jueves, 12 de noviembre de 2015

Si no es amor que no sea nada

"¿Y ahora qué?" me dices entornando tus ojos de mar, mientras esperas que yo tenga la solución que tú jamás has sabido darme. La solución a tanto dolor gratuito y a tanta destrucción en nombre del amor, de un amor que se nos ha escapado de las manos y al que ya sólo podemos regresar a través de imágenes, objetos, y sueños. Tantos sueños y tantas esperanzas desvanecidas que ni siquiera creo ahora que alguna vez tú y yo hayamos sido lo mismo, vivido lo mismo, sentido lo mismo. "Tú y yo ya no nos queremos y por eso no nos vemos" grita Tulsa y es tan lógico y coherente que no puedo más que imaginar abismos, muertes violentas y botellas vacías.
No quisiera olvidar el mundo que tú me enseñaste pero sospecho que lo haré. Sospecho que serás otra foto en blanco y negro que volveré a mirar dentro de veinte años para cerciorarme de que realmente has existido, aunque fuese de una manera tan efímera que, hacerte un lugar en el baúl de las nostalgias es incluso un trabajo absurdo. Pero supongo que hay personas que valen más que el tiempo que duran e imagino que tú durarás en mí mucho más tiempo del que yo duraré en tí. Tú nunca morirás, aunque yo ya estuviese muerta antes de saltar. Es sólo que no quiero más puñaladas por la espalda, casi sin querer. Nada duele más qué que te hiera quién supuestamente te quiere. Nada duele tanto como herir a quién quieres por encima de todas las cosas. Probablemente te recuerde siempre por todo lo que pudo haber sido y no fue, por ser aquel amor que se acabó sin ninguna razón mucho tiempo antes de haber empezado, por todas las palabras que se dijeron demasiadas veces y por todas las noches en las que yo solo te tenía a ti, y no tenía nada. Y tú no estabas y yo creía que sí, pero sólo eran voces y abrazos de mentira y yo podría haber sido otra, y todo habría sido exactamente igual para tí. Pero yo era yo y jamás podré perdonarte que me hayas confundido con otra. No soporto tu falta de amor. No concibo haber sido una más de cientos pero ahora al fin comprendo que ni siquiera me has rozado. A estas alturas sólo se me ocurre disculparme por quererte de esta forma tan incondicional y poco convencional. Es mucho más de lo que cualquiera podría llegar a soportar. Lo siento todo mucho. Lo siento todo, mucho.

He decorado mi habitación con todas tus cosas para recordar que una vez tuve un amor que parecía real, para no olvidarme de tus ojos de gato, para abrazarlas en las frías noches de invierno venideras pero, ¿y ahora qué, ojos de gato? ¿Ahora qué? Dime tú qué puedo hacer yo más que arrancarme el corazón del pecho si tú no vienes, no llamas, no hay flores ni bombones, ni mensajes de buenas noches, ni abrazos de esos, ni un "te echo de menos", tampoco un "pagaría las consecuencias de lo que fuera por tí". Dime tú, mi amor, qué puedo yo hacer más que olvidar al amor y morirme de ganas, mientras trato de convertirme en piedra firme, fría y serena y tú me recuerdas con tu ausencia que "contigo sólo puedo perder". Por favor, si no es amor que no sea nada. Por favor, haz que sea amor.




"...Y jugamos a ser humanos en esta habitación gris. Y jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir. Tengo sed y estoy tragando. No quiero no estar a tu lado. Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos."

