiendo como mi corazón me pide otra velocidad. Tratando de escaparme de lo que siempre he deseado. Buscando excusas y dejando señales para que nunca te olvides de mí. Para que no me olvides, cuando te vayas, porque sé que te irás. Y yo desearía que estuvieras ahora aquí y que nunca te fueras. Pero sé muy bien que tú te irás, y yo seguiré respirando. El mundo se hará más pequeño. No me querrás igual que ayer. Me quedará el silencio. Me alimentaré del rastro de tus huellas en mi cuerpo. Te buscaré en otros brazos. Y volveré a encontrarte. Quizás.

Me he cansado de no recordar lo que sueño. Me he cansado de vivir en los finales, de perderme la vida por miedo al futuro. De lamentarme y seguir detrás. Quiero arriesgarme. El equilibrio es imposible. Vén, dame un pedazo. Cúrame el invierno.


Eres mi rincón favorito de Madrid.




Aún quiero saber que es lo que me das, que me han vuelto las ganas de comerme el mundo.

lunes, 14 de julio de 2014

Las palabras siempre son mentira

Las palabras, a veces, se quedan pequeñas. Las palabras siempre son mentira. Las palabras no significan nunca nada. Aún así, a veces, sólo a veces, sería tan maravilloso poder hacer uso de ellas... Vomitarlas. Echarlas fuera. Dejar que corran. Librarse de ellas. Poder expresarse libremente.
¿Cómo cerrar etapas si no tienes la oportunidad de desahogarte? ¿Cómo empezar de nuevo si nunca has podido terminar? ¿Cómo hablar cuando todas tus palabras están enquistadas en la garganta?

Hay tantas cosas que quisiera decir, tantas noches sin consuelo en las que sólo podía escuchar mi voz, tantos días preguntándome, analizando, esperando un milagro...Tantas tardes de fragilidad y mentiras. Tantas mañanas de resaca y miedo... ¿Sabes? Cuando la otra persona no está tienes que inventarte su parte de la conversación, y eso no es justo para ninguno de los dos.

Me gustaría decirte que he inventado un millón de noches en las que tú volvías a mirarme como si mis ojos fuesen magia. He sufrido en mi balcón tratando de convencerme de que nada de esto era real. He acariciado todas tus fotos antes de quemarlas en la hoguera de mis sentimientos. He renunciado a mi felicidad sólo por verte sonreír una vez más, aunque no sea conmigo, aunque no sea por mí. He tratado de parar el tiempo y arreglar todas mis taras con la esperanza de que algún día, en cualquier lugar, me miraras desde el otro lado de la barra y buscases otra vez el amanecer en mi mirada. He deambulado sola y perdida, por las calles, tratando de sentir una punzada, evitando tus lugares, corriendo el riesgo de encontrarte. Te he visto y he llorado al percatarme de que el cielo ya no estaba ni estaría jamás en tu mirada. Te he echado de menos todos los días de mi vida. He guardado todos tus besos en un lugar de mi corazón que siempre será tuyo, aunque no lo quieras, aunque no lo merezcas, aunque no lo quiera, aunque no lo merezca. Te he llamado sólo para escuchar tu voz y saber que seguías respirando. He dormido todas las noches contigo sin estar a tu lado. Te he soñado y en mis sueños yo lloraba y bebía, como Chavela, y tú tratabas de abrazarme pero eras incapaz de alcanzarme. Me mirabas y sonreías. Tú estabas cerca y lejos y yo lloraba. Sí, te he llorado. Mucho más de lo que jamás podría admitirte. Mucho más de lo socialmente aceptable. Mucho más de lo que mi corazón ha podido soportar. Y te sigo llorando, amor. Te sigo llorando, pero ahora estoy vacía. Me he vaciado de tí, de mí, del mundo tal y como lo concebía. He comenzado de cero y sin equipaje a cuestas. No he vuelto a ser feliz desde que te marchaste. Tampoco lo he intentado. He caminado sola cuando he tenido que hacerlo y me he agarrado a otras manos cuando no he podido más. He buscado calor y me he arriesgado. He cambiado mi forma de ver el mundo y he descubierto que siempre habrá sexo y drogas, pero que quizás jamás sea capaz de volver a hablarle a nadie de amor.  He engañado y he tropezado. He luchado con las sombras por ti. Te he visto crecer por encima de todos aquellos que decían que ya no podías crecer más y me he sentido orgullosa de tí. Me he llenado los ojos de cosas que he vivido sin estar tú a mi lado. Me he quedado ciega de no verte, sorda de no oírte. Te he querido. Te querré todos los días de mi vida. A ratos, a pedazos, rota, sola, rodeada de gente, con miedo y valentía. Siempre. Nunca más. Sólo quien ha amado de verdad sabe lo que es el dolor. Sólo quien ha amado de verdad sabe que las amarguras son terriblemente amargas aunque las cante Chavela Vargas y las escriba José Alfredo.

