¿Quién eres tú para romperme el corazón cada vez que me miras? ¿Por qué no puedo quitarme de la cabeza tus ojos grandes, tristes, verde esperanza, desgarradores, muertos...?
Te he amado después de la guerra, tan sólo buscando un poco de paz, y me he encontrado otra guerra, más absurda, más inútil y más dolorosa que la anterior.
¿Qué es lo que te falta? ¿Qué andas buscando sin parar?
No volverás a verme. Quizás era eso lo que querías. Quizás era el punto al que debíamos llegar. Yo sólo quería sentir paz dentro. Sólo quería que tus brazos me sacaran del infierno de ser siempre yo misma y otra. He buscado la paz en la incertidumbre de tu voz al otro lado del teléfono, la claridad en tus manos que tiemblan como las hojas en otoño, la vida en la muerte que son tus pestañas, la verdad en esos once minutos en los que te liberas de la pesadumbre de una vida de soledad.
Te presté mi cuerpo como lugar donde morirse siempre que las cosas fueran mal. Mi voz como apoyo en esas tormentosas tardes de resaca en las que solo quieres que alguien te abrace. Te di mi corazón gastado, usado y malherido para que lo curaras y me lo has devuelto muerto. Has matado los últimos retales de esperanza que quedaban en él, y ahora sólo eres para mí, ese lugar donde todos los sueños se mueren, antes de nacer, mucho antes de nacer.
Tu vida es un desastre. Detesto tu cobardía, tu falta de decisión, la manera ridícula en que justificas tu argumento para una vida completamente carente de sentido. Detesto el mohín de falsa pena que me dedicas cada vez que doy mi vida en el intento de salvarte. Me da asco tu punto muerto y la mentira que hay en esa ternura de la que presumes. Me dan asco tus manos buscando el roce de cualquier piel que le haga olvidarse por un segundo de si mismo, tu falta de poder de selección, que todo sea suficiente para tí, que te quieras tan poco y que transmitas esa falta de amor propio a quién te rodea. Odio que me mires como si me quisieras pero odio aún más que uses esas palabras en vano. Nadie hace daño a quién quiere. Jamás. Tu falta de empatía hace que el amor llore de pena y tu falta de amor al prójimo hace que yo me retuerza del dolor de pensar que una vez dejé mi vida en tus manos, para que la destruyeras, la escupieras y la pasearas por todas tus tragedias.
Te odio. Te odio tanto que me das pena. Nadie había generado tanto odio en mi ser. Hágase tu voluntad. Morirás solo. Toda tu vida será una réplica barata de la de un humano común. Sálvame. Muérete. Vete lejos. Piérdete. Muérete. Apágalo. Llévate la fe, las ganas, los últimos retales del incendio. Llévate mi vida, mis ganas de existir, todos mis motivos y el esfuerzo que hice por salvarnos. Te perdono, ¿serás capaz de perdonarte a tí?. Espero que no. Espero que jamás puedas perdonarte, majestad.
Tu vida es una completa mentira. Ellas jamás serán yo. Tú jamás serás él. No volveré a apiadarme de ti. Nadie te conocerá. Nadie te comprenderá. Te morirás solo. Te mereces lo que tienes. Has perdido. Y yo he vuelto a ganar, perdiéndo(te).
Quédate en tus infiernos y no salgas jamás.
Hágase tu voluntad.

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