viernes, 30 de octubre de 2015

Ne me quitte pas

Cuando el punto final llegó yo aún no estaba preparada para ello. Es por eso que cuando todo se oscureció de pronto, yo solo pude quedarme quieta, agarrar mi corazón para evitar que se saliese del pecho y negar con la cabeza. Negar que tú eras lo mejor que me había pasado. Negar que tus ojos me habían salvado de una muerte en vida. Negar que tu cama era mi lugar favorito del mundo. Negarte y negarme, a la vez.
Fue otra trampa al corazón. Una de tantas otras, pero en aquel momento no era posible la existencia de otra tan corrosiva. En este momento tampoco. Aún no sé si te quiero por todo lo que eres o por todo lo que sé que llegarás a ser. No sé nada de la vida y aún así me atrevo a amarte por encima de toda la humanidad, desafiando al tiempo y a la distancia, a la lógica y a la dignidad. Y dime tú que no. Anda, dime que no. Convenceme de que no puedo. Engañame y dime que esto no es real y que nada nos une, salvo mis ganas. Dime que todo ha sido cosa mía, que yo te he creado y te he repudiado, mientras tú solo pasabas de puntillas por mi vida.
Pero yo te quiero, y a veces, esa es la única explicación válida que puedo darle a este sinfín de desaciertos y agonías en las que he convertido nuestro pequeño infinito. Un infinito que nos atrapa y consume, que hace que tantos planes y esperanzas acaben en una cadena perpetua de silencios y dolor.
Yo aún no estaba preparada para desintegrarme contigo y quise aferrarme con fuerza a tu pecho, tal vez, diciéndote entre suplicas que por favor tú no. Ne me quitte pas. Tú no. Por favor. Pero creo que tú te marchaste. O quizás fui yo. Quizás me fui yo, cansada de tanta despedida, de tanta puñalada accidental por la espalda, de causalidades y casualidades, de llevarme todo a lo personal, de tácticas y juegos, de temblar de miedo esperando un final que nunca llega, de vivir en la decadencia, de no saber nada de principios, de apuñalar casi sin querer, de no conocerte, de estar siempre a punto caer.
No, no lo estaba y quizás debiste haber mirado mis ojos, antes de regalarme otro final enquistado o simplemente quererme porque sí, y no sólo por culpabilidad. Sé como son las cosas cuando todo cae, pero hubiera dado mi vida por poder confiar en tí, una vez más, tan sólo una vez más. No sé, a veces escribo, pierdo el contacto con el exterior y sólo estoy yo. Y entonces es cuando más te quiero, y ya no me importa que manos tocan tu piel esta noche ni de quién es la primera cara que ves por las mañanas, y solo recuerdo que, quizás, perdamos mucho los dos si dejamos de mirarnos a los ojos y arroparnos con tanta ternura que el mundo no puede más que contarnos las pestañas. Yo no soy capaz de concebir un futuro sin tí y eso es todo lo que tengo que darte, que es todo y a la vez no es nada, en comparación con todo lo que tú y tus ojos de mar, podríais llegar a alcanzar con solo parpadear. Así que tú solo, déjate llevar, olvida este adiós que tenemos pisándonos los talones, olvida mi falta de respuestas, olvida que quizás yo no soy ella, mis torpezas, mi facilidad para ignorar que hay personas que no tienen corazón. Olvídalo todo y vén, házme tuya con tus dedos y muestrame como sería el mundo si yo fuera ella. Quítame la ropa y las penas y dame aliento con tu boca. Déjame tus alas. Nunca me falles. Yo te quiero también cuando tú no me ves y eso amor mío, eso solo puede llevarme a la felicidad más absoluta o al dolor más desgarrador. Pero tú, por favor, no vuelvas a hacerlo.
Ne me quitte pas. Ne me quitte pas.

lunes, 26 de octubre de 2015

Contigo solo puedo perder

Al final lo hicimos todo mal. Y al final, el final es lo que importa. Tampoco vamos a poder olvidar todas las vueltas que hemos dado para llegar hasta aquí. Aquí, a este pseudofinal pseudocordial y frío como el hielo, que me hace no querer hablar de nuestra pseudohistoria de pseudoamor jamás. A este lugar en el que los abrazos que me das, no son para mí, solo son para tí y yo me muero de ganas de decirte que. Pero no lo haré. No, esta vez no lo haré.

Yo siempre te he querido. He querido todo eso que representabas para mí y la enorme ilusión de haber encontrado al fin a alguien con el que preguntarme porqué, para qué, a santo de qué. Todas las preguntas sin respuesta que nos hacíamos juntos, arreglando el mundo, y buscando alternativas, se han convertido en un enorme interrogante para mi corazón, y ahora querría regresar a mi planeta. Y me encantaría que tú te vinieses conmigo, pero supongo que tú no quieres venir. Supongo que tú nunca has querido venir.

No puedo dormir ni alcanzo a entender como es que al final lo hemos hecho todo tan mal. Yo creía en tí, en tu amor y en cruzar puentes con solo mirarlos. Habría creído en las segundas oportunidades y en el infinito si tú me hubieses dado la mano, aunque solo fuese un rato. Pero tú no. Y aún no comprendo como has dejado que me olvide del olor de tu piel. No me salen las cuentas de la vida, desde que tu bondad te ha permitido dejar mi corazón hecho añicos. Eres un ángel maldito.