Por favor, si nunca te vuelvo a ver, olvida que te hice sufrir. No vuelvas a mi lado. Vete lejos. Sigue luchando. Ama. Sueña. Vive. Olvida y sigue. Sé feliz. Sé feliz, aunque no sea conmigo. Escribe, mientras yo duermo. Duerme, mientras yo escribo.

Espero que nunca tengas que escucharme, pero si algún día lo haces, recuerda que, las palabras siempre son mentira y la vida, a veces, también.

viernes, 4 de julio de 2014

Nacho Vegas, la pena y la nada.

Podría escribirte mil páginas usando únicamente frases de canciones. Así de tópicos han sido todos estos años caminando de tu mano.

Ya sabes, yo también hablo sola, bebo té y tomo notas para hacer de mi vida sin tí algo habitable. Para mí, quererte ha sido como intentar atrapar con las manos el aire, como obrar un milagro. Era un juego y ahora es real. 

Recuerdo cuando me dijiste con voz grave y resignada: "Y si no encuentras fuerzas para salir de aquí yo las sacaré de donde sea y seguiré sin tí".Yo me grabé tus palabras y me vestí lista para comenzar. El tiempo pasa doloroso y lento. No me hago entender. No preguntes ni porqué ni porqué no. Sólo yo sé el motivo y no es bonito. Me mudaré de esta ciudad, pero ahora es de mí misma de quien quiero escapar. Siento pensar. Morir de sed. He vuelto a fracasar. Si te miento no será por mezquindad. Estas penas siempre llegan por torpeza. ¿Qué puedo hacer? Sólo esperar verlo acabar. Qué es jodido ya lo sé. Pero no es dramático. 

