domingo, 15 de noviembre de 2015

Fragmentos

Está nublado y estoy muerta de frío. Ya no sé que hora es. El tiempo transcurre de manera muy diferente según tu estado anímico, según lo que estés esperando.
No sé donde estás, quizás justo a mi lado pero te siento tan lejos... No sé dónde te has quedado. No comprendo porqué has decidido irte sin mí.

Hace frío y ya es de noche, como quién juega con "te quieros" escondidos en miradas, instantes, fragmentos pero jamás en palabras. Somos fragmentos de algo que quisimos ser, retales de valores que quisimos imponernos a sabiendas de que no cumpliríamos y seres vivos que no han elegido estar aquí y no saben muy bien como acabar con esta existencia condenada al vacío y a la atrocidad más aterradoras, experimentos fallidos. Tú y yo solo somos líneas paralelas que se han unido una vez en cuerpo y alma, solo una vez, para no volver a tocarse jamás. Y todavía no se me ha ocurrido nada más triste que un "jamás".

Ya no me duele tanto que no me quieras. Me duele el frío en las manos y el costado, los pies y los ojos. Me duele esta calle y la carencia de hogar. Me duele la crueldad de haber pasado de niña a mujer en un abrir y cerrar de ojos, sin estar todavía preparada para la soledad, la desconfianza y el recelo, propios de la edad adulta. Me duele no sentirme parte de nada ni nadie, ser la única que no se ha enterado del chiste y ríe tratando de ocultar su ineptitud y falta de sentido común, su incapacidad para comprender porqué alguien que te quiere permite que te rompas en cien mil pedazos, sin mover un dedo para tratar de impedirlo. Me duelen los miedos y los infinitos cada vez más largos, la marcha atrás y el no saber aceptar que no debo esperar nada de ningún ser humano. Esperar siempre duele. Duele esperar que me salvéis de mis sombras y acabar sola, pequeña y frágil, vagando por calles oscuras, frías y sin corazón, sin rumbo, sin hogar, sin nadie que me espere en ningún sitio. Duele no sentirse joven siendo tan joven y esperar la muerte como quién espera que nazca su primer bebé, ese que lleva buscando años y años. Ese que le salvará de si mismo, de su vacío, de su individualidad, de su soledad, de la falta de sentido de su existencia.

Ya ni me duele que no me quieras. Me duele que no me entiendas. Me duele haber confiado tanto. Me duelo. Me duelo a mí misma. Me avergüenza no haber sido capaz de ser un poco menos humana, y me avergüenza aún más haberme rendido en esta batalla eterna con mis demonios que ha sido mi existencia. Yo ya no puedo más. Y es imposible explicar mi rotura irreparable a personas que siempre han conseguido buscar el sentido de las cosas y autocurarse.

¿Quién es realmente el asesino? ¿El que posee el arma o el que la usa?."La vida nos es fatalmente dada" que decía Cortázar. ¿Cuál es entonces el pecado? ¿ La obligación impuesta de vivirla o el decidir que ya no quieres jugar más?.

Nos han engañado a todos y nosotros nos hemos engañado a nosotros mismos, así que ahora ya no podremos creer en nada jamás. Esta vida iba a ser otra pero algo ha salido mal. No hay pecado si no hay pecador. No hay dolor si no hay imposición. No hay principios si sólo puedes visualizar tu final.

Paris n´existe pas. Lo sé. Lo sé. Mas no lo acepto, así que, au revoir, mon amour. Au revoir, mon monde. Au revoir, ma vie.





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