Era invierno y yo debería haberte dejado, irme lejos y no volver. Pero no pude. Todas las palabras que nunca me dijiste y todo el falso calor de tus abrazos me atraparon. Nunca pude decir que no. Ahora vuelve a ser invierno y yo solo me arrepiento de no haber sido lo bastante combustible, como Julio. Sólo de eso. Ahora yo vuelvo a ser invierno y tú ya has perdido la cuenta de todas las veces que has pasado de puntillas por un corazón.

Sí, contigo solo puedo perder.
Sí, conmigo solo puedes perder.



martes, 13 de octubre de 2015

Extraterrestre.

Siempre hemos estado demasiado cerca para poder hablar de amistad y extremadamente lejos del amor. Quizás, por eso, he odiado y he amado las etiquetas. Y jamás he sabido estar a su altura. Puede que por eso, huya de ellas como de la peste, esperando, sin éxito, que su ausencia me devuelva la estabilidad que tu jamás has podido darme.
No alcanzo a recordar en que momento lo fácil se ha vuelto tan difícil de manejar, ni puedo comprender el porqué de tantas negativas, cambios de sentido y lagrimas. Puede que tú jamás hayas conocido al amor, pero yo he llorado más de mil noches por sus cadenas y su forma tan inteligente de dejarme sin nada de un plumazo. He sufrido su vacío, su incoherencia, su posesión, su ridiculez y la locura transitoria que lo invade todo. Como Sartre creo que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita energía, generosidad, ceguera...y si uno reflexiona jamás lo hace. Yo tampoco saltaré nunca más de ese precipicio.

Ahora yo me marcho de este lugar que jamás ha sido mío, escapando una vez más de mi corazón, de tus ojos llorosos y de la mentira de los míos. De tu mentira y del dolor de llegar siempre a deshora a todas partes. Preferiría no tener que contarte todas las cosas que he tenido que ver, ni todas las veces que he pensado que la humanidad es una especie condenada a la absoluta destrucción propia y ajena. Me gustaría no ser yo, para poder estar a tu lado. Sonreír de veras cuando me acuerdo de tu voz y permanecer. Permanecer, por fin, a pesar de las palabras que nunca me dijiste o gracias a ellas o sin desearlas tanto como deseo la paz. Sea como fuere, me gustaría ser cualquier cosa que me acercase a tu corazón y me alejase de la inestabilidad que me provocan mis pies. He llegado a destiempo a tu vida y eso es algo que no podré perdonarme jamás.

No hay barcos imposibles de hundir, ni palabras mágicas ni siquiera motivos o razones para quedarse en este planeta, perdida como un extraterrestre fuera de su hábitat, como una carta sin remitente, como las botellas que se estrellan contra el suelo, cuando nada vale nada. Pero puede que. Quizás si. Igual si en algún lugar de ti existe el deseo de que permanezca, quizás sí, quizás no necesite nada más que tus ojos diciendo "sí". Puede que haya cubierto el cupo de noes y no encuentre más solución que huir, volar lejos y empezar de cero. No necesito más valentía que la que me da esta vida vacía de tu amor y vacía de sentido. No necesito nada más que cuatro libros y mis manos para ovillarme cuando todo se vuelva gris. Siempre ha sido así.

Me iré, incluso a sabiendas, de que todos los lugares del mundo me llevarán irremediablemente de vuelta a ti. Aunque tú no lo sepas. Aunque ya nada importe.










"Me gustaría regresar a mi planeta. Lo he visto todo aquí. Ayúdame a llenar esta maleta, ya que no quieres venir..."








miércoles, 23 de septiembre de 2015

Hágase tu voluntad

¿Quién eres tú para romperme el corazón cada vez que me miras? ¿Por qué no puedo quitarme de la cabeza tus ojos grandes, tristes, verde esperanza, desgarradores, muertos...?
Te he amado después de la guerra, tan sólo buscando un poco de paz, y me he encontrado otra guerra, más absurda, más inútil y más dolorosa que la anterior.
¿Qué es lo que te falta? ¿Qué andas buscando sin parar?