Recuerdo que Te sentaste justo al borde del sofá y dijiste "Hay cosas que tenemos que aprender. Yo a mentir y tú a decirme la verdad. Yo a ser fuerte y tú a mostrar debilidad. Tú a morir y yo a matar.". Después se hizo el silencio. Y el silencio fue a parar a una especie de pesada y repartida soledad. Así era nuestro amor. Comenzaba en el silencio, continuaba en el terror. Trato de adivinar que fue eso que hicimos tan mal. Vete lejos y limítate a observar esta escena tan vulgar. Encendiendo un cigarrillo me comienzo a torturar. La culpa solo en parte es mía y en parte lo es de los demás. Uno es el asesino y el otro es el que va a morir. Antes de que tú me mates prefiero matarme yo. Y emprendiste así tu huida. Por favor, entiende que algo no funciona en mí muy bien. Déjame de una vez. Te observaré durmiendo y me pondré a susurrar "Nuestras almas no conocen el reposo, vida mía, pero si hay algo que es cierto es que te quiero un mundo entero, con su belleza y su fealdad." 
Me olvidé primero de tí, y después me olvidé de los dos. Me sabe mal que te desangres pero limpiálo todo antes de salir. Nada tiene porque ensuciarse. Tu basura te pertenece solo a ti. Tú eres el único culpable. Vén, mi amor, vén, acompáñame al desastre. Este es el premio que ganaste. Mañana jamás se parece a ese mañana de ayer. ¿Qué voy a hacer contigo?, ¿Qué voy a hacer sin tí?. No hay peor castigo que ese sin el que no sé vivir. Puedes ver que a duras penas logro mantenerme entera. Puedes ver que lo que hice ya no puedo deshacerlo. Yo creía que nuestro amor era infinito como la arena. Ahora sé que lo único inagotable es esta insoportable pena. Quisiera que me quisieras y yo no quisiera quererte. Tú te fuiste detestándome y yo hoy te quiero más que nunca. 
Es la semana grande de la crueldad y en nuestro honor celebran una fiesta. Yo me limitaba a contemplar la misma grieta de la pared. Alguien dijo "habrá que demoler". No sé como no lo vi llegar. Puede que el tiempo te dé la razón, pero no queda tiempo. Hoy es el día. Ahora me empiezo a preguntar cual de estos chistes es el mejor. El del día que te hablé de amor sabiendo que daban temporal o el del día de la gran broma final. Lo que no se puede desunir es lo que nos habrá de separar. Cuando no es posible ser feliz y te asustas como un animal. Cuando te griten con rabia que tu amor entero fue una estafa y tú protestes y no quede un alma allí para escuchar. Cuando ya no queden ritos, suene un golpe seco y casi un grito. Y luego ya no te molestes. Ya no hay nada que arreglar. Ya nada será igual. 
Sé que tiempos más duros aún están por venir. La vida es en parte buscar placer y en parte hallar dolor. Te vi llorar. ¿Y que podía hacer sino huir y así poder ponerme yo a llorar también?. Entre el dolor y la nada, elegí el dolor. 

Y así comienzo a novelar la historia de lo que será cuando las cosas vayan a peor. Y yo me veo casi igual que ahora que no tengo nada, salvo la certeza del dolor. Y me sorprenderé gritando un día "Puedes seguir con tu vida, que yo con la mía, si me dejan, seguiré." 

Todo sucedió según lo planeado. Y aún persiste en mí el deseo insano. Nadie llega tan lejos si no es para seguir. Pero me sorprenderé gritando un día "Ya valió la tontería. Y con mi vida, si usted me deja, seguiré." 





Y ahora puedo marcharme. 
Al fin me puedo ir. 
Da igual que llegue tarde, 
porque nadie espera por mí.









viernes, 20 de junio de 2014

En cueros

Probablemente era tarde para todo. Su destino estaba roto, pero ella jamás dejó de luchar. Quizás no tenía más remedio. Quizás sí. Sea como fuere, lo cierto es que una vez más estaba en pié y preparada para romper(se). Pero esta vez, el corazón no la acompañaba. Había decidido aprender a vivir lejos de sus indómitos latidos, su inestable vaivén, su indomable necesidad . Su corazón, mitad desencuentro, mitad rabia, estaba demasiado lejos de todo.

Salió de casa con paso firme y airado, dejando atrás un sinfín de noches sin dormir y días sin motivo ni razón. Sólo quería volver a sentirse viva. Quitarse las telarañas. Sonreír porque sí. Ponerse a prueba.

Qué bien le sentaba la tarde. Su belleza era una mezcla de pausado dolor, templanza e infinitas ganas de vivir. Era bella como la poesía. Triste, arriesgada, misteriosa y pasional. Te miraba como miran aquellos que ya no temen nada. Tenía las cosas claras y llevaba a cuestas esa maravillosa sensación de libertad. El miedo y las dudas habían huído. Ya no se escuchaba ningún ruído.

Cada beso era nada. Cada luna era nada. Cada polvo era nada. Cada caricia era nada. Se había olvidado de que venía a verte. Solo quería escucharte hablar de amor. Quería escuchar una de esas estúpidas historias de amor inquebrantable. Necesitaba creer que existen los finales felices aunque ella estuviera a años luz de ellos. Quería tener algo por lo que luchar. Besar el aire y la acera y a ti. Lo quería todo.

