La sombra negra va haciendo presencia de forma gradual, en el día a día, con un montón de días malos sin motivo ni razón aparente y luego aparece de manera repentina, como un huracán, arrasando con todo. Un día te despiertas con un miedo terrible a vivir, que físicamente te impide moverte de la cama y estás cansado, muy cansado, tremendamente cansado de estar cansado. Te cansa el cansancio. Tu cuerpo pesa cincuenta quilos más, te duelen las piernas del esfuerzo que hacen por sostenerte, se te duerme la boca, el pecho te oprime, se te clava la ansiedad en el estómago, tu cuerpo tiembla de miedo, no te reconoces ni en tu propia piel y sólo puedes, quizás, guardar un ápice de fuerzas, para fingir que estás mejor de lo que estás.
No duermes sino es con ayuda, porque el miedo a volver a despertarte lo invade todo. Así que te pasas las noches en vela mirando la televisión, sin ver nada. Sólo por escuchar algo, hasta que el sueño aterrador te arrastra a tu cama y dejas la luz encendida para que no vengan los demonios tras de ti.
Nadie te entiende. Desde fuera parece fácil. Un día malo. Todos tienen días malos. Te dicen que te levantes y que salgas, que vayas a lugares, que vivas tus 20 años porque jamás los vas a recuperar, y tú te sientes cada vez más culpable y piensas en todas esas personas a las que les han arrebatado la posibilidad de vivir, mientras tú la estás desaprovechando. Pero no puedes. La sombra negra siempre te arrastra a la cama. Te atrapa y te arropa. La sombra negra es tu madre ahora.
Sí, es cierto que todos tienen días malos, pero solo algunos tienen días sin salida.
"En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras
nin me deixarás ti nunca
sombra que sempre me asombras."
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