No alcanzo a recordar en que momento lo fácil se ha vuelto tan difícil de manejar, ni puedo comprender el porqué de tantas negativas, cambios de sentido y lagrimas. Puede que tú jamás hayas conocido al amor, pero yo he llorado más de mil noches por sus cadenas y su forma tan inteligente de dejarme sin nada de un plumazo. He sufrido su vacío, su incoherencia, su posesión, su ridiculez y la locura transitoria que lo invade todo. Como Sartre creo que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita energía, generosidad, ceguera...y si uno reflexiona jamás lo hace. Yo tampoco saltaré nunca más de ese precipicio.
Ahora yo me marcho de este lugar que jamás ha sido mío, escapando una vez más de mi corazón, de tus ojos llorosos y de la mentira de los míos. De tu mentira y del dolor de llegar siempre a deshora a todas partes. Preferiría no tener que contarte todas las cosas que he tenido que ver, ni todas las veces que he pensado que la humanidad es una especie condenada a la absoluta destrucción propia y ajena. Me gustaría no ser yo, para poder estar a tu lado. Sonreír de veras cuando me acuerdo de tu voz y permanecer. Permanecer, por fin, a pesar de las palabras que nunca me dijiste o gracias a ellas o sin desearlas tanto como deseo la paz. Sea como fuere, me gustaría ser cualquier cosa que me acercase a tu corazón y me alejase de la inestabilidad que me provocan mis pies. He llegado a destiempo a tu vida y eso es algo que no podré perdonarme jamás.
No hay barcos imposibles de hundir, ni palabras mágicas ni siquiera motivos o razones para quedarse en este planeta, perdida como un extraterrestre fuera de su hábitat, como una carta sin remitente, como las botellas que se estrellan contra el suelo, cuando nada vale nada. Pero puede que. Quizás si. Igual si en algún lugar de ti existe el deseo de que permanezca, quizás sí, quizás no necesite nada más que tus ojos diciendo "sí". Puede que haya cubierto el cupo de noes y no encuentre más solución que huir, volar lejos y empezar de cero. No necesito más valentía que la que me da esta vida vacía de tu amor y vacía de sentido. No necesito nada más que cuatro libros y mis manos para ovillarme cuando todo se vuelva gris. Siempre ha sido así.
Me iré, incluso a sabiendas, de que todos los lugares del mundo me llevarán irremediablemente de vuelta a ti. Aunque tú no lo sepas. Aunque ya nada importe.
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