Él la invitó a soñar. La amó en reiteradas ocasiones sin llegar a amarla jamás. La quiso durante dos horas sin condiciones ni porqués, sin promesas ni mentiras. Fue solo un momento pero podía durar eternamente. Su carmín resbalaba como la sangre. Buscó su jaula y le devolvió la vida en un simple abrir y cerrar de piernas. La besó en todas sus cicatrices sin ni siquiera saberlo. Jamás le puso un cascabel. No quería querer. No podía creer. Estaba a salvo. Su cama no tenía sueño ni dueño. Suspiró de alivio cuando llegó la "petite mort" y con ella dejó ir a todos sus fantasmas. Pudo volver a sentir a todo el universo y todo el universo volvió a sentirla a ella, sintió la humanidad de después de la muerte. La inmortalidad del placer. La paz de no tener nada que esconder. La paz de no tener nada que perder.

Puede que siga sintiéndose sola, cuando llegue a casa, sean las diez y nadie se siente a su lado en el sofá. Puede que siga sin encontrar su lugar en el mundo, trastabillando de un sitio a otro, de una piel a otra, sin acabar de encontrarse jamás. Quizás siga lamiendo cada noche las hojas de su cuaderno preguntándose porqué jamás ha podido encontrar lo que siempre ha estado buscando. Puede que ya no vuelva a ser puta y bendita, musa y virgen,  pero ahora vive al día, dejando señales, sin miedos ni anhelos,fuera del redil, dentro de ella.




"Te pido que no vengas que no quiero nada más que lamerme los huesos.
Vete a olisquearle el ojete a otro perro que te haga más caso que yo estoy aleteando de nuevo."


lunes, 16 de junio de 2014

...que esta noche es la más fría y no consigo dormir...

Perdón por no saber discernir donde acaba el amor y empieza el terror. Por no saber escuchar el dolor que guardaban tus silencios. La incapacidad que invadía tu ser.

Perdón por no saber querer a medias. Por quererlo todo. Todo y siempre.

Perdón por ser tan simple, tan compleja, tan evidente... Por llorar sólo cuando las lágrimas ya no tienen valor ni sentido. Cuando nada vale nada.

Perdón por irme lejos sin moverme de tu lado. Por quedarme a tu lado sin poder asumir que estás lejos.

Perdón por mi soledad, tan llena de nostalgias, de miedo, de sueños rotos, de desesperanza. Tan llena de ti. Tan llena de nada.

Perdón por el desconsuelo que me oprime el pecho cuando miro tu lado de la cama y sólo encuentro pedacitos de mi corazón. Cuando estoy rodeada de gente y a la vez tan vacía, tan fuera de todo.

Perdón por quererte igual que antes, por ver tu cara en todas las caras, por buscar tus besos en todos los labios. Por mendigar amor, por buscar incesantemente otra velocidad.

Perdón por mis mil contradicciones, por las puertas que crucé, por no poder callarme, por no tener ya nada que decir(te).

Perdón por no saber rendirme, por arriesgar mi vida en cada intento, por no encontrar consuelo. Por no soportar la frialdad de este momento.

Perdón por resucitarte y matarte cada día de mi vida. Por vivir en el pasado. Por ser incapaz de encontrar la melodía.

Perdón por todas mis promesas rotas, por dejarte solo contra el mundo. Por no saber cuidarte. Por no dejar que me cuides.

Perdóname tú.
Yo no puedo.
Perdóname.
Libérame de ti.


Ojalá estuvieras aquí conmigo, cuando no soy capaz de soportar la angustiosa calma de tu partida.
Ojalá te quedases conmigo hasta que mi corazón fuese capaz de encontrar otra velocidad.
Ojalá esta madrugada que parece nunca acabar pudiera encontrarte lejos de mis sueños.





