viernes, 14 de noviembre de 2014

Volatilizar

No salgo a buscarte porque estoy cansada de habitar entre tu espada y tu pared. No te cuestiono porque estoy hastiada de tener todas las respuestas y aún así no saber como actuar. No te miro porque me inquieta que en cualquier momento te conviertas en otro. No te tanteo porque tú me deshielas con solo mirarme y yo quiero seguir siendo piedra firme y serena. No me congratulo a pesar de ser consciente de que tu corrompida alma podría estar en mis manos.
Apenas pienso en tí, pues pensarte es un obstáculo que dificulta enormemente mi vuelo. Y yo quiero volar. Pero no es fácil convivir con alguien que quiere alcanzar el cielo. Es un juego. Siempre lo ha sido. Quizás yo he perdido, pero tú me has perdido. Y ninguno de los dos ha ganado nada. Acaso experiencia y aprendizaje. Es lo que suele decirse cuando alguien pierde mucho y no gana nada.
Sí, hemos aprendido. Puede que tú conserves la enseñanza intacta durante toda tu vida, pero yo me olvidaré de todo lo aprendido en un simple abrir y cerrar de piernas. Y lo sabes. Lo sabes, pero no te importa. Lo sé. Ambos hemos sabido siempre todo lo que hay que saber y sin embargo en la praxis somos excesivamente ineptos. La juventud dicen. Nuestra estúpida manía de no querer parecernos nunca a nadie y congraciarnos de ello. Hemos estado muy solos por culpa de nuestra ineptitud para adaptarnos a los demás. Hemos estado muy solos por culpa de nuestra ineptitud para adaptarnos a nosotros mismos. No hemos estado nunca en ningún lugar y no obstante hemos volado mucho más que la mayoría de la gente. No sé como pretendíamos querernos perpetuamente si ni siquiera éramos capaces de cohabitar más de unas pocas horas. Pero soñábamos. Siempre soñábamos. Y creíamos que la vida era un sueño. Nos gustaba vivir. Nos gustaba ser especiales y éramos francamente felices dentro de esa montaña rusa emocional en la que jamás dejamos que entrara nadie.
Nunca fuimos capaces de entendernos a pesar de ser prácticamente iguales. Cuando la vida se complicaba optábamos por escondernos en nuestras respectivas alcobas, esperando a que la tormenta amainase. Jamás luchamos juntos por nada. Ni siquiera por nosotros mismos. Esperar, eso hacíamos. Tener fe en que las cosas se pondrían solas en su lugar. Y así fue. Pero, nos ha costado demasiado asimilar que este era su lugar. Nos separamos porque dos seres tan volátiles no pueden convivir en este mundo. Nos separamos porque nos percatamos de que nuestro reinado era falso. Tuvimos que tomar direcciones opuestas porque nadie puede mediar entre dos perturbados y nosotros fuimos siempre demasiado jóvenes para entender porqué tanto canibalismo, tantas horas en vela, tantas terapias infructuosas, tanta ficción, tanta muerte, tanta autodestrucción...
Hace años de eso y aún hoy sigues siendo mi mayor guerra. Junto a ti descubrí la imposibilidad del fenómeno y jamás he vuelto a ser yo.
Sé que leerás esto. Siempre te ha interesado más mi escritura que yo. Ojalá hayas conseguido acostarte temprano y no pasarte las noches en vela preguntándote porqué tú no puedes ser una oveja más del rebaño.

Yo seguiré intentando alcanzar el cielo.

Sé que te gustará saberlo.








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