domingo, 23 de agosto de 2015

No retorno.

Todos necesitamos llegar al punto de no retorno para poder abandonar la lucha; para quizás, olvidar de una vez por todas, el camino de vuelta; para ser capaces nuevamente de perdernos dentro de nosotros mismos, sin necesidad de que nadie trate de convencernos de que no estamos solos, en esos momento en los que solo sentimos vacío y desesperanza.

García Márquez dijo que no hay peor forma de extrañar a alguien que estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener. Era una niña cuando leí por vez primera esa frase, y recuerdo perfectamente haber sentido un escalofrío recorriendo mi espalda al pensar en lo horrible que tenía que ser la vida viendo como tu persona, crece a tu lado y tan lejos de tí; como te quiere y se va al mismo tiempo; como te detesta y se queda al mismo tiempo.

Por aquel entonces no imaginaba cuánto. No podía ser consciente del cúmulo de sensaciones que me invadirían cuándo hoy amanezco a tu lado y tus ojos me miran cobardes, astutos; escondiendo, quizás, verdades que mi pobre e insulso ser no logra descifrar, enseñándome un millón de maneras de desahuciar mi amor con amor... y yo que nunca he sabido a donde ir, ahora sé donde me quiero quedar.

Tampoco podía prever que el amor es real en el momento justo en el que quieres abandonar una guerra y no puedes. Estás atado. La vida te ata, tú te atas. Tú me atas. Yo te ato. Yo que nunca creí en las ataduras, vivo atada a la imposibilidad de tu fenómeno. ¿Quién iba a decirle a esa niña que el amor dura dos segundos y el olvido un millón de años?. ¿Quién puede comprender a esta niña que cada vez que te ve se despide de ti?.

Yo no. Ni a ti. Tú no. Ni a ti. Me lo has enseñado tú. Ahora maldigo a quién amo. Ahora vivo de las migajas de un amor que se destruye cada vez que trato de salvarlo del vacío absoluto e intento, intento, intento, encontrar un lugar donde parar a coger aire y descansar, para poder seguir sobreviviendo en  nuestra historia interminable de recuerdos, palabras, momentos, conversaciones, miradas, abrazos, besos paseos, amores... que no valen nada y de tus once minutos de placer chocando de frente contra mis ganas de toda una vida.


¿Como hacer comprender a alguien que quieres una vida entera y no cuatro domingos por la tarde?


Pero tú sigues sin imaginar que cada vez que te veo, me despido de ti ... para siempre.










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