"Agárrate fuerte a mí... que esta noche es la más fría y no consigo dormir."






lunes, 9 de junio de 2014

Ella

Era un día como otro cualquiera para todos, excepto para ella. Se despertó con la certeza de que había comenzado el final y que nada se podía hacer para evitarlo. Se sintió liberada. Por fin podía dejar la batalla sin sentirse una fracasada. Por fin podía sentarse a llorar todas esas lágrimas de resignación que vivían dentro de ella desde hacía ya demasiados años. 

Había imaginado muchas veces como se sentiría cuando todo hiciese crac, pero jamás pensó que el alivio estaría entre sus sensaciones. Sin embargo, ahí estaba. Y lo ocupaba todo. Fue hermoso el funeral. Todo había cambiado. Ella ya no era ella. Pero sabía que de ahora en adelante sería mejor. Una versión completamente mejorada de si misma. El desamparo, la soledad, el miedo, la desesperanza, la frustración... todo se fue cuando llegó el final. Tan solo ella estaba ahí. Ella y su corazón. Triste, cansado, roto, pero vivo. Al fin vivo. 

Era el fin de la eternidad. El fin del único mundo que ella había conocido. Pero como todo buen final estaba lleno de oportunidades esperando a ser aprovechadas. Esperando a que estuviera lista para aprovecharlas. 

Se miró en el espejo por primera vez en tres meses y pensó que todo buen final necesita una buena despedida.

"Recuerda siempre que yo solo hacía letras para ti, dejándome la piel. Recuerda que he luchado a muerte con las sombras por ti. Pero ahora necesito luz. Necesito limpiarme. No quiero escuchar tus llantos. Tengo los ojos inundados de todo lo que he vivido estando a tu lado. Te perdono, aunque tú no lo hagas. Ya no miro atrás. La historia ya no es mía. Ahora solo quiero que te vayas. Gracias y adiós." 

Hoy es el primer día del resto de tu vida. Por favor, no vuelvas a olvidarte de ser feliz. Recuerda todo lo que has aprendido y vuela. Quiérete. Quiérete mucho más de lo que jamás nadie te podrá querer. Y no dejes que nadie vuelva a hacerte olvidar quién eres y todo lo que has logrado. 



"Hoy te vas a querer como nadie te ha sabido querer.
 Hoy vas a mirar para adelante que para atrás ya dolió bastante.
 Hoy sabes que tu vida nunca más será un fracaso.
 Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para tí, que nadie puede hacerte daño.
 Hoy vas a ser feliz aunque el invierno sea frío y sea largo.
 Hoy vas a conseguir reírte hasta de tí y ver que lo has logrado."







jueves, 22 de mayo de 2014

Todo lo que necesitas es menos.

Hoy, leyendo un artículo sobre la búsqueda de la felicidad en una conocida publicación, me llamó la atención una frase de Abraham Lincoln que decía que "casi todas las personas son tan felices como deciden serlo.". Dado el carácter íntegramente subjetivo del concepto de felicidad, creo que Lincoln estaba en lo cierto.
Los seres humanos jamás nos conformamos con nada. Siempre queremos más y más y más... La sociedad actual defiende una lucha a muerte por todo lo que creemos que necesitamos para ser felices y nosotros como buen rebaño peleamos con uñas y dientes  para conseguirlo. Al final, si lo conseguimos dejamos de darle el valor que antaño le dabamos y si no lo conseguimos creemos que jamás podremos ser felices sin nuestro ansiado capricho. Ser una persona luchadora es una cualidad sumamente positiva, pero también hay que saber cuando frenar, cuando abandonar y eso nadie lo promueve. Ahí reside el gran peligro. De ahí afloran las benditas depresiones, insatisfacciones y desdichas varias. En mi humilde opinión, es tan importante promover la capacidad de lucha como la capacidad de claudicación. Claro, que no siempre he opinado así... Han sido mis innumerables fracasos personales los que han hecho que actualmente valore como habilidad superpositiva la capacidad de retirarse a tiempo.
En dicho artículo también se hacía hincapié en que la felicidad es el estado natural de los seres humanos. Nacemos para ser felices, pero contaminamos nuestro mundo interior con un inconformismo desmesurado que nos impide valorar lo que sí tenemos, lo que sí hemos logrado...
Solo las personas que consiguen librarse de todo anhelo y dependencia pueden ser realmente felices. Es bueno tener metas, querer mejorar y crecer como individuos pero sin dejar que el hecho de no alcanzar esas metas sea un motivo de desdicha, porque la felicidad no está ahí. Está dentro y no merece ser corrompida con absurdos, egoístas e inalcanzables deseos.
Solo necesitamos una cosa para ser felices y es querer serlo. Todo lo demás es prescindible.