No volverás a verme. Quizás era eso lo que querías. Quizás era el punto al que debíamos llegar. Yo sólo quería sentir paz dentro. Sólo quería que tus brazos me sacaran del infierno de ser siempre yo misma y otra. He buscado la paz en la incertidumbre de tu voz al otro lado del teléfono, la claridad en tus manos que tiemblan como las hojas en otoño, la vida en la muerte que son tus pestañas, la verdad en esos once minutos en los que te liberas de la pesadumbre de una vida de soledad.
Te presté mi cuerpo como lugar donde morirse siempre que las cosas fueran mal. Mi voz como apoyo en esas tormentosas tardes de resaca en las que solo quieres que alguien te abrace. Te di mi corazón gastado, usado y malherido para que lo curaras y me lo has devuelto muerto. Has matado los últimos retales de esperanza que quedaban en él, y ahora sólo eres para mí, ese lugar donde todos los sueños se mueren, antes de nacer, mucho antes de nacer.

Tu vida es un desastre. Detesto tu cobardía, tu falta de decisión, la manera ridícula en que justificas tu argumento para una vida completamente carente de sentido. Detesto el mohín de falsa pena que me dedicas cada vez que doy mi vida en el intento de salvarte. Me da asco tu punto muerto y la mentira que hay en esa ternura de la que presumes. Me dan asco tus manos buscando el roce de cualquier piel que le haga olvidarse por un segundo de si mismo, tu falta de poder de selección, que todo sea suficiente para tí, que te quieras tan poco y que transmitas esa falta de amor propio a quién te rodea. Odio que me mires como si me quisieras pero odio aún más que uses esas palabras en vano. Nadie hace daño a quién quiere. Jamás. Tu falta de empatía hace que el amor llore de pena y tu falta de amor al prójimo hace que yo me retuerza del dolor de pensar que una vez dejé mi vida en tus manos, para que la destruyeras, la escupieras y la pasearas por todas tus tragedias.

Te odio. Te odio tanto que me das pena. Nadie había generado tanto odio en mi ser. Hágase tu voluntad. Morirás solo. Toda tu vida será una réplica barata de la de un humano común. Sálvame. Muérete. Vete lejos. Piérdete. Muérete. Apágalo. Llévate la fe, las ganas, los últimos retales del incendio. Llévate mi vida, mis ganas de existir, todos mis motivos y el esfuerzo que hice por salvarnos. Te perdono, ¿serás capaz de perdonarte a tí?. Espero que no. Espero que jamás puedas perdonarte, majestad.

Tu vida es una completa mentira. Ellas jamás serán yo. Tú jamás serás él. No volveré a apiadarme de ti. Nadie te conocerá. Nadie te comprenderá. Te morirás solo. Te mereces lo que tienes. Has perdido. Y yo he vuelto a ganar, perdiéndo(te).


Quédate en tus infiernos y no salgas jamás.
Hágase tu voluntad.










lunes, 21 de septiembre de 2015

Adiós.

A veces uno necesita mirar atrás para comprender en que punto de su vida las cosas empezaron a ir tan mal. En que hora, en que amanecer y en que puto momento, el corazón decidió empezar a latir tan lejos de la paz. Pero nadie escucha lo que digo. La soledad me oprime y ahora sé que la única verdad que he rozado es aquella de que ahora ya no confiaré nunca más en nadie. Yo también he fingido ser feliz para tratar de engañar a la tristeza que me oprime en el pecho, impidiéndome respirar, enseñándome que la muerte siempre acecha, como el cansancio los lunes por la mañana, como quién se va, queriendo con toda su alma, como quién espera sin ninguna esperanza.

Ojalá pudiera volver atrás. Al final, todos queremos volver atrás y jamás lo conseguiremos. El mundo espera que aguantes. Nadie comprenderá jamás tus "no puedo más". Sólo serán palabras para los demás. Y tú mientras tanto, te acuestas todas las noches sumergida en un mar de lágrimas, lágrimas que saben a mar, como tú. Y creerás que no podrás dejar de llorar, pero acabas durmiéndote, ahogando tus lágrimas contra la almohada. Porque hasta eso se acaba. Incluso el llorar es efímero. Todo lo es. Tú también. Y yo.

