sábado, 27 de septiembre de 2014

Tú sólo querías calor

Déjame caer, por favor. No intentes evitar lo inevitable. Algunos hemos nacido para estar siempre a ras del suelo. Has pasado toda tu vida tratando de salvarme del abismo sin ser consciente de que yo era el abismo. No puedes salvarme de mí misma. Ríndete. A veces y sólo a veces, es la única salida.

Mirarte era el deshielo. Cuando estaba contigo no sabía lo que era hacer el amor. El amor me hacía a mí. Te miraba y el amor me hacía. Te tocaba y el amor me nacía. Tus palabras se me clavaban. Tus silencios me gritaban al oído.
Deja ya de intentar convencerme. Te vas a quedar en nada. Algunas mentes no están preparadas para la adaptación al mundo real. Hay personas que simplemente no pueden...

La primera vez que te vi hacer el amor fui consciente de que eras tan invencible como humano. Tan fuerte como grande era tu fragilidad. Tan invencible al principio. Tan humano al final. Amé tu humanidad mucho antes que a tí. Amé tu forma de afinar las cuerdas de la guitarra  justo antes de convertir a Dylan en inmortal. He amado tus idas y venidas. Tu lunar en el pecho. Tus taras y tus deudas. Esa facilidad tuya para sonreír por fuera cuando todo estaba roto dentro. Amé la emoción de tus ojos al escuchar aquella canción y la otra y la de después. Amé tu culpabilidad, todas esas cosas que odiabas sentir, tu mala cabeza. Amé todo eso que nunca te has atrevido a decirme y  también tus pies siempre fríos. He amado tus palabras y tus silencios. Tus tiempos. Las líneas en tus manos. Tu pelo por las mañanas. El viento que gritaba cuando te marchabas sin despedirte. Tus crujidos. Tus gemidos. Tu miedo a perderme.

Pero ahora ya no.
Perdón.
Me has creído humana.

No sé amarte. Es difícil querer a alguien tan distinto a uno. Me resulta imposible amarte estando tan lejos de tu comprensión. Quizás Mario tenía razón y la culpa es de uno cuando no enamora, y no de los pretextos ni del tiempo.

Nunca has amado mis taras, mis dudas, mi sed mortal, mis cicatrices, mi culpabilidad, la insoportable levedad de mi ser, mi osadía, mi tristeza después de hacer el amor, mi liberación sexual, mis ojos tristes que siempre se emocionan a deshora, mis venas de humo y palabras, mi razón perdida, la gran decadencia de mi vida pidiendo perdón por ser yo, mis lamentos, mis noches de extrema soledad elegida y deseada, mi corazón cansado ya de latir, mis piernas incapaces de seguir la senda de las baldosas amarillas, mi boca siempre sedienta, mi necesidad de ser aplastada por toneladas de cariño, esas noches que para mí son toda una vida, el miedo que siempre decide por mí, mi incapacidad para aprender nunca nada...


Aún recuerdo. Te recuerdo. No se puede luchar contra el carácter. No pude juntar el agua y el aceite. Esta vez no pude. Pero siempre serás esos ojos de miel en los que una vez tuve el placer de perderme y ese abrazo sin fin que me hizo volver a la tierra sin miedos, sin taras, sin deudas, sin sed... sin tí.


Tú solo querías mi calor.
Yo solo quería tu calor.








*Ningún libro que leímos avisaba del peligro de creernos especiales.*

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