Admiro a esa gente
capaz de escoger a quien amar. Los eligen. Los escogen para poder ahorrarse la frialdad del
desamor, la soledad de la dependencia, el dolor de los ojos cuando
ya no saben mirar...Los eligen. Se salvan.
Mientras, otros, vivimos toda la vida buscando un amor que nos rompa
los huesos. Y cuando al fin lo encontramos reímos, festejamos,
soñamos, vivimos. Bukowski lo sabía bien: “Love breaks
my bones and I laugh”.
Nunca pensamos en
la remota posibilidad de que esa sensación de estúpida inmortalidad
tenga fecha de caducidad. Nos olvidamos de que lo único que perdura
es el cambio y nos aferramos a un sentimiento que nos hace creer que
no hay nada en esta vida que pueda matarnos. Pero, en realidad, sí.
Sí que hay algo que puede matarnos. Y somos nosotros los que lo hemos permitido.
Si hay algo con más
poder que ese amor, es la soledad que viene después de haber amado
por encima de tus posibilidades. Si hay algo más devastador que
ese amor es el abismo del día después. El miedo a no volver a
sentir jamás. El miedo a volver a sentir. El miedo. Al fin y al
cabo, todo se reduce al miedo.
Pero, ¿Quién
puede conformarse con un amor a medias? ¿Quién puede conformarse
con un dolor a medias? Vivir a medias es peor que no vivir. Vivir en
la cuerda floja es más insoportable que vivir en el infierno.
Seguramente lo mejor sea no preguntarse porqué. Curarse las heridas
con el agridulce veneno de la inercia. Aceptar el mecanismo simple de
respirar como si eso fuese lo único realmente importante. Y olvidar
lo que un día has sido. Lo que un día quisiste ser y lo que ya
nunca jamás vas a ser.
Al fin y al cabo todo se trata de aceptar. Aceptar que no todo el mundo tiene capacidad para amar, que todo lo que empieza ha de terminar y que después del final hay millones de oportunidades esperándote. Esperándome. Aceptar que debes seguir escribiendo, aunque no merezca la pena hacerlo tan lejos de la poesía. Aceptar que no siempre luchar es de valientes ni resignarse es cobardía. Vivir es tan importante como sobrevivir. Y estar lejos ha de ser olvidar. Aprender a vivir solo con cinco sentidos. Dejar de perseguir al error. No dejarse la vida en cada intento. No escribir a lo que nunca tendrás. No suspirar por algo que no era verdad. Romper todos los recuerdos. Tener el valor de marcharse. Tener el valor de quedarse. Tener el valor de aguantar. Tener el valor.
Al fin y al cabo todo se trata de aceptar. Aceptar que no todo el mundo tiene capacidad para amar, que todo lo que empieza ha de terminar y que después del final hay millones de oportunidades esperándote. Esperándome. Aceptar que debes seguir escribiendo, aunque no merezca la pena hacerlo tan lejos de la poesía. Aceptar que no siempre luchar es de valientes ni resignarse es cobardía. Vivir es tan importante como sobrevivir. Y estar lejos ha de ser olvidar. Aprender a vivir solo con cinco sentidos. Dejar de perseguir al error. No dejarse la vida en cada intento. No escribir a lo que nunca tendrás. No suspirar por algo que no era verdad. Romper todos los recuerdos. Tener el valor de marcharse. Tener el valor de quedarse. Tener el valor de aguantar. Tener el valor.
Siento haberte
matado. Eras tú o yo.
Tuve que salvarme,
Mario. Tuve que salvarme. Tengo que salvarme.
Hace tiempo que no
hay manta, ni té, ni casa... No hay nada. No hay nadie. Todo lo que me
has dejado han sido estas indomables ganas de volver a casa. Ahora. Ahora que no
confiaré ya nunca más en nadie.
Ha sido
divertido. Me equivocaría otra vez.
Pues que lindo escribes guapa, me he sentido tan identificada con cada palabra, con cada frase.
ResponderEliminarEs como si plasmaras mis sentimientos, mis pensamientos.
Creo que en eso estamos, intentando salvarnos dia a dia.
Un abrazo guapa, y qur escribir te sirva de terapia para decir lo que nunca pudiste decir.
Gracias por tus palabras, amiga. Y gracias por leerme! Es una buena terapia el escribir. Mil besos fuertes.
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