Hubo un tiempo en el que yo lo habría dejado todo por amor. Habría dejado que tu dolor se me clavara en el costado. Habría matado monstruos por tí. Te habría cuidado durante mil noches sin descanso ni quietud.
Y al final, te habría matado.
Te habría matado por amor.
Pero ya no.
Ahora ya no soy ni joven ni guapa ni feliz. Ahora te quiero sin culparte, sin temerte, sin tí. Te quiero libre y feliz. Te quiero por las mañanas y por las tardes. En mis momentos de sosiego y en mis mentiras. En mis ratos libres y en mis noches de tortura. Quédate. Afloja correa. Sigo aquí. Me levantaré cuerda y maldita por tí. Deja que los miedos huyan y arriésgate. El que no arriesga jamás gana nada. Tú ya has perdido demasiado. Búscame, sin miedo. Úsame, sin miedo. Hazme creer.
Quédate. Enloqueceme. Compartamos cama en llamas. Hazme tuya, antes de que en descuido me vuelva de otro. Sigues siendo un niño. Mi niño. Me enternece tu fragilidad. Ceniceros llenos. Botellas vacías. Vidas enteras destinadas a buscar la melodía.
Bien, quizás esta sea la ansiada melodía. ¿Seremos capaces de mantenerla viva?.
Jamás habrá sedales.
Jamás habrá verdades universales.
Ojalá me quieras libre.
Ojalá me quieras.
"Yo te querré deshecha.
Te querré en la roca viva.
Te querré en todos los versos que no quieran tus pupilas.
Yo te querré en la acequia.
Te querré en la cumbre fría.
Te querré cuando el fantasma de tu voz venga a por mí."
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