El día en que me diste a elegir entre tú y mi soledad yo ya estaba muerta. Quizás por eso me resultó tan fácil escoger. Elegí a mi soledad porque siempre he sabido que si te escogía a tí, tu soledad sería aún más difícil de complacer que la mía. Todo ha sido siempre cuestión de soledades. Tú lo sabes ¿verdad?. Puede que me haya equivocado al renunciar a todo lo que podría haber sido sólo por un poquito de paz. Pero, ¿quién quiere amor cuando tiene prozac?, ¿quién necesita compartir soledad cuando la suya propia es tan grande y hermosa?. Yo no y sé que tú tampoco. Sólo me has querido cuando no me podías alcanzar, cuando yo no era humana ni real. Sólo me has rozado. Siempre ha habido mil quilómetros de hielo entre nosotros, pero a veces, la luz. Esa luz... Era tan grande... Nos ha confundido muchas veces. Pero, por favor, no la apagues aún.
Me ha dolido más de lo que me gusta reconocer haberte encontrado, haberte reconocido y haberte perdido tan pronto. Pero, ya no siento nada. ¿Y qué si eres tú lo que siempre había querido?. Quizás el único amor que puede considerarse realmente real y válido es ese que deja al otro crecer y siempre está ahí sin pedir nada a cambio. Quizás.
Pero, no corras tanto que tengo miedo. No estoy preparada para dejar ir a todas las esperanzas que tenía en nosotros. No corras. Dame tiempo. Déjame quererte de otra forma. No dejes que se apague la luz tan pronto. No dejes que todo mi amor acabe en la fosa común donde están todos nuestros sueños. Quédate un ratito a mi lado y déjame mirarte. Ya sabes que sólo necesito eso. Siempre me han gustado las pequeñas cosas del día a día. Ver como el amor crece. Ver como tú creces por encima de poetas que no valen nada a tu lado. Ver como es tan fácil a veces convertirse en humano, ver a las palabras salir corriendo y sin miedo de mis dedos...
Me he ido mil veces sin acabar de irme jamás, pero tú nunca me dés por perdida, por vencida. Es muy difícil sentir como siento. Siento no poder regalarte todos mis días. Siento tener todo lo que buscas y no poder dártelo. Yo no lo quiero. Es todo tuyo. Lo siento. No acierto.
Te quiero y tengo miedo, porque cuando no me puedes ver, yo pienso en tí también.
Siempre pienso en tí.
Pero nada de esto importa ya porque todo es simplemente cuestión de soledades.
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