Algunas noches quizás tengas la suerte de dormirte entre "si pudiera", quizás esas noches la esperanza gane terreno y tú aún puedas creer por unos segundos que todo esto se puede encarrilar. Serán días felices, en los que la espera será más fácil, en los que el tiempo se te marcha entre sonrisas por ese "algún día" que quizás llegue algún día. ¿Quién no ha sobrevivido simplemente de la esperanza de poder vivir algún día? Quizás mañana sea mejor. Y así, todos los días.

La primera entrada de este blog terminó con un "ahora que no confiaré ya nunca más en nadie" y hoy, muchos lustros después, después de haber intentado con todas mis fuerzas volver a agarrarme a un brazo firme y sereno, para dejar de caerme, solo pienso en esa frase tan devastadora, y en otra, que quizás lo sea más:


"¿Qué me has hecho? Me quitaste la vida. Solo pienso en la muerte."


Por eso, aunque me muero de ganas de pedirte que por favor te quedes, que me ovilles en tus brazos porque muero del cansancio, que me quieras solo un día más, que me dés un motivo para creer.... Aunque me muero de ganas de decirte que por favor nunca me abandones, te digo adiós.

"Adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti."





Ahora. Ahora que no confiaré ya nunca más en nadie.





jueves, 10 de septiembre de 2015

(Des)esperar

Yo, que tanto detesto esperar, no recuerdo haber hecho otra cosa a lo largo de mi vida. Quizás lo que rechazas, te busca. De lo que huyes, te encuentra. Quizás es que estoy neuronalmente programada para una existencia en standby. Sea como fuere, es demasiado ya. Me siento caducar.

Cuando uno espera los días parecen años y los momentos del presente no valen nada al lado de todo eso que crees que vendrá...y nunca llega. Jamás llegará, porque lo que buscas, huye y quién espera desespera.

Hay tantas cosas que me hubiera gustado vivir a tu lado... Tantos momentos soñados y resoñados que jamás tendrán lugar, y yo, me culpo por no tener el suficiente valor de mandar todo a la mierda y (re)empezar, lejos de tus ojos. Tus ojos. Joder, tus ojos. El único puto motivo. Yo me culpo de no tener el suficiente valor de mandar todo a la mierda y (re)empezar lejos de mi único puto motivo.
A veces, desfallezco. Imagino que siempre has sospechado que a veces yo ya no puedo más. Mis miedos crecen por encima de mis sueños y ya no recuerdo como se hacía eso de ser valiente. Benedetti decía que "los débiles, de veras, nunca se rinden". Y joder, empieza a abrumarme mi fragilidad. Detesto la debilidad que me provoca tu presencia y la desidia que me invade con tu falta de presencia. Te quiero, joder. Puede que siempre haya sido demasiado pronto (quizás demasiado tarde) para decirlo. Pero, te quiero. Y es bonito y está bien. No hagas que sienta que es una mala decisión. ¿Decisión?. Siento mi falta de potestad en mis decisiones. Lo siento mucho todo y no es una disculpa. Soy un títere sin cabeza rondando alrededor de tus ojos de gato, tan verdes, que mi esperanza es incapaz de morir. Tan verdes que son la misma esperanza. Tus ojos verdes en los que sólo quiero quedarme a vivir. Es tan simple como eso. Sólo quiero quedarme a vivir en tus ojos. No sé a donde ir. Pero sé donde quiero quedarme. Son tus ojos los más bellos del mundo, pero no por lo que muestran, sino por todo lo que esconden.

Es que tú no has visto lo tristes que serán los días cuando ya no estés junto a mí. Tú no has pensado en el infinito poder de la distancia y en un futuro en el que mis labios están sellados y no hay palabras. Y ahora que me he quedado sin nada que decirte, veo tu carita triste, y pienso si tendré la fuerza, el valor, la frialdad...de darle la espalda y quedarme quieta mientras te dejo marchar. Te permito marcharte. Te permito dejar para mañana todas tus alegrías.

No tengo nada que contarte cuando te escucho y siento como pones un millón de quilómetros de hielo entre nosotros. Me estoy muriendo de frío, mi amor. Me estás matando de frío.

Esperanza y espera son dos palabras demasiado similares para que yo haya logrado separarlas.
Tú y yo somos demasiado parecidos para que yo haya logrado separarnos.








¿Y que más me da si te vuelvo a ver?

Si encuentro quién me abrace no dejaré que escape.