Todo lo que necesitamos es menos.


domingo, 11 de mayo de 2014

Ahora que no confiaré ya nunca más en nadie:


El desamor es el lugar más frío en el que he estado jamás. La cara B de la vida.
Admiro a esa gente capaz de escoger a quien amar. Los eligen. Los escogen para poder ahorrarse la frialdad del desamor, la soledad de la dependencia, el dolor de los ojos cuando ya no saben mirar...Los eligen. Se salvan.
Mientras, otros, vivimos toda la vida buscando un amor que nos rompa los huesos. Y cuando al fin lo encontramos reímos, festejamos, soñamos, vivimos. Bukowski lo sabía bien: “Love breaks my bones and I laugh”.
Nunca pensamos en la remota posibilidad de que esa sensación de estúpida inmortalidad tenga fecha de caducidad. Nos olvidamos de que lo único que perdura es el cambio y nos aferramos a un sentimiento que nos hace creer que no hay nada en esta vida que pueda matarnos. Pero, en realidad, sí. Sí que hay algo que puede matarnos. Y somos nosotros los que lo hemos permitido.  
Si hay algo con más poder que ese amor, es la soledad que viene después de haber amado por encima de tus posibilidades. Si hay algo más devastador que ese amor es el abismo del día después. El miedo a no volver a sentir jamás. El miedo a volver a sentir. El miedo. Al fin y al cabo, todo se reduce al miedo.
Pero, ¿Quién puede conformarse con un amor a medias? ¿Quién puede conformarse con un dolor a medias? Vivir a medias es peor que no vivir. Vivir en la cuerda floja es más insoportable que vivir en el infierno. Seguramente lo mejor sea no preguntarse porqué. Curarse las heridas con el agridulce veneno de la inercia. Aceptar el mecanismo simple de respirar como si eso fuese lo único realmente importante. Y olvidar lo que un día has sido. Lo que un día quisiste ser y lo que ya nunca jamás vas a ser.
Al fin y al cabo todo se trata de aceptar. Aceptar que no todo el mundo tiene capacidad para amar, que todo lo que empieza ha de terminar y que después del final hay millones de oportunidades esperándote. Esperándome. Aceptar que debes seguir escribiendo, aunque no merezca la pena hacerlo tan lejos de la poesía. Aceptar que no siempre luchar es de valientes ni resignarse es cobardía. Vivir es tan importante como sobrevivir. Y estar lejos ha de ser olvidar. Aprender a vivir solo con cinco sentidos. Dejar de perseguir al error. No dejarse la vida en cada intento. No escribir a lo que nunca tendrás. No suspirar por algo que no era verdad. Romper todos los recuerdos. Tener el valor de marcharse. Tener el valor de quedarse. Tener el valor de aguantar. Tener el valor.
Siento haberte matado. Eras tú o yo.
Tuve que salvarme, Mario. Tuve que salvarme. Tengo que salvarme.
Hace tiempo que no hay manta, ni té, ni casa... No hay nada. No hay nadie. Todo lo que me has dejado han sido estas indomables ganas de volver a casa. Ahora. Ahora que no confiaré ya nunca más en nadie.

Ha sido divertido. Me equivocaría otra vez.